Cada vez más mujeres participan de “Hackatones” y de los “Media camp”, jornadas con talleres de computación donde diseñadoras y programadoras crean prototipos que dan forma a un software. Su idioma incluye ceros y unos, dos cifras propias del lenguaje binario, aquel que se usa tanto para la representación de textos como para procesos de cómputo. Se declaran amantes de la tecnología y prefieren no renegar de ser señaladas como “geeks” o nerds de la informática. Lo que les preocupa es que solo el 10% de ellas lideran los emprendimientos tecnológicos en la Argentina. Las barreras culturales, el acceso al capital y las representaciones sociales son algunos de los limitantes para obtener la membresía de este campo profesional.

Campamento de Media Chicas 2017

“Noche de Apps”, tuitea Belén Alegre, ingeniera electrónica de 35 años. Pasar días programando es una de sus actividades favoritas además de ofrecer capacitaciones a empresas sobre desarrollo web o sistemas informáticos como android. “No se trata de una secta que es solo de hombres. Trabajar en las plataformas web y la lógica no es tan complicado”, explica Alegre. Sin embargo entiende que sería ideal que te evalúen con los ojos cerrados sin prejuicios o estereotipos.

Ser parte de ese club parece ser un desafío en el que las mujeres aún no logran superar los obstáculos. Un grupo minúsculo de ellas logra ingresar y otras intentan destacarse o al menos adaptarse en un terreno de mayoría masculina. También hay quienes directamente descartan carreras técnicas como trampolín hacia una posible salida laboral, ya sea en posiciones de liderazgo en empresas como en proyectos de emprendedorismo, donde las brechas de género en el sector están presentes.

Las promotoras de la inclusión femenina en la industria informática

Gabriela Oliván (Accenture) y Celeste Medina (Ada IT)
Carolina Hadad (Chicas en Tecnología) Florencia Sabatini (Google Argentina)

“Desde chicas, las mujeres tenemos menos incentivos a desarrollar capacidades lógico matemáticas a través de juegos”, asegura Celeste Medina, CEO de Ada IT empresa de desarrollo y testing de software, enfocada en la inserción laboral femenina. La emprendedora afirma que existen diferentes factores que contribuyen a la escasa participación de mujeres en proyectos tecnológicos. “Principalmente está el sociológico. Las actividades más técnicas son reservadas a los hombres de la casa. Eso va delimitando un espectro donde las nenas pueden verse limitadas”, indica Medina.

Mabel Burin, psicóloga y directora del Programa de Género y Subjetividad de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES) indica que las mujeres poseen un “techo de cristal”, que grafica una sub-representación en los puestos elevados de las organizaciones laborales. “El desaliento ante los esfuerzos está siempre presente, como telón de fondo, para que muy a menudo no puedan sostener sus proyectos y los abandonen”, dice Burin.

“Culturalmente es muy fuerte la delimitación social. La mujer sigue ligada a las experiencias tradicionales: carreras o disciplinas relacionadas al cuidado y la protección”, explica Inés Arribillaga, representante de la Organización Argentina de Mujeres Emprendedoras quien reconoce que las mujeres en situación de crisis salen a hacer lo que mejor saben.

Para Burin existen muchas organizaciones trabajando en el tema y de a poco se van rompiendo los límites culturales. Pero para Medina la Argentina está a medio camino. “Creo que faltan muchas acciones concretas. El Ministerio de Producción de Nación está trabajando en esa línea con el Centro de Desarrollo Económico de la Mujer y el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires tiene su academia enfocada en mujeres. Sin embargo, los actores claves del sistema que pueden ayudar a buscar apoyo real como financiamiento, aún se manejan con prejuicios y estereotipos que limitan las oportunidades de las mujeres”, concluye la Medina.

“En Argentina me han dicho una cantidad de barbaridades, me hicieron todas las preguntas que no me hicieron en España”, dice Lourdes Rivas, responsable de GearTranslation, un emprendimiento tecnológico dedicado a la traducción. “Se comenta mucho que si no sabes no vas a aprender”, expone Rivas que comenzó con su proyecto en la Argentina, luego se extendió a España y en el corto plazo pretende replicar sus oficinas a Reino Unido y Alemania.

