Un encuentro entre lluvias

Elías de 3 años es un niño del campo que desde muy chiquito vive en Cieneguilla con su mamá. Aprendió a gatear entre los cultivos, a caminar junto a las acequias, y a correr de la mano de los animales de la granja. La casa en la que vive tiene acceso al río, y para Elías, este es uno más de sus patios de juego.

Los huaicos vienen afectando la zona de Cieneguilla de sobre manera, chacras y casas han sido arrasadas por la fuerza del agua. Debido al peligro, la mamá de Elías lo deja en casa de una tía que vive en una zona más alta, porque el río ha crecido tanto que no puede tener al niño con ella. Sin embargo, después de unos días Elías vuelve a casa y lo primero que ve cuando llega es el río grande y ruidoso, que ha ganado mucho terreno. Sorprendido abre los ojos y con el poco vocabulario que tiene expresa lo que todos están pensando: “¡Río!” “¡Llevó!” “¡Chacra!”. Repite estas frases una y otra vez, impresionado y asustado.

Ese día tengo la oportunidad de visitar a Elías, y lo cuido mientras su mamá trabaja. Lo veo recoger piedritas y palos del camino y llevarlos a la acequia, que en ese momento tiene un poco de agua. “¿Qué haces Elías? — Le pregunto — ¿Para qué son esas cosas?” Elías me responde: “Río” “Agua no pasa”. Y con las mismas se dispone a armar una fortaleza en el borde del río, repitiendo “agua no pasa”. Sorprendida me doy cuenta que está intentando detener el río, crear una barrera para que no siga avanzando. Está haciendo lo que ve a los trabajadores de la chacra hacer; defender sus tierras poniendo piedras en la ladera del río.

Esta escena me deja conmovida, impresionada, y pensando en la sensibilidad de los niños, cómo realmente se dan cuenta de todo a su alrededor, se angustian como los adultos, y necesitan que se les explique lo que está sucediendo sin alarmarlos, pero diciéndoles la verdad. La explicación de los hechos los puede calmar, ya que ellos igual crean sus propias versiones de la realidad que muchas veces pueden ser más aterradoras que la realidad misma. Por otro lado, me doy cuenta de la importancia del juego como herramienta para procesar lo que sucede a su alrededor y para intentar cambiar su mundo externo.

Elías, al jugar que construye una barrera para el río, se siente útil. Está poniendo su granito de arena, intentando cambiar el mundo de huaicos que tanto lo angustian a él y a los adultos que lo rodean. Lo animo a seguir jugando y se queda cerca de una hora en el mismo juego; concentrado, y contento.

Nuestro país está sufriendo. Por todas partes vemos los desastres que ocasionan las lluvias y los huaicos. Mucha gente está solidarizándose y ayudando con donaciones, o con su propio trabajo: limpiando casas, rescatando animales o incluso personas. En esta crisis nacional no nos olvidemos de los más pequeños, y de cómo les afecta a ellos también lo que está sucediendo. No dejemos de hablarles y explicarles la situación. No dejemos de atender a los niños de las zonas más afectadas quienes necesitan más que nunca palabras comprensivas y compañía en sus juegos.

Publicado originalmente en Acunnare. Espacio para padres.

Like what you read? Give Mariana Guerra-Garcia Novak a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.