El amor después del amor.

He intentado tanto, de veras tanto, comprender en que fallé. Y cuando eso no me es suficiente, entonces cambio de cassette y cuestiono en que momento cedí, que señal malinterpreté. Creo que no lo sabes, pero tienes la capacidad de marcar a la gente con tu paso, no digo que para bien o para mal. Simplemente pasa, uno te conoce y no hay vuelta atrás.

Y tal vez esto tampoco lo sabes, pero desde la primera vez que te leí conecté. Fue como si me hubiera sentado a tomar un café contigo cara a cara y me estuvieras hablando directo a mí, a los ojos. Una vez escuché que lo peor que uno puede hacer es conocer a la persona a quien admira. Te imaginarás que muchas veces lo repetí en mi cabeza. Pero sabrás también en el fondo la verdad, que no es así, que sin sonar lambiscona hay un antes y después de tu llegada a mi vida.

Es ilógico el pretender olvidar cuando no hay día en que no te recuerde en los detalles más mínimos. En el sabor de mis cigarros mentolados, en los textos de mi autor favorito, en mis pasos acelerados y tambaleantes por la avenida central, en el miedo que me da el no saber si ya regresaste, si esta próxima la colisión frontal de vernos cara a cara en media calle. De que haré, del vos que harás. Sabrás que ir a mi universidad es territorio con minas de recuerdos. Que explotan una tras otra. La pizzería, mi spot de fumado. Cada ida a clases es una agonía, una tortura de esas por las que nadie desea pasar. Me reconforta pensar que estoy pasando lo peor de una vez, que un mes máximo dos, ir y venir de estudiar será pan comido para mis nervios y mis piernas.

He intentado recordar cosas feas para sacarte más rápido. Y empiezo bien, recorro aquella noche en Área City, recorro el día antes que te fueras de acá, recorro el día que volví a tu trabajo después de tanto tiempo. La primera vez que la vi a ella, de como algo en mi interior se movió y no entendía el porque. De las miradas clavadas y los cuchicheos cuando volvimos de fumarnos un cigarro. Para este punto del recorrido mental ya no estaba ahí dentro. Me quede afuera recordando esa felicidad de verte después de mucho tiempo, de lo torpe de nuestra conversación, no sabíamos que decir y nos decíamos de todo atropellando la idea anterior.

¿Porque tuviste que besarme ese día? lo recuerdo tan bien, como si tuviera un proyector en mi cabeza pasando una tras otra nuestras memorias, los recuerdos que construimos juntos. Apagaste la colilla con tu zapato, hiciste un movimiento de salida pero te detuviste y me miraste. Con un beso rápido y con el mismo impulso saliste corriendo, como un chiquito que recién hizo una diablura. Recuerdo la emoción, el amor, las mariposas, el universo, el maldito universo que sentí encima. Recuerdo pensar en ese momento que había vuelto a la vida.

Tú te das por menos, te consideras alguien solitario, amargado hasta cínico. Si supieras como iluminas al mundo, como inspiras a los otros, como llenaste de color y de emoción mis días. No me arrepiento, no me arrepiento de nada. Ni la primera vez que estuvimos juntos ni la última. Porque el amor es como si le cambiaran a uno el filtro en que ve la vida, las cosas empiezan a tener sentido, levantarse también, todo brilla, todo se ve hermoso. No había espacio para la depresión ni para el dolor. Y si lo había durante el día, permanecíamos en calma. Sabíamos que a la hora que fuera ahí iba estar el otro. Como dos rencos que avanzaban por la vida apoyándose cuando uno no podía más. Para siempre.

¿Me perdonas por mí para siempre? ¿Me perdonas por irme sin ninguna explicación? De verdad lo siento. Es solo que yo me conozco y te conozco. Y se que si te hubiera visto nunca me hubiera ido. Y si te hubiera escrito nunca lo hubiera enviado. No hay forma decente y en la que uno salga entero para decirte adiós. Lo más fácil fue salir corriendo lo más lejos e intentar arrancarme este amor. Jugármelas con la incertidumbre con esperar que ese deseo se volviera realidad. No hace falta mencionar que no me esta yendo bien, sino, no estaría a la media noche escribiéndote esto. Ni pensándote fuerte, gritándole al universo que te mande una señal. Que aunque estemos en países distintos haga que la conexión de los átomos sea más fuerte. Que si necesitas un abrazo sientas un consuelo extraño. Que si estás en modo “código violeta¨ recuerdes algo de lo mucho que hablamos y te haga tener paz, sentirte tranquilo.

No se si alguna vez vas a entender el porque lo hice. O si a veces te lo preguntas, si yo paso también por tu cabeza. Si te encuentras repasando nuestra historia una y otra vez. Si te preguntas igual que yo que hubiera pasado si hubiéramos sido solo amigos, si no hubiéramos escuchado a nadie. Si nos hubiéramos conocido antes de todo, antes del daño, antes de que dejaras de creer en el amor. Porque vos y yo no somos nuestros papás. No somos esa gente que se casa por dinero, o porque tiene que formar una familia y cumplirle a la sociedad. Vos y yo somos nosotros y nada más. Hubiera dado lo que fuera porque le hubieras dado un verdadero chance a lo nuestro, a tu lado sensible, a la vida. A que no te hubieras condenado a tu pasado o la gente que no te supo amar. Porque hubieras podido percibir como te amaba con locura, como a nadie. Como te amaba, te amo y te amaré para siempre. Porque eso nunca va a cambiar, a pesar de todo, a pesar de la vida.

Me encuentro buscando pedazos de tí entre la gente, entre los que me pretenden. Buscando alguien que quiera escuchar lo triste que estoy, las veces que sea, alguien con quien compartir ese humor negro, mis textos, mi verdadero yo. Pero en este espacio me he dado cuenta que este mundo es muy frío, que pocos piensan o sienten como tú y como yo, que nuestras conversaciones no las tiene cualquiera. Que algo como lo que tuvimos, no se puede repetir, se vive solo una vez en la vida. Y tengo miedo. Tengo miedo de no volver a sentir esto por nadie.Tengo miedo de no haberme quedado lo suficiente, de no haber esperado a que aclararas tu mente. Tengo miedo de haber escuchado mal a mi corazón, de haberte idealizado, de haber confundido todo y que este amor exista solo en mi cabeza. Le tengo miedo a la vida sabes, a no encontrar luz suficiente en mí para alumbrar el camino.

Y me consuela la esperanza de que tropiecen nuestros caminos más adelante en esta vida. O como dijo nuestro amado Bukowski: ‘’No sé qué era pero teníamos algo especial, y lo sabíamos. Lo podías ver en el modo que nos movíamos y hablábamos. No hablábamos mucho, lo dábamos todo por sobreentendido, y eso era lo que ponía negro a todo el mundo, el aire de seguridad que desprendíamos. Ojalá algún día coincidamos en otras vidas, ya no tan tercos, ya no tan jóvenes, ya no tan ciegos ni testarudos, ya sin razones sino pasiones’’

Ojalá cuando hayas entendido que no es la cantidad sino la calidad, que no es solo coger es hacer el amor, que no son los buenos momentos sino quien está en los malos. Que no es con quien quiere pasar contigo la juventud sino verte envejecer. Que no es solo querer pasar una noche contigo, sino luchar y sufrir a tu lado. Ojalá en Puerto Viejo como lo hablamos, repletos de gatos, de preferencia sin vecinos, vos cuidando tu jardín y yo bailando en la cocina con la tornamesa. Ojalá al fin juntos.

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