Encontré un paraíso al borde del Río Paraná, Ayolas.

Un martes, un día común y corriente, ni mitad de semana, ni tampoco el comienzo, el popular día “Ne” de la semana que para empeorar, llovió todo pero todo el día. (Que novedad, lluvias en mis historias) Me hizo pensar que necesito un nuevo destino y uno más desafiante que el anterior.

Bob te amo.

Termino mi día laboral, llegó a casa y saludo a mi mamá ya con una cara muy parecida a esta:

Obviamente con eso bastó para que ella se de cuenta que yo estaba tramando algo.

Corrí a mi pieza, prendí la compu, entre a Staypy y así empezó esta nueva aventura.

Esta vez, nos vamos a conocer Ayolas señoras/es.

¡A un paraíso al borde del Río Paraná!

Jueves de noche, resistiendo todavía a mi post-cumpleaños me toco preparar nuevamente mi bolso. La víctima como acompañante para este viaje nuevamente fue Gabriel.

Lección aprendida del viaje anterior: menos ropa innecesaria, repelente, tereré, linterna y protector solar como los infaltables, ah y mi peluche.

Viernes de noche, a diferencia del viaje anterior, decidimos cenar antes de salir porque nos esperaban casi 5 horas de viaje y no 3.

¿Quién manejo? Eu, Girl power.

Esta vez decidimos probar un camino nuevo: Fuimos por Luque y permítanme decir que fue una decisión BRILLANTE porque evitamos el tráfico y el embotellamiento de la gente que estaba saliendo del trabajo.

Ya sobre la ruta 1 con la panza llena, veníamos hablando de la vida, del trabajo, de los premios que gane este año en publicidad y así…

Mmmm… ¡Bajate de la nube y volvé a la ruta Lauri! Bueno…, re-calculando…

Estábamos hablando de las situaciones en la que estarían las otras personas en ese mismo momento. Muchas de ellas estarían camino a reuniones, asados, llegando a alguna fiesta, tomando, o bien de camino a la cucha, en cambio nosotros íbamos ya por la tercera hora de manejo y sin darnos cuenta ya estábamos a mitad de camino.

La ruta estaba impecable, era la misma que usamos la última vez para ir a Colonia Independencia solo que esta vez todos los camiones decidieron dormir temprano porque no nos cruzamos con ninguno. El último tramo directo a la ciudad de Ayolas, era un tramo tan recto y perfecto que les juro que parecía un espejismo que no se terminaba nunca y súper señalizado.

Dato cheto: Esta es la oportunidad de usar ese botón que decora la camioneta y se hace llamar “Modo Crucero”

¡Activas y te vas!

Pero como yo no tengo… ¡Hule!

5 horas después, ¡Llegamos al Hotel Turismo Ayolas!

Hotel Turismo Ayolas.

Un hermoso Hotel ubicado en pleno centro de Ayolas a 500 mts de la entrada del Barrio San Antonio. Un Hotel con estilo colonial fundado en los años 80. Este lugar tiene un aire muy parecido a la de la casa de la Independencia; tiene paredes blancas, muebles de madera, corredores jerés, hamacas, 20 habitaciones totalmente equipadas y una paz impresionante. De entrada, lo que más me gustó fue la disposición de las habitaciones, ubicadas en “U”, se sentía como que todos estábamos conectados. Nos impresionó la tranquilidad del lugar, la limpieza que había y nos moríamos de ganas de poder ver todo eso de día.

Hotel Turismo Ayolas.

El Hotel cuenta con nuevos dueños hace 6 meses, tiene un sistema tipo Apart-Hotel con servicio de limpieza, toallas y sábanas limpias, además de tener el desayuno incluido.

Importantísimo detalle: Está permitido hacer asados sin costo adicional. Tiene una zona con juegos para niños, un patio gigante con mucho verde y una pileta impresionante. Hasta Renato Prono puede venir a nadar aquí. BBDLC.
Hotel Turismo Ayolas.

Pero lo más lindo está adelante. Bajando un caminito de escaleritas y puentes construidos por los cuidadores del Hotel nos llevaron a un spot soñado a orillas del Río Paraná. Aquí las personas pueden descansar, sacarse fotos o ir a pescar con los niños. En ese lugar me encontré con una familia, la abuela me contaba que estaban de visita para que su nieta conozca el Hotel, porque aquí ella pasaba sus vacaciones cuando tenia la edad de su nieta. Esa historia me impresionó mucho porque significaba que la generación completa de esa familia pasó por este Hotel, por ende para ellos este lugar está lleno de recuerdos. ¡Piriiiii!

Hotel Turismo Ayolas.

Esa mañana, después del rico desayuno, fuimos a conocer la playa Corateí.

Más o menos a 40 minutos del hotel, por un camino empedrado chiquito súper lindo y se llega bien en auto o en camioneta. Esta playa es el lugar ideal para todos los amantes de la pesca ya que esta es la actividad característica del lugar.