Emprendimiento de Lourdes Rivas

La emprendedora asegura que no se fue del país porque era un obstáculo para el desarrollo GearTranslation. “Si el proyecto es bueno y a la gente le interesa te van a apoyar para mejorarlo” y reconoce que se “rema” en todos lados y en todas las áreas, pero comparando entre los países donde trabajó destaca: “En España me dieron financiamiento y no me preguntaron si tenía hijos o qué edad tenía. Al contrario, miran el proyecto, te miran a vos y que queres hacer con él y si les parece coherente funciona”.

Celeste Medina seleccionada para inaugurar el discurso de Barack Obama el año pasado en la Usina del Arte

Emprendedoras tech

Con el auge de las startup o negocios emergentes, mujeres y hombres deciden emprender por razones muy similares. Sin embargo, existen motivos exclusivos de género que demuestran una participación y acceso dispar en el mundo del trabajo. Según estudios recientes del Observatorio de Emprendedores de la Ciudad de Buenos Aires, de 1292 emprendedores consultados, el 40% desarrolla proyectos tecnológicos, de los cuales el 30% lo lideran varones y sólo 10% mujeres. Los datos revelan una gran diferencia entre géneros fundamentalmente en el sector de las tecnologías, informática y comunicación.

“Una cosa es ser mujer en tecnología que trabaja para otros y algo más difícil es ser mujer emprendedora”, expresa Medina.

Según el informe 2015 del Banco Interamericano para el Desarrollo, la participación femenina en programas de crédito formales se ha visto limitada ante todo por barreras jurídicas, procedimientos de aplicación engorrosos y costos de oportunidad.

Para muchas mujeres poner en marcha alguna iniciativa en el área es muy parecido a una carrera de obstáculos. Gema Sacristán, directora general de Negocios de la Corporación Interamericana de Inversiones (del Grupo BID), entiende que la mujer tiene mayor aversión al riesgo que el hombre, con lo cual suele desprenderse de su empresa antes que decidirse a pedir prestado para una expansión. “Hay muchas microempresarias en la región de América latina, pero a medida que las actividades van creciendo las mujeres van desapareciendo y a las empresas las toman hombres”, explicó en su última visita a la Argentina.

Julieta Rivas desde las oficinas de Wayra en donde desarrolla Viaedu

Pese a las dificultades económicas, una alternativa que ha ganado notoriedad en el sector emprendedor es desarrollar proyectos sin pedir a los bancos un crédito formal. Tal es el caso de Julieta Beistegui que se lanzó con Viaedu. Se trata de un emprendimiento que apunta a la orientación vocacional para jóvenes disponible en una plataforma web. Hace un año que su propuesta está siendo acelerada por Wayra, una empresa de Telefónica que acompaña a las compañías startup durante un periodo en el que reciben financiación, un espacio de oficina y mentoría. A cambio, la aceleradora queda como accionista sobre el 7–10% de la empresa participando como socios estratégicos.

“Aposté por Viaedu porque tengo el soporte económico de mi familia, y porque está financiado con dinero ajeno. De lo contrario no te podrías jugar a perderlo todo”, explica Beistegui.

Después de trabajar años en empresas privadas, dejar atrás la estabilidad de un sueldo fijo por un proyecto que el día de mañana puede caerse a pedazos es uno de los mayores temores para las emprendedoras. No todas se embarcan en el desafío de tomar deuda y que el proyecto finalmente no funcione.

La promoción del talento tecnológico en la Argentina a través de aceleradoras está activo, sin embargo otra vez las mujeres también son minoría. Aldana Aon, coordinadora de Wayra Argentina indica que la aceleradora a 5 años de su arribo en el país ya invirtió en 50 empresas de las cuales solo 4 fueron fundadas por mujeres. “Es un número muy bajo. Nuestro objetivo es tener una mayor llegada para que apliquen a nuestro proceso. Los emprendedores señalan que quieren incorporar a más mujeres pero es difícil que se postulen”, dijo Aon. En Nxtp.lab ocurre algo similar. “Solo el 25% de 180 empresas aceleradas pertenecen a mujeres”, comenta Nora Palladino, manager de marketing regional de la aceleradora.

