Para papá: “Un corazón roto”

“Las desilusiones siempre nos dejan su magia, nos obsequian un aprendizaje y depende de nosotros tomarlo o dejarlo. Una ruptura amorosa de la nada, llanto a toda hora, traición, nostalgia, tristeza extrema, despertar pensando que es el fin de tus días; y luego alguien te hace reír otra vez, la ilusión te atrapa por sorpresa, toma los pedazos rotos de tu corazón y te devuelve la esperanza.

Bien, eso es algo que puedes superar cuando se trata de tu pareja, pero, ¿cómo convives con un padre ausente y todo el desamor que te ha dejado cada año de tu existencia? Quizás esperes una respuesta positiva de mi parte pero no la hay, quiero decirte que de eso jamás te recuperas; verás como toda esa decepción acumulada se proyecta en cada aspecto de tu vida, a veces algo disfrazada pero siempre está ahí. Yo he intentado comprenderlo, sostener toda esta mentira de que a pesar de todo lo que no me dio, aún seguía siendo mi padre y le debía alguna clase de respeto, quise salvarlo de su ignorancia ancestral y tal vez liberarlo de su egocentrismo pero de nada sirvió.

Así que tuve que aprender a convivir con su fantasma, con sus caprichos, con su manera tan errada de ver las cosas, con su interés repentino a cambio de algún favor, con sus manías idiotas de creerse superior al resto, con su falsedad, con sus ironías a destiempo y esas charlas de sobremesa donde le encanta ser el centro de atención. Tuve que aprender a sobrellevarlo para aliviar tanto dolor o la depresión me sometería por siempre, tuve que hacerme fuerte de la nada para no derramar lágrimas en vano, tuve que lidiar con la soledad cada minuto desde que tengo memoria para no perder el amor propio, tuve que matar el impulso de gritarle todo lo que pensaba antes de que ese estallido interior me destruyera por completo.

Seguramente toda la escoria que inunda su cabeza le diga en un susurro:”ella te lo debe todo”, y tiene razón, le debo todo lo que soy y en lo que me he convertido. Le debo mi soberbia con el mundo, porque sus falsas promesas me dañaron el lado humilde que me quedaba y mi sed de justicia es lo que me alimenta a diario; le debo todos mis logros, porque su no presencia en cada uno de los momentos más importantes de mi vida me destrozó el corazón y me enseñó a reconstruirlo con esmero y dedicación; le debo mi independencia, porque su falta de apoyo moral y económico me impulsó a buscar mis propios horizontes; le debo mi mal humor constante, porque cada uno de sus gritos ha quedado incrustado en mi cerebro y me ha quitado la capacidad de sonreír; le debo mi fortaleza, porque sus humillaciones me mostraron que las debilidades no deben ser mostradas ante quienes quieren pisarnos la cabeza; le debo mi falta de demostración afectiva para quienes me importan, porque no sé lo que es recibir un abrazo de su parte; le debo mi desestabilidad emocional, porque ha jugado con mis sentimientos y emociones desde el segundo en el que comencé a respirar.

Es cierto “papá”, yo te lo debo todo, es por eso que quiero darte las gracias y decirte que has sido el primer hombre en romperme el corazón. Cada vez que me ignorabas, yo lloraba a escondidas por un poco de atención; cada reunión de colegio a la que no fuiste, me sometía a una desilusión de la que aún no me desprendo; cada beso de buenas noches que no me diste, me hizo menos dependiente; cada mentira que pronunciaste, me mostró a la persona en la que no me quiero convertir jamás.

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