A mi ángel

Gracias por salvarme y darme una segunda oportunidad. Estuviste en el momento y el lugar. De hecho, creo que hacía días que ya rondabas por allí…

Gracias por ayudarme a no irme tan pronto. Creo que mi gente te lo agradeció mucho. Mami me contó que los primeros cirujanos que salieron del quirófano comentaron que: “lo de esta chica ha estado un auténtico milagro

Quizás rondas por aquí muy a menudo, pero yo no sé quién eres. Tampoco sé dónde estás ahora, ni que forma tienes, ni tu sexo, ni si eres de algún color… Menos aún si vas a tener que regresar a por mí de nuevo, algún día, o esta vez voy a ser yo el ángel.

Tal vez, sí que te conozca, puede que formes parte de mi círculo o que te conociera hace tiempo y ya no estés aquí, entre nosotros.

Pero sé que existes o exististe.

Solo quiero que sepas que todo mi ser, desde toda y su máxima conciencia, te agradecerá siempre “la mano” que me prestase. No dudes que, si un día me toca ser ángel, no cesaré ni un solo momento en dar la mano, las manos, las dos. Es más: Utilizaré mis alas para poder ver con más perspectiva al mundo, y volar con más rapidez hasta aquel que necesite mi abrazo, un beso o, sin duda, mi mano, o las dos.

Gracias, quiero que sepas que sigo andando hacía delante, “creciendo” y fluyendo. Como el río, a veces me estanco (muchas, de hecho), pero pronto siento un empujón de energía y me expando, con más o menos fuerza, pero me ensancho un poco más.

Y un poco más, y un día más, el río sigue vivo en agua.

Foto de ZBS