Pesadilla.

Hacía un calor sofocante y mi espalda no paraba de sudar. No sabía bien exactamente donde me encontraba, tenía un aire conocido pero el cuarto donde me encontraba no me daba las pistas exactas para ubicarme por completo. Así que salí al pasillo principal, era largo y angosto, con cuadros borrosos que a la fecha no logro recordar. Cuando salí del pasillo me encontré con la cocina -al fin gente conocida- pensé. Eran unos amigos viejos que hace mucho no veía, por supuesto, estaba en la casa de playa de Emanuel.

-¿Mariela ya se puso el vestido de baño? Ya,ya nos vamos- me dijeron

Me volví a ver la ropa y en efecto lo tenía, debajo de un camisón grande de color rosado. Nos montamos los cinco amigos al carro, incluyendo mi mejor amiga. Llegamos rápido al lugar, pero la playa me parecía un poco extraña. Primero tuvimos que escalar una enorme cuesta repleta de piedras y una vez que se llegaba a la cima se podía ver el mar. Sentí vértigo al verlo, sus proporciones no concordaban con la lógica de la realidad. El mar quedaba más arriba de nosotros inundando casi todo el cielo, pero no era una ola, se encontraba en calma. Y fue justo ahí donde al fin descubrí que estaba soñando, que era imposible que estuviera despierta

-Gorda vamos con los chicos a meternos al mar- me dijo Vale.

-No vayan ustedes, yo los veo desde aquí- siempre le he tenido miedo, no se porque y las pocas veces que me he metido me siento insegura y rápidamente busco como salir. La costa, la zona de confort, es donde a mi me gusta estar.

Yo tenía un mal presentimiento, tal vez porque acaba de descubrir que me encontraba en un sueño. Tenía miedo que mis amigos fueran a ese mar tan extraño, que yo no lograba entender, pero no dije nada y desde la punta de la cuesta los observe. Hasta que se convirtieron en pequeños puntos a lo lejos.

No había pasado ni cinco minutos cuando el agua de sal que tocaba la costa se empezaba a meter con más y más fuerza y el poco espacio de luz que emitía el cielo se iba ocultando con la gran ola que de por sí ya tenía un tamaño súmante estúpido e impresionante.

-¿Esto que es? ¿Un tsunami o que?- pensé. Pasa que cuando estás soñando por más consciente que estés, todo se siente como si fuera real, la alegría, el dolor, hasta el miedo se incrementa y te paraliza por más que intentes ser tú quien lleva el control de lo qué pasa. Estaba muy asustada, y la ola estaba a punto de estallar contra todo lo que había a mi alrededor, pensé en un segundo en mis amigos pero se encontraban tan lejos que yo no podía hacer nada al respecto. Sabía que era en vano correr pero aún así lo intenté, sin mirar atrás empece a escuchar la ola reventándose, gente gritando asustada, las personas corrían a mi lado. Y también las veía morir conforme avanzaba, niños, familias. Mi corazón latía con fuerza, había olvidado por completo que me encontraba en un sueño.

Empecé a llorar asustada sin saber qué hacer o para donde huir. No quería morir. A lo lejos observe a un hombre de 30 años sosteniendo una puerta enorme de un edificio de muchos pisos, le gritaba a la gente - ¡corran, suban rápido!-. No sé si eso en realidad tiene lógica, pero en el sueño era mi única opción, cuando corrí un poco más y lo observé de cerca, era él. No entendía que hacía en mi sueño, no entendía porque sentía una paz y tranquilidad a penas lo vi. Me miró y me dijo:

-Mariela, suba conmigo- me tomó de la mano y yo lo seguí sin decir una palabra. Tenía, en el sueño y en la realidad, una confianza ciega en sus palabras. Adentro la gente peleaba, se empujaba, parecía una lucha por supervivencia donde no importaba el otro con tal de subir. Muy parecido a ese terror que genera la vida misma.

-No los veas, solo sígame a mí, el agua ya está en los primeros pisos, si no subimos nos ahogamos- me dijo él mientras subía los escalones con rapidez.

Cuando estábamos en el cuarto piso el agua nos había alcanzado, sonaba en mi espalda su estallido constante, y unas personas que gritaban mi nombre. Entonces no hice caso, giré para ver y observé a mi mama y mi hermano intentando subir mientras el agua les cubría hasta el cuello. ¿Que hacían ahí? ¿Que estaba pasando?. Lo único que pensaba era en salvarlos, le solté la mano y recibí el golpe del agua directo.