El proyecto de Beistegui aún está en periodo de prueba, lo que significa que aún no salió al mercado. Junto a su hermano Ignacio, ingeniero industrial, apuntan a que en pocos meses el test vocacional desarrollado a través de un algoritmo tenga su correlato en la web y esté disponible para todos aquellos alumnos que no saben aún qué y dónde estudiar su carrera universitaria. Para los hermanos Beistegui el año 2016 ha sido de mucho trabajo e incertidumbre. Ya que dedican tiempo completo a la actividad y aún no reciben un salario por ello. “Con los tiempos de oficina, siendo mamá haces malabares pero en el mundo emprendedor es todo muy frenético, si bien no tienes horarios fijos como cuando sos empleado, acá tampoco tenes los fin de semanas y sin la ayuda de mi familia sería imposible dedicarle el tiempo que le dedico a esto”, concluye Beistegui.

El sector público se muestra consciente de esta realidad. Sin embargo los desafíos son múltiples y el compromiso atañe a más de un actor. Santiago Sena, director general de emprendedores del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires afirma que el mundo de la tecnología está liderado por hombres pero es en la tecnología donde reside la inversión y el problema es que las mujeres no están llegando a esos espacios. “El grueso del financiamiento está concentrado en tecnología. Nuestra dirección no otorga dinero directamente a los emprendedores sino que los capacita para que sepan donde hay que ir a buscar y mostrar cómo tocarle la puerta a los inversores”, explica Sena.

En el plano nacional, Helena Estrada, asesora del Centro de Desarrollo Económico de la Mujer (CEDEM) del Ministerio de Producción de la Nación, expone que el objetivo es generar un campo de investigación orientado a fomentar la inserción de la mujer en el ámbito económico de los mercados locales. “Trabajamos sobre tres ejes: concientización sobre la brecha salarial, fortalecimiento de redes para dar marco a las organizaciones de inclusión de mujeres y financiamiento. Según Estrada se necesitan alcanzar datos desagregados del sistema financiero para evaluar el comportamiento crediticio de varones y mujeres.

Los programas de la Secretaría de Emprendedores son genéricos. Entre los más destacados está el Fondo Semilla que promueve emprendimientos a través de asistencia financiera y técnica y del lado de la capacitación el Plan 111mil que busca formar en los próximos 4 años 100.000 programadores. Todas las líneas de acción apuntan a ambos sexos y “el apoyo que se da no pretende ser diferencial y está bien que así sea”, explica Estrada.

El miedo al fracaso es un fantasma que sobrevuela y muchas veces le juega una mala pasada a las emprendedoras. Pero esto también se ve acompañado de dificultades reales como la de Belén Alegre para obtener financiación. “Hace unos años lancé un proyecto de capacitación en tecnología y por cuestiones administrativas el Fondo Fiduciario de Promoción de la Industria del Software y de capital semilla se cayeron”, explica Alegre. También reconoce que los inversores ángeles -personas que proveen capital para una start-up a cambio de participación accionaria- son una buena alternativa, “pero los cambios que le hacen a tu proyecto puede tener discrepancias con la idea inicial. En nuestro caso tampoco sirvió porque queríamos un proyecto que llegue a algunas minorías y eso no era compatible desde un enfoque comercial”, argumenta Alegre.

Programa 111mil del Ministerio de Producción de la Nación

La formación superior técnica, otro dominio masculino

La baja presencia de mujeres en el estudio de las carreras vinculadas a la informática y computación es un fenómeno que comienza en los años 90. Si bien en la actualidad, la mayoría de alumnos son varones, las mujeres encabezaron las listas de estudiantes durante 30 años y a partir de 1990 se tornó un estudio preferentemente masculino.

