Gracias.

1 de diciembre

La otra noche mi madre me mencionó, que desde pequeña he sido muy sentimental. Me dió un par de ejemplos algo ridículos que me hicieron ruborizarme. Como que lloraba con la muerte de Blancanieves casi ahogándome, o que cuando escuchaba un disco que ella tenía de violín me ponía hacer pucheros y ahí iba de nuevo.

He perdido muchas cosas de la esencia de mi niñez en el proceso, y después de mucho pensar en la acotación de mi mamá, me alegra que la sensibilidad no sea una de esas. Es un arma de doble filo por supuesto, y a veces se vuelve incontrolable. Uno tiene que estar claro del ser imperfecto que es, en especial de esas cosas que uno ha hecho mal o de las que se averguenza. Verse objetivo es una de las cosas más difíciles para el ser humano y es que todos quisieramos pensar que somos buenas personas. Pero en fin, así como intento ver lo malo, me enorgullece decir que lo que más me gusta de mi persona es mi corazón, alma, como quieran llamarlo.

Creo que el principal problema de ser así es que hay dos caras de la moneda. Así como uno tiene la capacidad de amar con fuerza y pureza a otro ser, al momento de vivir una separación o una perdida de ese ser amado. Esa fuerza se transforma en odio, en sentimientos ruines que aunque uno no quiera tenerlos, se apoderan del cuerpo y mente. Sentimientos pasajeros que cuando pierden intensidad ya es demasiado tarde, se ha hecho daño. Y no toca más que alzar cabeza e intentar hacerlo mejor al día siguiente.

Últimamente he tenido problemas para dormir y hacer catársis, que para mí significa escribir. En comparación con los de otras personas, no son la gran cosa. Pero ¿quién le puede decir a uno que es importante y que no?. El viernes respondía un cuestionario para una entrevista de trabajo, el texto decía: “¿Cuál ha sido el mayor reto de su vida?”. La pregunta me quedo dando vueltas hasta este preciso momento. Y es que, después de pensarlo mucho, el mayor desafío de mi vida he sido yo.

He tenido miedo desde que tengo memoria. Miedo a la vida, a fallar, de defraudar a los demás, de herir a las personas y de ser herida. Durante mucho tiempo creí que si me encerraba o me concentraba en otras personas, que si no lo pensaba por consecuencia no lo sentía. Y entonces nada me podía hacer daño. Pero también con el tiempo uno se da cuenta que no es así. Que no solo estaba evitando el dolor, sino que le cerraba la puerta tanto a lo malo como a lo bueno. Y que a veces el vacío de la nada puede ser mucho peor, hasta insoportable.

Hay muchas cosas que quiero cambiar, que debo de trabajar en mí. Hay tanto que debo de corregir de mi actuar diario. Y es que el cambio siempre es bueno porque implica crecer. Pero esto cada vez se vuelve más dificil, entre tantas distracciones, entre tantas cosas que se han vuelto importantes y que no lo son. Las felicidades fáciles, por pura diversión y momentáneas. La vida falsa y su apariencia perfecta, con esos rostros felices veinticuatro siete.

Y lo entiendo y lo acepto, buscamos aprobación. Porque detrás de esa fachada todos tenemos una historia, una grieta. Y cuando no nos gusta nuestra realidad muchas veces es más fácil soñar. Vemos personas a diario pero, ¿realmente las vemos?. Lo digo porque muchas veces he estado a carcajada suelta cuando por dentro estoy destrozada. Vemos actuar a la gente de cierta manera, casi a diario, pero la verdad es que nunca los conocemos realmente. Y por más que lo intentemos, nunca vamos a poder estar en los zapatos del otro. Porque a cada uno nos toca un pequeño gran problema en la vida.

Y es que la vida no es fácil, al contrario es un camino duro y sin atajos. Entonces esa fachada al final de cuentas no significa nada, porque si vieras de verdad al otro, estoy segura que seríamos más amables. En el último mes he aprendido a subir cabeza y mirar a mi alrededor en vez de encimismarme en mis problemas. A veces es más fácil salir adelante en equipo que por uno mismo.

Esta lección la he aprendido de la peor manera, porque considero que mis personas más cercanas han estado para mi y yo muchas veces no para ellos. Por lo mismo, por estar mirando hacia abajo. Y es que no basta con ser amistoso, hay que ser amigo. Creo que les debo una disculpa, pero más que eso un cambio.

Es lo que haces con tu tiempo, como eliges pasar tus días, las personas que lograste tocar en el alma, lo que yo consideraría a final de cuentas como éxito. Que valieron la pena doce meses más caminando este planeta. Gracias Mo, gracias Steve, Neyed y Luis. Por obligarme a salir de mi cuarto tantas veces y hacerme tener memorias únicas. Enseñarme que la vida es más que las cuatro paredes de mi cuarto. Voy a estarles agradecida de por vida pero sobre todo, espero acompañarlos en sus pasos hasta el final de mis días.

Me prometo a mi misma que cada mañana intentaré dejar de correr, de esconderme y de evitar. De esperar cosas de otros y esperar más de mí. Dejar la conformidad de mi ahora y como una casa de legos poner las primeras piezas del cimiento llamado mañana.

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