Ahora todo era oscuridad, no encontraba a mi familia por ningún lado y eso me desesperaba, nadaba y nadaba en contra de mi propia salvación, si ellos morían ahí, yo quería morir también. Ya no tenía aire, mis pulmones estaban llegando al límite y mis brazadas cada vez se volvían más lentas entonces lo volví a ver a él jalándome del pie. Intentando sacarme del agua con toda su fuerza y lo logró. Cuando logre subir al último piso, que era la azotea. Me tire en el suelo, estaba completamente mojada y me sentía destrozada. Me levanté a buscarlo entre la gente, a darle las gracias por rescatarme. Pero ya no estaba y creo que nunca logró salir de ese peso que nos aplasto en los pisos inferiores. Miraba a mi alrededor y me encontraba sola, completamente sola entre un mar de gente desconocida, que lloraba o se abrazaba con sus personas cercanas. Entonces entendí que ahora estaba completamente por mi cuenta y lo único que pude hacer fue buscar una esquina y hacerme un puño ahí.

Cuando al fin desperté unos segundos después, estaba en mi cuarto, con la ropa completamente empapada del sudor, y mis ojos también, había llorado mientras soñaba y la desesperación que sentí seguía en mi cuerpo, no quería abandonarme. Como pude llamé a Valeria y le conté lo sucedido.

-Otra vez tuve la misma pesadilla-le dije

-Yo creo que ya esto no es normal Mari. ¿Fue exactamente igual?- me preguntó

-Si, todo y lo peor es que en el sueño no lograba recordar nada. Él apareció, ustedes, inclusive mi familia. Todos vuelven a morir, y solo él anda por ahí intentando salvarme. Pienso que tiene algo de lógica el sueño, fue él quien me salvo en la vida real de ahogarme y perderle el sentido a todo- le respondí

-Necesitas dejar de soñar con él. Eso te estanca y no permite que continúes con tu vida ni menos darle una oportunidad verdadera a alguien- me dijo Valeria

-Lo sé, así me siento cada vez qué pasa esto ¿sabes?. En mi diario vivir nunca viene a mi cabeza, pero cuando tengo esta pesadilla y despierto es como si no hubieran pasado meses y los sentimientos se vuelven reales. Toda la alegría, todo el amor, la entrega, la tristeza, el odio, el dolor… el maldito dolor. Cuando creo que es tema superado ahí está otra vez en mi inconsciente, a veces pienso que no estoy dispuesta a pasar por lo mismo, o algo parecido, una vez más y no es justo. No entiendo cómo pude quedar tan afectada-

-Te entiendo, eso que me dices se llama miedo porque tienes la herida fresca. No importa el tiempo que haya pasado, sino la intensidad en la que lo viviste-

-Odio que siga afectando mi presente, aunque yo luche contra eso- le dije

-Es que usted está haciendo las cosas mal. Todos estos meses ha actuado como si nada hubiera pasado, siempre sonriente, siempre alegre. Y la gente lo cree. Pero usted a mí no me engaña, yo sé bien lo rota que está.- me dijo en un tono preocupante.

-Vale… ¿a veces no desearías volver donde no habías perdido a nada ni nadie y te sentías completa?

-Si lo hago, pero alzo mi cabeza. Ahora sos vos la que deja ir a todos sin contemplación. ¿Porque me dejaste ir a mí también?- me dijo de forma directa

-Tal vez porque intento protegerme y cuando creo que algo no va a funcionar ya sea un amor repentino, o una amistad como la nuestra… simplemente me aseguro inconscientemente de que no funcione. Hay partes de mi que nunca recuperaré. Ni yo misma sé cuando empecé a odiarme- le respondí

-Nunca olvide esto que le voy a decir. Usted siempre, siempre va a poder hacer crecer un corazón nuevo. Usted no está condenada de por vida-

-Te amo.- le dije

-Aunque se vaya del país enojada conmigo, aunque ya no esté acá. Usted siempre va a ser mi mejor amiga… Sabe demasiado jajaja- termino riéndose

-Gracias es todo lo que puedo decir… E invitarte a venir a Berlín, por favor, por favor.- le supliqué

-Mmm…tal vez.- me respondió, siempre haciéndose la difícil.