Y es que habían sido una de esas noches adonde todos desaparecían, solo podía oír la voz de la lluvia que me llamaba a mi cama…

No había mucho que decir solamennte que había sido un día provechoso lleno de trabajo terminado pero al final del día solo quería platicar con alguien, tomarse un café y ser feliz; pero simplemente estaba ahí en su pequeño sillón esperando un mensaje… de nadie!

No, no había nada pero aún así no quería sentir la soledad, había perdido el apetito y no quería dormir.

Mañana era un día lleno de movimiento que quien sabría que traería, correr y correr… sólo necesitaba una sonrisa y decirle su gran secreto y bonito para poder sentirse plena y llena de vida.

Las cargas de la vida eran su peor lucha todos los días, hacían que olvidara las verdaderas razones para vivir y no recordara nada.

Siguió pensando toda la noche en su sillón para pasarse y pensar todo el resto de la madrugada desde su cama.

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