La epopeya de tener un accidente con un Glover: mensajeros, autónomos y precariedad

Mucho se ha hablado ya de los problemas de las Startups de mensajería rápida a domicilio. Glovo, Deliveroo, Uber, etc. La precariedad de sus empleados contratados bajo un modelo de autónomos sin ningún tipo de estabilidad. Hace pocos días, los sindicatos pasaron a formalizar sus denuncias, mientras que en Reino Unido los tribunales daban la razón a Deliveroo: sus riders no son empleados. Desde luego, a falta de legislación al respecto, cualquier opinión es potencialmente válida a sobre los falsos autónomos. Sin embargo, me gustaría tratar uno de los defectos del dicho modelo: la responsabilidad civil. Con un caso práctico, una historia reciente.

El accidente

Yo personalmente soy fan de los motores, incluyendo las motos. Además de tener cierta pasión por ellas, creo que es un medio de transporte perfecto para una ciudad como Madrid. Y estirando el calor del verano, allá por octubre, me encontraba dando un paseo por el centro, imagínense algo así:

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Bueno, en realidad no iba muy rápido como en el GIF. El suelo pavimentado de las calles de Tribunal no tienen fama de tener una adherencia brutal, además, estaba disfrutando del paseo (para una vez que llego puntual). Hasta que en un cruce con poca visibilidad, una mensajero en bici, un glover, se salta el ceda al paso a toda velocidad y pasa lo inevitable: chocamos, y al suelo los dos.

Sin tener ninguna intención de probar el grado de deslizamiento del asfalto, pasas de ver el baúl amarillo de Glovo a ver un bolardo de hormigón muy cerca de tu cara, mientras que la moto va por su lado (igual que en el GIF). Llega el momento de shock, te alegras de llevar ruedines (topes anticaída) en una moto de adulto, ves que tu rodilla está entera y que el público curioso te empieza a rodear y a preguntarte qué tal. Te incorporas, levantas la moto y cuando vas a echarle la bronca al ciclista, se te adelanta y te pide disculpas… Comó te vas a enfadar.

Una vez que la integridad personal ya no está en riesgo, te preguntas cómo proceder cuando te atropella una bicicleta. Te das cuenta de lo ridículo que es que el perjudicado sea el vehículo grande, de 200 kg. Estaba claro que ya no iba a tener un chaleco de SAMCRO. Así que llamo al seguro, pido indicaciones y me ofrecen realizar un parte amistoso de accidente. Finalmente, la grúa se lleva la moto, Glovo reparte la comida fría y yo voy andando, con el casco en la mano, triste a mi restaurante preferido.

Seguros, burocracia y Community Managers

Aquí viene la parte aburrida: taller, peritaje, hablar con el seguro, hablar con el seguro de nuevo, preguntar al ciclista si tiene algún tipo de seguro y por supuesto encontrarte con esta respuesta:

Sin asegurar. En algunos casos, un seguro de hogar cubre la responsabilidad civil, pero en nuestra tragicomedia, el ciclista no dispone de ningún producto moderno de seguro. Quizás señal de la posible precariedad de estos puestos de trabajo. Y en ese preciso momento (en realidad dos semanas después), tu aseguradora, te pregunta a quién le envía la reclamación. Y en ese momento, haces lo que cualquier milenial, tweet de queja a Glovo y pasas a enviarte mensajes privados vía redes sociales. Y de repente, un Community Manager te gestiona una reclamación, hace de intermediario entre el departamento legal y tú. Genial. Recibo las instrucciones y el paso final es enviar la reclamación a la compañía aseguradora de la empresa. El primer paso siendo la declaración de insolvencia del ciclista.

Y aquí es cuando sospechas que todo va demasiado bien. ¿Por qué Glovo se iba a hacer cargo de un error de uno de sus autónomos? Legalmente no están obligados. No ha sido Glovo quien se ha saltado las normas del tráfico, ha sido el mensajero. Y ahí está la clave. No se hacen cargo. Cuando la reclamación llega a la aseguradora de Glovo, se hacen los suecos.

Captura de pantalla del momento exacto en el que se te rompe el corazón

¿Qué significa: “no tienen antecedentes del siniestro”? Así que de vuelta al canal de comunicación oficial de Glovo, Twitter, se me ocurre preguntar otra vez por DM. En un despiste del Community Manager, que estaría de vacaciones, me responden que escriba al correo de soporte de los Glover (los ciclistas), no sin antes cambiarme de sexo (entendible, Marian es nombre de chica, pero ya había feeling y nos conociamos). Y finalmente me indican que me ponga en contacto con ellos vía App. Y de repente, el departamento de Marketing se separa del Legal. De repente han pasado casi 3 meses y la respuesta final es que te hagas repartidor de Glovo para que te atiendan.

Conclusión y dilema

Resultado: una contusión en el hombro, chaqueta y casco perdidos, la moto en el taller y un par de meses de frustración. Y aún así es un resultado muy positivo. Pero, en caso de no tener tanta suerte, ¿a quién reclamas los gastos médicos de un accidente mucho más aparatoso?

Evidentemente, el daño potencial causado por un vehículo de motor es mucho mayor que el de una bicicleta. Y por lo tanto es muy coherente la obligatoriedad de un seguro de responsabilidad civil en vehículos como una moto o un turismo. Pero lo preocupante es encontrarnos con puestos de trabajo sin ningún tipo de protección. El uso de la bicicleta no implica ignorar las normas de circulación o desarrollar un serio problema de civismo. Bajo riesgo de convertirnos en un estado donde los accidentes de tráfico se resuelven en los tribunales. O peor, condenar al ostracismo a los ciclistas y priorizar lo material a la vida humana.

Y volviendo a las empresas de mensajería, como opinión personal, deben tener un papel algo más proteccionista con sus repartidores. Al fin y al cabo son el elemento clave de su modelo de negocio.

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