Reacciones de una niña al acoso callejero

Probablemente yo no he sido más acosada que el promedio de la mujer costarricense, inclusive no recuerdo haberle tomado mucha importancia a la situación hasta el día en que Xime me hizo la pregunta que no sabría responder.

Caminábamos hacia el lugar donde iban a pasar por nosotras para asistir a la boda. Íbamos arregladas, felices de ir bonitas. Ella tenía 6 años.

En el transcurso de los 300m que recorrimos, pasaron dos carros con algunos hombres que se dieron la libertad de gritar todos los improperios que se les ocurrió y para rematar, relacionarlos con mi condición de mamá. Al considerarlo algo común, para mí no fue un evento de mayor relevancia, hasta que Mime me hizo la pregunta : “Mami, ¿Por qué esos muchachos dicen esas cosas?”. Se imaginaran mi frustración y decepción al no poder darle una respuesta, yo, que con mucha ayuda de Google, me jacto de nunca dejarla sin respuesta. Y es que pensé y pensé y no pude darle una razón, una explicación. Encontré excusas, contextos y justificaciones pobres; mas no pude hallar palabras para explicarle a una niña de 6 años, por la cual yo soy responsable, por qué los hombres se sienten en derecho de hacernos sentir como objetos en “display” cada vez que caminamos.

Ese día entendí que es irresponsable de mi parte ignorar el acoso callejero y vivir con ello. Por mí y por Xime, sobretodo por ella, debía hacer todo lo que pudiera para cambiar la realidad en la que vivimos. Aunque ese todo sea poco, casi nada.

Lo más frustrante es que, hasta el día de hoy, aunque lo pienso a menudo, no tengo una respuesta para su pregunta.

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