Playa Corateí.
El agua es tan trasparente que lamento decir que si no pescan al menos uno, es porque, amigos/as, es hora de empezar a considerar el curso de broderie.

Al borde de la playa hay muchos pescadores con lanchas, ellos con mucho gusto (dándole alguito de plata por el servicio) te llevan a las zonas con más piques para poder pescar, además de contarte historias súper interesantes del lugar. Al comienzo puede que sean muy callados pero después entran en confianza y si no tenes los equipos, te prestan. ¡Hay todo tio! Pero hay que avisarles antes de salir, que o sea la gran Lauri que en el medio del río se me ocurrió avisar.

Dato importante: Llevar alguna camisa de mangas largas, un sombrero, mucha agua y protector solar. Haga frío o calor, porque el sol quema y con el reflejo del agua quema el triple.

La panza ya empezaba a hacer ruido, eso significa una sola cosa: ¡Comida! Fuimos a la ciudad, de camino pasamos por La Plaza del Pescador, una plaza con estatuas gigantes de pescados donde mucha gente paraba para sacarse fotos. Creo que si no tenés una foto con estos pescados es como si nunca viniste a Ayolas. No soy amante de los pescados pero, si me saque la foto.

Plaza del Pescador.

Encontramos un comedor muy pintoresco en la avenida principal que tiene Ayolas, ahi encontras de todo, desde farmacias, supermercados, gomerías, estaciones de servicios hasta lugares de farra.

Sin parar, fuimos al Club de pesca Yacyretá, aquí se practica la pesca deportiva pero nosotros fuimos por otra cosa:

Isla Paraíso.

Un amable pescador nos llevó hasta la Isla Paraíso en su lancha, como les conté al comienzo, él fue un poco tímido y con pocas palabras, pero como yo no me puedo quedar callada, logre que entre en confianza y termino hablando más que yo.

De camino nos cruzábamos con muchas lanchas y me encantaba ver como si o si entre todos se saludaban, acá se nota la esencia de la gente tan buena de Ayolas.

Se llega en lancha en más o menos 10 minutos, también saliendo desde la playa municipal de Ayolas. Estas lanchas se pueden alquilar o bien hacer como hicimos nosotros. Esta isla es un lugar para acampar en el medio del río Paraná. Kilómetros y kilómetros de arena limpia que hace un ruido súper simpático al pisar. Por la corriente de agua se forman piscinas naturales, ahí podes colocar tu silla de playa y sentarte chocho a tomar sol, tomar tereré, relajarte, hasta jugar volley y fútbol. Lo más profundo que encontré me llegó por la rodilla.

Obviamente me hice la loca y empecé a correr por todo el lugar, pateando el agua, creyéndome baywatch en cámara lenta y salpicándome como una nena de dos años solo que mi hermoso estado físico me hizo acordar que ya no me da el cuero para correr así si no me voy al gimnasio.

En la isla hay parrillas para hacer asados, baño, electricidad y área de camping. Me hubiese quedado horas y horas pero ya se estaba haciendo tarde.

El mini capitán cardenal siempre a las órdenes.

A la vuelta mi amigo pescador nos paseó por los alrededores, nos mostró casas importantes que se ven desde el río, como la de Stroessner y también paramos un ratito en la Playa Municipal de Ayolas donde esta el famoso spot de fotos con las letras corporeas, otro lugar obligatorio de fotos osino no existís. ¡Jalaaaa!.

Playa Municipal de Ayolas.

Ya se hizo de noche, volvimos al hotel, nos alistamos para la cena y salimos nuevamente a investigar como son las noches en Ayolas. La ciudad en serio es súper tranquila y ordenada pero en la calle principal había movimiento.

Algo que le sumó bastantes puntos fue: ¡Lomiteria a la vista!

Nos sentamos en un local de lomitos súper facha con mesas y sillas en la vereda y mientras esperábamos nuestro pedido veíamos las infaltables pasaditas pro levante de los autos con música a todo volumen. Yo no sé cómo la gente cae con eso pero por lo visto funciona.

¡Llegó la comida! El lomito es igual de rico a los que solemos comer en Asunción pero este tiene una forma distinta.

Mientras comíamos, empezaba a relampaguear, no me salvo del mal tiempo parece, pero de fondo escuchaba cada temazo que me hacía bailar en la silla sin soltar mi lomito, obviamente.

“Des-pa-ci-to…” — “A ella le gusta la gasoli…” — “Lauraaaaa, se te ve….” Ahí ya no había caso, tenía que averiguar de dónde venían esos temas ¡si o si!. Terminamos de comer, empezó a llover, obviamente fingí demencia y empece a correr bajo la lluvia, gabriel anga pobre hombre me siguió hasta llegar al lugar de las músicas.

¡Y qué fiestita había en Ayolas esa noche! La música venía de un boliche que se llamaba “Bunker”.

Cermeeeeeeeeeeza a mil.

Hmm..

El nombre da un poco de miedo pero veía a los alrededores muchos policías, por ende la vida nocturna de Ayolas tenía mucha seguridad. Cosa que me gustó mucho.