Cronología de la disminución en la participación de mujeres en carreras técnicas de la UBA (Fundación Sadosky)

La carrera de computador científico de la Universidad de Buenos Aires, al ser la primera del país, permite comparar datos desde 1962. Santiago Ceria, director adjunto del departamento de computación de la UBA, señala que se realizaron avances en la promoción de la carrera pero aún quedan aspectos a mejorar. “Un fenómeno que también se da en varios países pero es particularmente notable en nuestra carrera es la declinación en el porcentaje de mujeres que la eligen. Así fue como pasamos de tener un 70% de mujeres egresadas en la década del 60 a menos del 10% en la actualidad”, expresa Ceria. Para estar a la altura de los desafíos de la computación, el departamento se propone aumentar la cantidad de alumnos en general y la representación femenina en particular.

“Así fue como pasamos de tener un 70% de mujeres egresadas en la década del 60 a menos del 10% en la actualidad”, expresa Ceria.
Santiago Ceria, speaker en TEDx Río de la Plata 2015

Entre las universidades privadas del país este fenómeno también tiene sus réplicas. Juan Vidaguren, director de la licenciatura en administración y sistemas del Instituto Tecnológico de Buenos Aires señala que en dicha carrera -con foco hacia el gerenciamiento- que se dicta desde el año 2004, se graduaron 10 promociones en las que sólo un tercio de los egresados son mujeres y esa cifra se mantuvo muy pareja todos los años.

“En esta casa de estudios el bajo porcentaje de mujeres no han sido una gran alerta al ser una universidad que históricamente tuvo mayoría de estudiantes varones”, argumenta el director.

Con respecto a la ingeniería informática, la brecha es aún mayor. Según sus registros actuales de 299 alumnos, 254 son varones y sólo 45 son mujeres. “Se pierden en el camino, tenemos aproximadamente 30% de estudiantes mujeres al inicio y terminan mucho menos”, concluye Vidaguren. El plantel docente de estas carreras también está conformado por una mayoría masculina. En la licenciatura en administración y sistemas son 61 profesores, de los cuales 12 son mujeres y en ingeniería informática de 73 docentes 18 son mujeres.

Esta tendencia podría revertirse según expertos en tecnología dentro del ámbito académico. Diego Pasjalidis, director de la licenciatura en ingeniería industrial de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) dijo en el “Foro de tecnología y ciencia empoderado por mujeres”, un espacio auspiciado por la universidad, que en esa casa de estudios el 30% de las alumnas graduadas de la carrera en informática son mujeres y que las únicas barreras que quedan son de tipo cultural.

Las oradoras del Foro en el cierre de la jornada en el auditorio de UADE

Sin embargo, en un estudio reciente de la Fundación Sadosky, una institución público privada que busca favorecer la articulación entre el sistema científico-tecnológico y la estructura productiva de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), las mujeres representan tan sólo un 18% de los estudiantes de informática y los datos concluyen que: “Las representaciones que alejan a las mujeres de la informática se hallan en buena medida ya estabilizadas en la adolescencia tanto entre los varones como entre las mujeres”.

Carina Onorato hablando sobre mujeres y tecnología

Medina comenta que, en general, las mayoría de las mujeres que estudian carreras tecnológicas es porque tuvieron un referente cercano que hacía algo técnico. “Una madre que arreglaba todo en la casa o mi mamá que era programadora. De lo contrario, si no somos expuestas de jóvenes a modelos de referencia difícilmente podemos considerar la tecnología como una opción de carrera, concluye Medina.

En conmemoración al día internacional de la mujer, el gerente general de Google para Centroamérica y el Caribe, el italiano Giovanni Stella, hizo un llamado: “El empoderamiento de la mujer hace una sociedad más inclusiva e innovadora. Debe quitarse el miedo de las mujeres a meterse en carreras tecnológicas porque tal vez crecen con la idea de que no son carreras para ellas”, declaró Stella durante una visita a Costa Rica.

Para el representante del gigante tecnológico uno de los problemas de las mujeres en la región latinoamericana, y en el mundo en general, es su baja participación en carreras tecnológicas y en los empleos de esa industria. “Menos del 25% de los trabajos en el sector tecnológico son de mujeres. En Latinoamérica, solo el 6% de los desarrolladores web son mujeres, lo que es muy bajo si se considera que para el 2025 se estima que se necesitarán 1,25 millones de nuevos desarrolladores”, explicó Stella. Datos presentados por Google indican que las profesiones en tecnologías informáticas representan el 38% de la demanda total de habilidades en Latinoamérica.

