Chicos.

En mi bolsillo de mano llevaba maquillaje, pasaporte, facturas de estupideces que había comprado en los últimos días y un libro de poemas de Chinaski. A las cuatro en punto tenía escala en Mexico, ahí debía de esperar dos horas para lograr abordar el último avión que me llevaría a mi destino final: Berlín.

Intenté no distraerme mucho con las promos de tequila y las cajas enormes de cigarros con sus amistosos precios. Debía ahorrar, y soy buena para perder vuelos o confundir la puerta. Entonces verifiqué que todo estuviera bien y me senté a esperar con el libro afuera y un subrayador amarillo neón.

A los veinte minutos de estar ahí una familia se sentó justamente al frente, tres niños gritones hacían que sus padres no pararan de pelear y me recordaba lo bendecida que era hasta ese momento. Y por supuesto, que debía de comprar unos cuantos condones para evitar presenciar aquel circo el resto de mis días. No podía concentrarme y eso me molestaba, rápidamente me puse de pie, di la vuelta y me senté cinco filas atrás. Había una chica rubia, alta, con una camisa de “The Doors” y unos audífonos que podía jurar que la iban a dejar sorda. -Perfecto- pensé, aquí es donde me voy a sentar a leer.

No habían pasado ni diez minutos cuando sentía la mirada pesada de alguien que me observaba. Volví a ver a mi derecha y nada, gire la cabeza a la izquierda y la rubia despeinada me miraba fijamente. Primero me asusté, pensé que me miraba enojada y no sabía si disculparme o preguntarle que le pasaba. Por instinto de supervivencia simplemente le sonreí, ella con su enorme cabellera y de un solo movimiento se puso de pie caminó hasta donde estaba y se sentó justamente a la par. La hermosa rubia hablaba solo inglés.

-Hola- me dijo

-Hola- le respondí rápidamente

-¿Como te llamas?

-Mariela- le dije

-Mucho gusto Mariela, yo soy Lily- y me extendió la mano, yo solo asentí.

-Veo que vas para Berlín igual que yo. Que te lleva ahí? ¿Un espíritu aventurero, trabajo, amor?

-Supongo que suena bien decir que cualquiera de las anteriores. El asunto es que no es así, no es amor, no es un espíritu aventurero. Creo que es pura basicada, soy la típica joven de veintes que creyó que podía nacer de nuevo ¿sabes?. Empezar de cero, sin nada seguro, sentir el ácido dicen en mi país, sentirme algo viva.

-¿Pero si tienes planeado divertirte?- me preguntó insistente

-Si claro, pienso salir y bailar hasta que mi cuerpo no pueda más. Puedo hacer lo que yo quiera pensándolo bien- dije en vos alta sin querer.

-¿Te quieres divertir conmigo?- me dijo poniéndome la mano en la rodilla, mientras yo observaba sus dedos tocar mi piel.

-Linda disculpa- le dije mientras me levantaba un poco y quitaba su mano- lo siento me gustan los chicos.

-Si sabes que vas para una de las ciudades más progres del planeta ¿verdad?- me decía en tono burlista.

Sí! ¿Y que?… O bueno no lo sé…creo que debo de pedirte disculpas, no se porque…Y sí, es solo que… no es algo físico ¿sabes?, porque las mujeres patean a los hombres en este aspecto. Y te lo digo, me considero feminista y quiero a las chicas. Pero es que los hombres me fascinan desde pequeña, sus mentes, su manera de ser, sus juegos, su simplicidad. Toda mi vida me he rodeado de hombres y ellos han sido mis únicos amigos. Me siento cómoda y comprendida en muchos aspectos.

-Jajaja- se reía la gringa escuchando mis palabras mientras veía mis ojos perdidos en la ventana, creo que al fin había entendido.

