Repensando el papel del líder

¿Qué es ser un buen líder? qué pregunta más mal formulada: vuelvo a empezar.
¿Qué es ser un líder? Charlottesville volvió hace unos días a mostrar -para confirmar- una tendencia que supone un cambio de paradigma en la esfera empresarial. Los CEOs que criticaron públicamente la que entendieron una postura tibia del Presidente estadounidense y renunciaron a sus puestos en foros empresariales supuso un cambio de rol al que estamos acostumbrados. Hemos visto algún precedente, pero nunca un posicionamiento público tan amplio de empresarios. Porque estos se deben centrar en el desarrollo de su actividad, ¿no?
Cualquier persona sabe entender la importancia de que la discreción política sea -haya sido- la tónica dominante de cualquiera de estos directivos. Es mucha la responsabilidad en sus manos para entorpecer la actividad de su empresa con sus opiniones personales. O así se creía. Por eso aquel primer posicionamiento del CEO de Merck vino para confirmar que las empresas están entrando en un terreno que hasta el momento no habían explorado:

Que Obama haga lo propio en Twitter es normal y casi obligado como figura política, pero que lo haga -el primero, y por tanto sin el cómodo respaldo de otros- Kenneth Frazier, CEO de una de las mayores farmacéuticas del mundo, es ser un líder. Un líder que, entendiendo su responsabilidad también moral, decide tomar una decisión arriesgada pero con la que está siendo coherente consigo mismo. Y como toda decisión coherente ha conseguido seguidores: liderar un movimiento empresarial que no ha hecho más que empezar. El de entender que las empresas también tienen voz en los retos sociales. Al sumarse, algunos empresarios habrán tomado, como la suya, decisiones genuinas. Otros, seguro, algo oportunistas (lo de subirse al carro es tentador, sobre todo cuando ya has comprobado el respaldo social obtenido por tu precursor).
Gracias a las redes sociales supimos que los directivos de grandes empresas hacen running. Pero a la transparecia impuesta al entorno empresarial (tan beneficiosa para todo el mundo) se le ha unido la necesidad de una integridad que trascienda las palabras: la opinión pública quiere hechos. Hechos que demuestren que las entidades están dirigidas por personas íntegras y honestas, con principios e ideales que defienden asumiendo riesgos. Es un fenómeno al que apunta la socióloga Belén Barreiro en su libro ‘La sociedad que seremos’ (lectura obligada para entender los retos que afrontan las corporaciones en una sociedad poscrisis y a la vez digital). Según detectó su estudio Mikroscopia en 2015, 1 de cada 4 personas sentía rechazo por las grandes corporaciones. Un 25% de la sociedad está demandando un mayor compromiso social a las empresas. Casi nada.
La Responsabilidad Social Corporativa ha dejado de ser una herramienta para mostrar la cara amable de una empresa a través de donaciones y plantaciones de árboles. El componente moral debe formar parte del ADN de una compañía si quiere conseguir ser querida por sus diferentes públicos (Facebook ha conseguido que utilicemos su patrón para medirlo todo, qué le vamos a hacer). Las empresas han dejado de entender que su impacto en la sociedad es -puede ser- sólo económico. Me parece todo un reto que miro en positivo. La adhesión a causas que mejoren la sociedad ya no será territorio exclusivo de la sociedad civil. Bienvenida sea la voz moral de las compañías. Bienvenidos los líderes que quieran serlo.