Según la Fundación Sadosky, en el plano local la industria tecnológica cuadruplicó su número de empleados en los últimos diez años. Pero este crecimiento no ha sido acompañado por el interés de los jóvenes por estudiar o trabajar en informática, convirtiéndose en un cuello de botella para el desarrollo del sector. En informes recientes los aproximadamente 3500–4000 graduados anuales no logran suplir una demanda que casi los duplica.

Carolina Hadad, fundadora de Girls in Tech Argentina, una organización que fomenta la diversidad en el ambiente tecnológico, explica que no tuvo referentes que impulsaron su decisión de estudiar sistemas. Su madre es diseñadora gráfica y su padre ingeniero industrial. Sin embargo ellos no influyeron en su decisión final. “A mi siempre me gusto la lógica y las matemáticas. En quinto año estaba en blanco y no sabia que estudiar, solo sabía que quería asistir a ir a la Universidad de Buenos Aires. Por eso hice un test de orientación vocacional y así me encontré con las ciencias de computación”, confiesa la programadora de 27 años. Hadad fue invitada a participar del Foro Económico Mundial en Davos en 2016 y recuerda que cuando empezó la facultad era la única mujer. Sin embargo recalca que “es increible como te van a buscar desde diferentes empresas desde primer año de la carrera para trabajar”.

En la Argentina, la Cámara de Software indica que los desarrolladores y los analistas funcionales son los dos perfiles más demandados por las empresas, y también difíciles de cubrir ya que su oferta también es reducida.

Los puestos de liderazgo en la industria tecnológica, una asignatura pendiente

La escasa presencia de mujeres en las aulas de informática también se refleja en empresas. Ya sea por el escaso porcentaje de mujeres que se presentan en los procesos de reclutamiento como así también por las barreras para saltar de puestos medios hacia posiciones gerenciales.

Lisa Lambert, fundadora de la ONG internacional Upward Women, organización internacional de mujeres de empresa, explica que no se observa “un crecimiento exponencial” en el número de mujeres con puestos en empresas, sino que, por el contrario, “está estancado o hasta empeorando, según la industria y la ubicación”. “Sólo el 9% de las empresas en Argentina cuentan con mujeres en altos puestos directivos. Lo único que vemos en las fotos son trajes grises”, aseguró Lambert en su visita a la Argentina.

Para María Laura Palacios, fundadora del “Club chicas Programadoras”, un grupo que enseña a programar y transmitir el entusiasmo por la informática a chicas, coincide que hay pocas mujeres en ámbitos gerenciales. Sin embargo no considera que las puertas de la tecnología están cerradas para las mujeres. “Nosotras nos tenemos que empoderar, tiene que haber más interés de la mujer para determinadas tareas, y si no hay no es porque no nos den el espacio, es porque culturalmente no se fomenta. Un padre se pone contento cuando su hija se casa con un buen candidato y no necesariamente si su hija es económicamente independiente”, dice Palacios.

Dentro del sector tecnológico, aquellas que se desempeñan en la gerencia empresarial señalan que “muchas veces las mujeres tienden a ser masculinas o delegaron la vida familiar para llegar a niveles altos de una compañía”, recalca Gabriela Oliván, directora de comunicación de latinoamérica de Accenture, empresa global de consultoría y servicios de tecnología. Para Oliván se necesitan recorrer tres caminos en simultáneo: la decisión de la mujer de ampliar el espectro de espacios laborales, las compañías de incluirlas y la generación de políticas que permitan cumplir con las obligaciones familiares.

“Contratar más mujeres y no establecer una estructura que acompañe es como jugar metegol con una cancha inclinada. O querer ser inclusivos e incorporar personas con discapacidad y no tener rampa de acceso”, comenta.

