Storydoing. De las palabras a los hechos...

Para muchos autores es la evolución natural del storytelling, para otros es pasar de las palabras a la acción, del decir al hacer, del contar al vivir.
Actualmente los consumidores están saturados de historias y muchos de ellos quieren ser los protagonistas e interactuar con ellas, no solo ser espectadores pasivos. Quieren comprobar por si mismos si estas historias son auténticas y si lo que evocan, prometen... se cumple en la realidad.

A través del Storydoing, las empresas pueden transmitir su misión, visión, objetivos y acciones mediante la experiencia que provocan sus productos o servicios en los clientes, crean una historia en el mundo real que pone de manifiesto que la marca hace lo que dice.

Al involucrar personalmente en la historia a los usuarios se consigue que estos se identifiquen más con la marca y compartan más el contenido, ya que ellos son los protagonistas. De esta manera, acaban convirtiéndose en embajadores de la marca, ya no solo importa identificarte con los valores que narran, sino que consiste en vivir por ti mismo esos valores.

El Storydoing es, en resumen, una manera de darle un significado más profundo a una historia permitiendo que esta sea contada por la gente, que sea alimentada por ella, que convierta una historia simple en una verdadera leyenda que la gente quiera contar y formar parte.

Hay numerosos ejemplos muy interesantes de marcas que ya lo han aplicado: Bic, Redbull, Apple... A continuación, comparto uno de una marca menos conocida (al menos para mí), pero muy original:

Tramontina es una marca de utensilios de cocina. Su ejemplo de Storydoing va de barbacoas, con el objetivo de promocionar los utensilios que la marca tiene para este propósito y llegar a aquellas personas que entienden que el hacer una barbacoa es casi como un ritual. Para ello inventaron ‘La Biblia de la Barbacoa’. Un libro, en el que por capítulos una página hecha de carbón, una hoja de papel más ligero y una página para ayudar a avivar las llamas. Después viene el capítulo del delantal, el papel de aluminio, una hoja de papel de sal para sazonar e incluso una página para afilar cuchillos sucesivamente. ¿Y las tapas? tablas para cortar.

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