El arte de flotar en el agua

Debajo del agua no se percibe el tumulto de la ciudad. Debajo del agua se oyen cosas… pero son más plácidas y alentadoras que algunas que se escuchan fuera de ella. El agua tiene su propio ritmo y movimiento, y con éste se origina un lenguaje musical. A mi me pirra hundirme en el agua y dejarme llevar.

Una vez me sumerjo, me esfuerzo por hundirme más y más… con ímpetu. Cuanto más hondo llegue más tiempo podré gozar de este micro mundo maravilloso, de este baile maravilloso entre el agua y yo.

Cuando me sumerjo me siento extrañamente poderosa: esos movimientos sensuales resultado de la conexión del agua conmigo no son bastos ni rudos como los que hacemos al andar, son suaves y sincronizados. Amorosos.

Bajo del agua parece que no hay dolor, no existe la pesadez y el mundo se aligera creando bellísimas siluetas. No importa la edad ni la forma física todas son lindas bajo el agua, como la de Ariel la sirenita. Yo siempre quise ser una sirena, y si se me permite todavía imagino serlo… Y que así mi amigo el crustáceo me cante: “bajo el mar, bajo el mar…te quedarás y sin problemas entre burbujas vivirás.

De pequeña me decían que era como un pez, que siempre estaba en el agua. Me sentí “como en casa” cuando B. un día, hará unos 6 años, comentó a las demás chicas: “la Maria és com un peixitu!” (o algo similar). ¡Qué bueno! pensé, pasan los años pero no perdí la identidad, y espero no perderla…

Mantenerse sumergida sin casi moverme, con ligeros y estudiados aleteos me da un “poder” especial: el poder del arte de flotar en el agua.

Foto de Clàudia Serrahima Urgell coca de sucre” (@claudiaserrahima )

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