“Contratar más mujeres y no establecer una estructura que acompañe es como jugar metegol con una cancha inclinada. O querer ser inclusivos e incorporar personas con discapacidad y no tener rampa de acceso”, comenta.

Florencia Sabatini, la cabeza del equipo de comunicaciones y asuntos públicos de Google Argentina, asegura que la barrera para acceder a puestos de trabajo en compañías de tecnología es uno mismo. “Cuando me llamaron para competir en mi actual puesto me excluí porque había quedado embarazada. Google, por el contrario, me abrió las puertas, dijeron que me califican por capacidades y no por mi condición”, reconoce Sabatini.

En el ámbito empresarial, muy pocas mujeres alcanzan la cima corporativa en la industria tecnológica. Aquellas que lo lograron destacan que la mujer tiene que pasar mayores pruebas que el varón. Claudia Tejedor, actual gerente de sistemas del diario La Nacion, cree que siempre hay que demostrar mucho más y el nivel de exigencia es mayor.

“Cuando me enfrentaba a situaciones complicadas trataba de enfrentarlas pensando en como lo haría un hombre. Nosotras tenemos la fama de que somos más sensibles y eso incomoda. Pero trataba de pensar lo más masculino posible para tener acercamiento o más reconocimiento y eso me dio beneficios para ganarme un lugar en una mesa exigente”.

Con 35 empleados a su cargo, el departamento de sistemas del diario cuenta solo con 10 mujeres, quienes se desempeñan en mayor medida en áreas de diseño. Mientras que en los sectores de infraestructura en donde se trabaja directamente con los servidores, las máquinas y el software la composición está copada de varones.

Belén Alegre, ingeniera y capacitadora en tecnología, asume que hay mucho de “la minita que hace diseño” asociado a una tarea blanda o menor valorada dentro del rubro y que es cierto que no está tan abierto a la mujer el acceso al desarrollo en los sectores de infraestructura.

La programadora transmite a través de la red social su capacitación sobre HTML

“Si no pedían exclusivamente a un varón en el puesto de trabajo me presentaba a entrevistas pero te decían que en el sector de maquinaria podes estar incómodo. No es una discriminación directa pero con las mismas capacidades terminan contratando a un varón porque se adaptaría mejor”, explica Alegre.

Este fenómeno se ve también en muchas otras empresas de tecnología. Tatiana Irene Slodkowski es ingeniera en informática y trabaja como programadora para Avature, una compañía de software. “Hay muchos más hombres que mujeres en el área de desarrollo. Sin embargo, en mi equipo en particular, somos 4 desarrolladoras mujeres en un grupo de 12 que considero que es un ratio superior al normal”, dice la joven programadora.

Una vez que la mujer forma parte de la empresa, luego “llegar al board es una carrera altamente competitiva”, asume Gloria Bonder, directora del área de género sociedad y políticas en FLACSO Argentina. La especialista también reconoce que existen ciertas prácticas o reglas de la cultura organizacional que pueden ser arma de doble filo para la mujer. “Aquella que opta por el home office, por ejemplo, en realidad queda como marginada de la toma de decisiones. Todo muy lindo con trabajar desde casa pero cuando llega la hora de las promociones hay que estar ahí y hasta que no cambie la cultura institucional de las empresas el home office puede ser más esclavizante que ir a la oficina”, explica Bonder.

Para Carolina Cueliche que trabaja en el sector de comunicación para IBM ese argumento no se aplica ya que “cada uno tiene un modelo de trabajo flexible y nos caracterizamos por ser empleados muy mobile. Connection o Zoom son algunos de los programas que se utilizan para estar conectados entre los compañeros de trabajo y nadie se pierda de nada”, señala Cueliche.

Hace más de 20 años que la escasa participación de mujeres en carreras de informática es un fenómeno que afecta al mercado laboral en general y a la oferta de profesionales en particular. Esto es como un cuello de botella para las empresas del sector ya que no logran cubrir una demanda que los supera. La tendencia de de aulas y pupitres vacíos de mujeres no favorece al crecimiento de una industria que necesita más de 3500–4000 graduados anuales, y es un problema en tanto las mujeres sigan siendo más de la mitad de la fuerza laboral.

