Unos llegan y otros se van…

Es así por Paloma Valdivia

Algunos ya partieron
 El gato del vecino, la tía Margarita,
 el pescado de la sopa de ayer.
Otros llegarán.
 Unos han sido pedidos,
 otros vienen sin preguntar.
Los que estamos
 lloramos a los que parten
 Es bonito recordar.
Los que estamos
 nos alegramos por los que llegan.
 Hacemos bienvenidas,
 nos gusta celebrar.
Hay un instante en que los
 que se van y los que vienen
 se cruzan en el aire.
 Se desean felicidad.
Es Así.
Los que parten no
 saben su destino.
 No depende del viento
 ni de la edad.
Los que vienen tampoco lo saben.
 Son cosas de la vida, dicen, del azar.
Es un misterio de dónde vienen
 y a dónde van.
Los que estamos, aquí estamos.
 Es mejor disfrutar.
No sabemos cuándo, pero los que llegan
 También un día partirán.
Es así
 como la primavera sigue al invierno,
 unos llegan y otros se van.

“Es así” no es un poema. En realidad es un cuento, es más, es un cuento para niños. Pero cuando lo leí por primera vez no pude evitar sentirme identificada. Lo leí cuando estaba terminando mi internado de psicología, después de un año de compartir experiencias con un grupo de personas a las que llegué a querer mucho, estaba diciendo adiós y me estaba costando más de lo que creía.

La vida es un sólo de adioses, una constante despedida, un contínuo cierre, un contínuo duelo. Nos despedimos de objetos, como nuestro chupón o nuestra mantita cuando somos bebés; de animales, como la mascota que tuvimos por muchos años; nos despedimos de experiencias, como el viaje que hicimos a ese lugar que nos gustó tanto; de etapas; de lugares; de dinámicas y de personas. Toda despedida tiene su dificultad, sea de la índole que sea, pero quizás, la más difícil de todas es la despedida de otra persona. Ya sea porque el otro muere, o porque se va de viaje, o porque se dan desencuentros, o porque es una relación de pareja y se termina… Despedirse es doloroso.

Los duelos, en algún sentido, son como las piernas rotas. Nadie pretende que juegues un partido con la pierna rota, ni que puedas caminar con facilidad. Tienes que descansar la pierna, esperar a que sane y este proceso se da lentamente. Una vez que empiezas a mejorar y ya puedes caminar, igual duele si te golpeas la herida, o si das un mal paso. Pero llega un punto, después de un tiempo que varía de personas a persona y de caso a caso, en el que puedes caminar y ya no duele. Mejor aún, tu pierna está más fortalecida que antes.

Vivimos en una sociedad en la que llorar es visto como un signo de debilidad, exteriorizar el dolor es algo negativo y angustiante para los que nos rodean. Sin embargo, la tristeza y la rabia son emociones por las que se debe transitar para seguir avanzando. Llorar es completamente válido y necesario. Una vez que transitas por esas emociones desoladoras, llegan otras emociones distintas y menos sombrías. El problema no es “estar en duelo”, el problema es no transitar por él, traiga lo que traiga.

Todos los duelos son distintos y el proceso varía de persona a persona. Sin embargo, las despedidas son parte de la vida, parte de entender que somos mortales, prescindibles… Entender esto, por más doloroso que pueda ser, nos da herramientas para empatizar con el sufrimiento del otro, con las emociones más profundas de los demás… Nos hace valorar a aquellos que se quedaron, que no dijeron adiós; nos hace valorar la vida y las relaciones humanas; nos hace valorar el día a día y las pequeñas cosas que nos dan alegría. Decir adiós es una experiencia importante, que reestructura nuestra perspectiva de vida.

Hace poco vi un Ted Talk con Hernán Casciari (Una foto con mi padre) en el que, el célebre y muy genuino escritor, cuenta su experiencia y elaboración con respecto a la muerte de su padre. Todo surge cuando ve una foto, luego de cinco años evitando ver imágenes que le traigan recuerdos de su papá. Esta foto le permite llorarlo, realmente llorarlo… Repito, después de cinco años. Me quedé preguntándome dos cosas. Uno, ¿cuánto puede durar un duelo como para que una persona se demore cinco años en llorar a otra? Y dos, ¿cuán intenso e importante puede ser el duelo como para escuchar una charla entera sólo sobre este tema? ¿Y encima de SU experiencia personal? ¿Qué tiene que ver eso conmigo? ¿Con el resto de personas que estaban en esa sala?

Llegué a dos conclusiones. En primer lugar, los duelos son únicos y varían de persona a persona. Lo que a una le puede tomar unos días o unas semanas, a otra le puede tomar años, y esto no es un signo de debilidad. Los duelos dependen de muchos factores y si algo es sano, es la capacidad de hacer un duelo y de transitar por las emociones que suscita. Es de valientes y toma el tiempo que tiene que tomar. Los duelos no se juzgan. En segundo lugar, la experiencia de decir adiós y de perder a alguien es humana y justamente por eso genera interés. No hay nadie en este mundo que no tenga que pasar por eso. No necesariamente porque perdió a un ser querido o porque se separó de una pareja, pero se hacen duelos por experiencias menos notorias e igual de difíciles. El paso al nido, el paso del nido al colegio, del colegio a la universidad, el dejar de ser niño para ser adolescente, sueños que no se cumplieron y hay que decir adiós, amigos que se fueron a otro país, etc y etc. Es por esto que Casciari puede dar una charla de 20 minutos sobre su experiencia de duelo y todos nos vamos a sentir relacionados y más aún, acompañados en nuestro dolor.

El dolor es inherente al ser humano, pero también lo es la adaptación, la resiliencia. Después de un tiempo, esa pena se va, se diluye y da paso a nuevas emociones y experiencias que vuelven a llenar el corazón de esperanza y encuentros. La vida está llena de adioses, pero también de holas, de bienvenidas.

Unos llegan y otros se van.

Como dice Jorge Drexler

Tu corazón va a sanar
 Va a sanar, va a sanar
 Y va a volver a quebrarse
 Mientras le toque pulsar

Porque finalmente…

(…) morir, también es ley de vida
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