Lo que me costo sacar esta foto, no tiene nombre.

Los temas no paraban de mejorar, mi atuendo del momento (short, remerita suelta y chatita) me hizo dudar si estaba vestida acorde al lugar pero cuando entramos (Gs. 10.000) nos dimos cuenta que lo único que importa es la actitud y las ganas de farrear.

Había gente con short, zapatilla, camisilla y hasta los más fisicudos sin remera.

Pero lo que más me hizo reír es que la gente puede meter su conservadora y bailar alrededor de ella. Inolvidable.


La mañana siguiente empezamos temprano porque teníamos un gran día planeado. Primera parada, nada más y nada menos que un tour totalmente gratuito, sí, gratis, por la segunda central hidroeléctrica más grande del país, la Represa Hidroeléctrica Yacyretá.

Horarios de las excursiones gratuitas. Represa Hidroeléctrica Yacyretá.

El tour empezó con una proyección sobre la historia de la represa en una sala tipo cine, después recorrimos un poquito del Museo Histórico y Ambiental que tiene elementos que guardan relación con la vida y la historia del pueblo, animales de todas las especies, máquinas, vasijas, etc.

Museo Histórico y Ambiental.
Un gran detalle del museo que me encantó, fue que todas las piezas estaban súper bien identificadas con sus respectivos nombres y descripciones pero además también estaban en Braille.

Ya en los buses, recorrimos con una guía turística que nos contaba la historia del lugar, conocimos las salas de máquinas, vimos las compuertas y unos pescados gigantes que creo que este sería cómo se vería el cielo de todo pescador. Pero sigan soñando porque a estos pescados nadie les puede tocar.

Sala de máquinas.

De ahí fuimos hasta el Canal del Paraná, donde al igual que el canal de Panamá funciona como un ascensor para que las barcazas muy grandes puedan cruzar.

Canal del Paraná.

El tour dura aproximadamente una o dos horas dependiendo del tiempo que se tarde en cada parada. Las personas podían volver a visitar el Museo pero nosotros teníamos una segunda parada.

Como Ayolas está muy cerca de la ciudad de Misiones y de San Cosme y Damián, teníamos planeado ir a pasar toda la tarde y cumplir mi sueño de conocer al fin Las Dunas! Peeeeero, la lluvia me persigue y se me pinchó el globo. Ya que por mal tiempo, todos los tours a las dunas se suspenden por seguridad. Me piché, claro que sí, pero volvimos al Hotel para aprovechar de las instalaciones y de lo que nos quedaba de tiempo antes de volver.

Y no vimos nada que no quisimos ver. (Jean en su lugar)

Y como toda aventura tiene un contratiempo:

(Sé que cuando mi mamá lea esta parte no le va gustar)

¡Llantamos!

Sí, sí, mi rueda se desinfló de tristeza por no poder ir a las Dunas.

¡Pero!

En Ayolas hay todo tío, el Hotel está tan cerca de la avenida principal que llegamos a tiempo para que nos arreglen la rueda y podamos volver a Asunción.


Agradecidos con la gente del Hotel, nos despedimos de Ayolas con muchas ganas de volver. Ya en la camioneta, todavía un poco pichada por no poder ir a las dunas, pensaba: tengo 5 horas de camino y ya no se de ¿Que le puedo hablar a Gabriel? Jaja

Por suerte los paisajes que teníamos adelante eran de película, hasta le podía imaginar al churro de Legolas cabalgando a mi lado haciéndome ojitos y tirando besos.

Estos paisajes daban para ese nivel de imaginación así que ni me animé a preguntar lo que se habrá imaginado Gabriel.

Ambos dedicamos la vuelta para relajarnos y admirar el paisaje. Pero, la compradora compulsiva, alias “yo”, casi me volví loca con todas las cosas que encontraba en el camino. Juro que podía equipar mi casa, o comprar hasta regalos de Navidad. Al costado de la ruta ruta vimos puestos de: Mosto, miel, caña, pelotas, hamacas, cerámicas, tablas de asado, sillas de madera, dulces artesanales, torta negra, frutería, puestos de chorizos y chipa. ¡Todo!

Pelotas, Tablas de madera, Hamacas.

¡Fue tan divertido!. Analicé nuevamente mi fin de semana y en resumen conocí un Hotel histórico, la playa preferida de los pescadores, me relajé en una isla en el medio del Paraná, comí lomito, farreé hasta el amanecer, conocí la segunda represa más importante del país, conocí el canal del Paraná, me informé sobre cultura en el museo y termine haciendo compras. ¡Volví de Ayolas, feliz!


Así que, una vez más puedo decir que animarse a conocer nuestro país vale la pena sin que importe el clima, la distancia, ni el tiempo. Porque invertir en un viaje va ser siempre la mejor decisión.

Preguntas y consultas: siempre con StayPy.

¡Y……………………………………… como buena ariana, que quiere, quiere, quiere, querisa duna de vos no me olvido!