El carácter dominante
Esto pasó hace menos tiempo del que te hacen creer en otros cuentos para que sientas los hechos muy ajenos, lejanos a tu vida, una vida segura y monótona, o eso es lo que nos ha impuesto la sociedad.
Lo que se contará a continuación es real, es así, no pasa en películas ni en relatos inventados: y pasó muy cerca de tí.
Un perro, un chico y una mosca. Esos son los personajes principales, los protagonistas de la historia.
El perro estaba en medio de un circo intentando atrapar sin éxito una escurridiza mosca, de aquí para allá, de allá para acá sin lograr alcanzarla. Un chico, el dueño del escurridizo peludo, se acababa de levantar, iba a ser el mejor día de su vida, ya que mostraría su valiosa escultura por la cual trabajó 3 meses para terminarla y al fín presentarla ante una importante galería de arte, era importante ya que se presentarían los peces más gordos y era su oportunidad de darse a conocer y podría ser el inicio de su brillante carrera como escultor. Todo iba a ser perfecto.
Iba.
Es obvio lo que piensan: que el perro, en medio de sus intentos por atrapar al fastidioso insecto volador, echó abajo la escultura y estropeó la valiosa oportunidad de su amo. Que el chico no aguantó la frustración y echó al canino a la calle.
Qué mentes tan perversas y qué historia tan básica hubiera sido si terminara así. ¿Quién seguiría leyendo una historia en la cual ya todos se imaginan el final?
Ahora están pensando que se supone que es un factor sorpresa lo que debe haber a continuación, que el relato continúa con algo que nadie nunca se esperó, y ahora están impacientes por saber qué pasó con nuestro héroe peludo, con su mosca y con el destino profesional de su amo.
¿Se han puesto a pensar que puede que el chico logró ir a la galería a exponer su trabajo, pero la escultura en realidad no tiene potencial y el chico se queda con sus sueños rotos al regresar a casa y descubre que su perro está acostado en la sala de su casa, feliz de que atrapó su ahora deliciosa mosca? Suena como un lindo final para el amistoso animal, pero fatal para el humano, y ¡¿qué hay de la pobre mosca?! Catastrófico para ella y sus mosquitas bebé.
¿Y si se descubre luego que la mosca resultaba haberse parado anteriormente sobre veneno de rata lo que termina siendo mortal para el amistoso e inofensivo animal?
Pues, amigos, eso… no pasó.
Nada pasó.
Sólo están leyendo un relato que prometía ser interesante, o tener algún final fatal, feliz, imaginable, o sorpresivo ¿para qué? ¿entretenerlos? Pues, tal vez esta narración apesta, pero, si han leído hasta aquí es porque logró su cometido, entretenerlos, leer algo redactado por alguien más para tal vez… procrastinar.
Vayan a hacer lo que estaban haciendo antes de leer esto y dejen de espiar en la vida de un perro, una mosca y un chico que en realidad no existen.
Adiós perro, adiós mosca y adiós chico.
Aunque… Sí existieron, gracias a ustedes… En su mente, les dieron vida. Esa es la magia de los relatos y lo hermoso de leer. ¿Están de acuerdo? ¡Ya lo creo!
Nota: Si quieren saber el final… La mosca muere, el perro también muere más tarde, y el chico, ya no tan chico, muere lleno de canas y verrugas.
Después de todo, ese será el final de todos, incluso el tuyo y el mío.
Aprovecha este maravilloso milagro que llamamos vida y deja de procrastinar.