La montaña

En la escuela me enseñaron que el Chirripó era el punto más alto de todo Costa Rica con 12,533 ft. Hace dos meses mi papá de la nada hizo un grupo en Whatsapp con mi hermano. Las primeras palabras fueron: “En tres meses tenemos un viaje a Chirripó, quiero que me den fechas de vacaciones y me confirmen si pueden ir”. Debo de aceptar que su mensaje me emocionó más de la cuenta, casi nunca lo veo y esos pequeños momentos se vuelven cada vez menos. Una iniciativa como esas: -¡Un viaje mi hermano, él y yo!- pensé. Y sin dudarlo puse que sí, al día siguiente Esteban confirmó su presencia. Era oficial.

Durante los tres meses siguientes no hubo semana en que mi padre no nos recordara entrenar, comprar suetas, estar preparados. A mí, que odio el ejercicio, me sacó a correr una mañana. Es decir, se veía entusiasmado, yo solo tenía que cumplir con mi parte. Ocupaba dejar de fumar, ocupaba hacer ejercicio. Pensé en alguna estrategia para lograr presionarme a lograrlo, le conté a mis amigos cercanos, más que todo para que me motivaran hacer las cosas bien. Chino me enjachaba cada vez que en la Cali me encendía un cigarro. Intenté salir a senderos unas tres veces y no me fue tan mal. Es más, durante toda una semana no fumé.

Pero conforme se acercaba la fecha, mis conductas se volvían un poco auto destructivas, tenía ansiedad por el paseo y empecé a fumar el doble, en especial ayer, el día antes del tan esperado paseo. Me pegaba la fiesta duro dejándome inmóvil por completo los domingos sin posibilidades de hacer ni un solo jumping jack. La alimentación no había sido la adecuada y en realidad he perdido mucho peso en el último mes, sin ser algo intencional. Cuando mis amigos me preguntaban que pensaba hacer ya un poco preocupados, con una sonrisa les respondía: -Todo es mental, yo voy a lograr escalar esa montaña.-

Ayer tenía que hacer maletas, y con la mínima excusa huí de mi casa y llegué hasta la media noche. Al día siguiente tenía clases en la mañana y en mi estómago tenía solo whisky y mojito de la noche anterior. Cuando me monté al bus no me había percatado de lo mal que me sentía, hasta que llevaba 15 minutos de pie, luchando con la barra para no caer y suplicándole a la vida que alguien se bajara para lograr sentarme. La respiración se me acelero y sentía que el ataque de pánico me perseguía por toda la cuadra. Recordé las viejas recomendaciones: -todo esta en la respiración, poco a poco todo volverá a la normalidad.-

Cuando llegué a mi casa de la universidad, no tenía hecha la maleta, me sentía peor pero era consciente que ese sentimiento era completamente mental. Ayer estaba perfectamente bien. Tomé la decisión de no ir de un pronto a otro, a pesar de saber lo importante que era, a pesar de saber el espectáculo que me iba a perder. Mi papá de la decepción ni me respondió el mensaje, mi hermano tampoco dijo mucho pero su cara lo decía todo.

¿Alguna vez han sentido como poco a poco el miedo se empieza apoderar de ustedes y los paraliza?. Así me sentí yo esta semana, como lentamente crecía y no podía hacer nada al respecto, solo fumar como si no hubiera un mañana. Ahora con la mente un poco más fría entiendo que me auto sabotee el paseo. Sí, tenía miedo de desmayarme subiendo, de no lograrlo por la manera en que he tratado a mi cuerpo pero principalmente tenía miedo de ese momento. De esas conversaciones que nunca hemos tenido. De que después de años iba a estar tres días en una montaña en medio de la nada con mi papá. No quería responder preguntas, no quería formularlas tampoco, no quería escuchar el porque de la ausencia, no quería esos momentos incómodos donde te das cuenta que tu papá no te conoce en realidad, donde no tienes idea de que hablar con él. Enfrentar el hecho de que hay cosas que no se superan y que no sanan por más que uno luche contra eso.

Han sentido también como decepcionan a la gente que quieren una y otra vez, por tu manera de ser. Deseara que esta historia fuera diferente, contarles que escalé el Chirripó y aunque me costó lo logré. Que enfrenté mis miedos y encaré a mi padre. Pero sería inventarme una fantasía y cubrir la realidad de lo que muchas veces somos, humanos y no más.

Por supuesto que me siento decepcionada de mí, por supuesto que detesto que el miedo ganara. Me di por vencida como en tantas cosas que he intentado en mi vida y las termino dejando botadas. Porque hay días donde no tengo fe en mí, hay días donde veo hacia arriba y me siento pequeña, y siento que no puedo lograrlo y me hago un puño pequeño. Me pregunto si hay alguien más que le teme al mundo, que le asusta el dolor, que está tan cansado que no se la quiere jugar a recibir un solo golpe más.

Me pregunto cuando seré la mujer empoderada que lucho por ser cada mañana, me pregunto cuando tendré las bolas de tirar el paquete de cigarros y no volverlos a tocar, me pregunto cuando me voy a tratar exactamente como me lo merezco, con cuidado. ¿Cuando se es lo suficientemente fuerte? ¿Será que hay gente que no lo logró nunca? No me gusta ser un alma melancólica, no me gustan mis demonios los detesto, deseara tenerlos al frente y echarlos a todos a patadas. Correr esa puta montaña y gritar y gritar hasta quedar agotada, hasta las lágrimas.

Mi mamá me dijo que no cargara culpas ajenas, que no estaba decepcionando a nadie, que primero era mi salud,-de por sí cuantas veces su papá no le falló a usted-. Y entonces esa frase me asustó, porque no quiero convertirme en él, en eso que tanto le he resentido toda la vida. No quiero rendirme fácil, quiero ser una luchadora.

Y por supuesto que lo voy a seguir intentando
…pero lamentablemente ese día no es hoy.

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