-No me lo preguntas, pero recuerdo tan bien como si fuera ayer, en la escuela. No podía concentrarme y al igual que hoy miraba la ventana, el pizarrón y rayaba el cuaderno en la última página. Estaba aburrida y entonces lo vi. Un compañero de ojos redondos, anteojos, un poco encorvado por esconder su pequeño cuerpo y una cara de ángel. Recordaba que nunca lo había visto, no sabía su nombre y debía de esperar a que pasaran lista y él subiera su mano. No sabía quién era porque no hablaba con nadie , entonces lo observé todo el día y lo seguí de cerca en el recreo mientras yo subía y bajaba del columpio para verlo mejor. En uno de esos tantos momentos llegó Carlos, el compañero más grande y fuerte de todos, el típico bullying lo empujó y lo hizo sentado, en cuestión de segundos le quitó la merienda. No creía lo que veía, sentía un calor que subía de los pies a la cabeza y que solo había experimentado la última vez que había peleado con mi hermano. Entonces esperé a volver a subir para ver bien todo desde arriba en el columpio y me solté como mi súper héroe favorito. Caí de pie, según mi mente lo recuerda y se auto engaña. Caminé empoderada y le metí una patada en los huevos a Carlitos, desde ese momento nadie se metía con Cuatro Ojos y menos en la hora de mi vigilancia. El chico pegó gritos, me trató de loca y me fue acusar con la maestra. El viento soplaba y mi cabellera se movía mientras volvía a ver al chico asustado en el suelo. Me senté a su lado y le pregunté cómo se llamaba, él tartamudeando me contó que se llamaba Luis y le gustaban los videojuegos como a mí. Luis fue el primer chico que me gustó en la vida.

-Y eso me lo cuentas ¿porque?

-Porque gracias a ese chico supe lo que era proteger a alguien que quería fuera de mi familia, sin siquiera conocerlo bien, esa ternura, ese silencio, esa personalidad tan indefensa que me daban la sensación de quererlo cuidar por siempre. Es igual a la primera vez que tuviste relaciones. ¿Lo recuerdas? ¿Fue con un hombre o una chica?

-Un hombre. Sí lo recuerdo y lo odié con todo mi ser-me respondió

-Bueno, a mi me fue pésimo también. Pero cuando tuve mi segundo novio, el era virgen y yo no. Nunca voy a olvidar el día en que perdió la virginidad conmigo, yo no me la jugaba tanto como ahora por supuesto, pero ese chico con solo ver el cuerpo de una mujer se sentía deslumbrado, le veías los ojos y gritaban sentirse el más afortunado del mundo, no sabía dónde poner las manos ni qué hacer, como si fuera una princesa de porcelana que no podía lastimar, podía ver en su ojos preocupación impuesta por la sociedad pero más que todo emoción pura y eso lo valía todo. ¿Entiendes lo que quiero decir? No me veo con una chica las dos con la menstruacion haciendo un pleito. Pero si me veo enseñándole a un hombre todo el mundo que somos nosotras y aprendiendo de ellos todo lo que pueda. Más que todo a vivir más tranquilo y con menos novela y drama que nos han empujado con cuchara desde pequeñas a nosotras.

-okey okey, DAMN!. Ya lo entendí, te encanta el chorizo- me dijo subiendo sus ojos y sonriendo de lado.

-¿De verdad no te parecen lindos o interesantes?- le pregunté- Esas capas que tienes que quitar una por una hasta llegar a sus sentimientos, la manera en que siempre tratan de aparentar ser fuertes pero una vez que te tienen confianza se quiebran en tus brazos, la manera en que cuando te ven desnuda te sientes la mujer más hermosa del mundo, sus chistes, como se tratan entre ellos.

-Si un poco… de hecho soy bisexual. Pero últimamente me atraen más las chicas.- me contó.

-Sí… Bueno yo puede que más adelante lo intente, uno nunca sabe, es solo que ahora ando el libido por los suelos y el corazón un poco cansado y roto. Ellos pueden ser hermosos pero no saben absolutamente nada de relaciones, y por consecuencia creo que yo tampoco. ¿Estoy jodida verdad?-le pregunté

-Algo… pero bueno ya que no me vas a acompañar al baño por lo menos cuénteme otra historia de amor. Sos buena hablando cursilerias- me dijo

-Okey, te voy a contar la de mi fin de semana favorito, y como a menos de una semana de conocer al chico que me gustaba, me fui con él para Jacó en nuestra primera cita. Jacó es una playa de mi país…

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