Point Lobos, CA.

OLVIDO

Vienes a mí, de nuevo,

con ese desdén anquilosado

y con los dientes afilados

de mallugar tantas palabras.

Tu silencio me mira inquieto

–como un retrato sentado e inmóvil–

a través de esas pupilas tiernas

que acumulan, sin pestañear, ocres atardeceres.

Ya no hay más lunas llenas sobre tu piel.

La noche te sofoca en el rincón del abandono;

barriendo y fregando los pisos

que rechinan tu ausencia

y se desentienden de tus pasos.

Una parte del corazón, anestesiada e insípida,

–la que te amo sobre todas las cosas–

se vuelve un pellejo que sólo volverá a brillar

cuando lo dores en aceite hirviendo.

Piensa que no te he pensado,

que pensarte ahora, no es parte de la memoria,

sino del olvido.

Y que repito tu nombre,

precisamente,

para acordarme de que fuí;

para sonreir,

y ser.