No solo son muy pocas las mujeres alumnas, sino que los docentes y responsables de la dirección de los cursos universitarios también son mayoría masculina. Los factores que explican este fenómeno son múltiples, los especialistas en género creen que se trata de ciertos estereotipos que históricamente vinculan la carrera con una persona demasiado estudiosa y poco sociable. “Hay una representación del experto en informática como un nerd, asocial y una persona poco atractiva. Si bien fue cambiando, no se logra revertir la tendencia”, explica Gloria Bonder. Muchos profesionales también entienden que por lo general la currícula o perfil de egresados de las carreras en informática son aburridas. “Yo no soñaría algo como eso, en el que vivís entre equipos gigantes y donde las chicas consideran que esas carreras solo son para personas muy inteligentes”, indica Carolina Cueliche. La líder del equipo de comunicaciones y asuntos públicos de Google, Florencia Sabatini agrega: “Desde la formación secundaria los estudios ligados a la tecnología no son muy buenos y son escasos. Por ejemplo, tener física y matemática en los colegios no alcanza, todavía hay mucho para mejorar la oferta académica”.

Las empresas de base tecnológica en la Argentina por lo general contienen programas de inclusión y diversidad. Tanto Google, IBM, Microsoft y Facebook, por mencionar algunas, indican que su cultura empresarial tiene como prioridad achicar la brecha que separa mujeres y varones.

Los empleados se muestran orgullosos de los departamentos de diversidad y la cultura abierta de las empresas. “Espiritu One Microsoft”, le llaman al plan de inclusión de Microsoft. Así cada uno de los gigantes tecnológicos ha desarrollado en su sede central planes que contemplen la heterogeneidad de sus empleados.

Google en la Argentina ya alcanzó la paridad de género de su staff de empleados. IBM también sigue esa carrera pero sucede que en lo particular el área de sistemas o tecnología difícilmente lo pueda sostener. Con suerte un máximo de dos mujeres acceden a esos puestos de trabajo. Cuando Belén Alegre aplicó a un empleo en el área de infraestructura que contenía tareas en el sector de la maquinaria, en recursos humanos le sugirieron que podía sentirse incómoda.

Asegurar perfiles diversos y tener la representatividad necesaria en las empresas para muchos de los gerentes consultados no es una tarea fácil. En Microsoft el equipo de liderazgo posee aproximadamente un 40% de presencia femenina según Clara Bozzo, directora legal comercial de Microsoft y líder de diversidad e inclusión para Argentina y Uruguay. Se registran problemas en el reclutamiento y para alcanzar cimas corporativas. Psicólogos y expertos en género señalan quienes logran superar los obstáculos, lo hacen con el costo de postergar su vida familiar o se masculinizan para estar a la altura de mesas de trabajo exigentes.

Ser mujer en tecnología trabajando para una empresa es complicado en la mayoría de las situaciones, pero emprender en ese mundo es más que un desafío. El tiempo que se invierte, la escasez de financiamiento limita día a día a más mujeres a desarrollar un proyecto de base tecnológica. Existen apoyos a través de capacitaciones, algún tipo de financiamiento pero por lo general aquellas que se aventuran tienen la seguridad de una familia que les brinde soporte y saben que del del éxito de su proyecto no depende la subsistencia de la casa. Lo que habilita a un grupo muy reducido de mujeres a que se animen.

El sector privado y público se suman a la idea de que no apoyar a las mujeres sería dejar una porción muy importante de la fuerza de trabajo fuera del sistema. En la Argentina tanto para empleadas en compañías tecnológicas, emprendedoras e incluso para las docentes se está a medio camino. A pesar de los esfuerzos, en la Argentina sólo una mujer de cada tres varones trabaja en el sector de IT, según Paula Nahirñak, investigadora del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de la Fundación Mediterránea. Los estereotipos asociados a los hombres con las carreras técnicas, prejuicios personales y la dificultad para lograr un equilibrio entre la maternidad y la vida familiar no suelen ser compatibles para puestos de liderazgo como para emprender.

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