Qué fue lo DIY?
Por Mariano Alvarez
Ambos, mi amigo Luis y yo, hacíamos fanzines y a la vez que hacíamos música… mientras tanto… también hacíamos la distribución de lo que creábamos… y ya que estábamos también publicitábamos nuestras producciones… así nos movíamos y nos relacionábamos en los suburbios de la cultura.
Un día mi amigo me dijo que sus dibujos hecho a mano sobre objetos retros como vinilos y cassetes los estaba viendo en remeras de marcas conocidas y no le quedaba otra que entender que esas empresas lo habían plagiado. En aquel momento no encontré el modo de entender lo ocurrido ¿Como esas grandes empresas podrían haberse topado con los dibujos de Luis? Hoy quizás puedo agregarle a ese episodio algunas lineas explicativas como las que vendrán ahora pero a la vez deseo dejarlo sin resolver como un misterio mas de todo esto.
Mis primeras codeadas con lo diy (do it yourself/hazlo tu mismo) fue sin duda a finales de los años noventa. Todas las expresiones estaban atravesadas por esta idea que podría identificarse con el hecho de ser independiente o autogestivo, y no sólo se refería a un proyecto individual (fanzine) sino grupal (banda) o colectivo (distribuidoras, sellos y diferentes tipo de asociaciones entre proyectos). Esa autogestión era el planteo alternativo al capitalismo dentro del submundo creativo al que pertenecíamos.
Preguntarse ¿Que fué lo diy? no es dar por muerta esta idea. Si bien la autogestión como idea está viva, ese slogan contracultural ha encontrado la reinterpretación desde el lado neoliberal.
Haz algo. Googlea el término diy. La actividad de googlear puede ser siempre un ejercicio que trasciende la búsqueda misma de contenido para encontrar otras ideas como la que les voy a contar en este momento.
Si Googleas diy aparecen decenas de blogs de decoración o diseño de interiores explicando el concepto retomando los inicios de la subcultura punk, o a Duchamp sobre el collage y el arte de vanguardia. Dicho relato teleológico solo pretende explicar la existencia de tales blogs, plantean un continnum histórico coherente pero artificial, creado a partir del fin que desea explicar.

Estos relatos, reproducidos por miles y leídos por millones, no se detienen en el gran detalle del modo en que el capitalismo ha absorbido el slogan do it yourself utilizándolo a su favor y planteándolo en téminos empresariales como emprendedorismo y en una herramienta que logra invisibilizar la idea de que lo que produzcas a partir de tu arte o creatividad es exactamente lo mismo que cualquier otra mercancía capitalista. La proliferación de workshops (acerca de absolutamente todo) y tutoriales, o comunidades de emprendedores creativos al estilo Coursera, Skillshare, Crehana, domestika, etc, asi lo comunican.
Estas ideas se encuentran en el libro El nuevo espíritu del capitalismo. Sus autores, Boltanski y Chiapello, llaman “crítica social” a aquella que enfatiza la desigualdad de ingresos y la injusticia de la pobreza. Esta cítica y las amplias demandas de justicia social se encontraron con concesiones que ampliaron la flexibilidad y la autonomía de los empleados individuales. Así que a medida que más trabajadores encontraban sus vidas cada vez más precarias y sus ingresos inestables, se les animaba a disfrutar de su libertad casi bohemia y maximizar las oportunidades que les brindaban esas condiciones: ¡Trabajar desde casa! ¡Experimenta con diferentes carreras! ¡Colabora con tus amigos!. De esta manera, el capitalismo podría recuperar la protesta social y extender su lógica aún más en la vida cotidiana, normalizando la idea de que todas tus pasiones y afiliaciones deberían ser productivas y generar dinero. Ahora los trabajadores son reconceptualizados como emprendedores visionarios a los que se alienta a actualizarse a sí mismos, desarrollando tantos aspectos de su identidad y saber venderse para sobrevivir.
Este espíritu lejos está del de los inicios del do it yourself, el cual aún persiste en las subculturas underground. Pero veamos entonces como es que podemos pensar en su origen.
Se suele encontrar el inicio del diy como un valor de independencia y autogestión en el punk y los medios comunicativos creados por ellos mismos como los fanzines, esta prensa punk y alternativa demostraba que la ropa y la música no lo era todo. Los fanzines eran revistas editadas por un individuo o un grupo y estaban compuestos por reseñas, editoriales y entrevistas con punkies. El lenguaje en el que se enmarcaron era de la clase obrera y los errores de máquina de escribir, las faltas de ortografía y gramática junto a la compaginación confusa quedaban a la vista sin corregir o solo se tachaba forzando a que el lector deba descifrar en clave punk. Hebdige dice que todo daba una sensación abrumadora de urgencia e inmediatez.

Por su parte, el estilo gráfico y tipográfico eran homólogos al estilo subterráneo y anárquico del punk. Los dos modelos tipográficos fueron el graffiti y collage, al estilo nota de secuestro en la que se pegaban letras sueltas recortadas de diversas fuentes. El ejemplo mas representativo de esta estética es el de la portada del disco “God save the queen” de Sex pistols.
Mark Greif en ¿Qué fue lo Hipster? habla acerca de la “subculturización” del capitalismo consumista de los ochenta que reflotó lo que se denomina el post-punk, subcultura cuyo ethos se asociaban al punk y al diy asociándose a lo alternativo e independiente. Aquí es donde la vieja idea de alternancia a lo hegemónico encontró su slogan, y aquí está aquello que nos llegó a mediado de los noventa a mí y a mi amigo.
Mientras algunas contraculturas pretenden ser parte de la cultura hegemónica para ampliar derechos como es el caso del feminismo, algo semejante ocurre a la inversa. Algunos elementos contraculturales han sido convertidos en principios o valores que, utilizados por la cultura hegemónica, distorcionaron su valor de origen. Es decir que la resignificación es desde ambos sectores, como vimos en ¿Los hijos de Marshall? uno cambia el uso (signo, sentido, significado) que se le da en el mercado tradicional, mientras que el otro lo convierte en objeto de consumo tal como un anteojo nerd o los mismos vinilos, objetos que el hipster actual se apropió teniendo en cuenta que es el representante del bohemio de la clase acomodada consumista (tema próximo a desarrollar).
Quien nuevamente es clave en el cierre de estos planteos es Hebdige, él explica que “la conversión de signos subculturales (vestuario, música, etc) en objetos producidos en masa (es decir, la forma mercantil)” es uno de los procesos de recuperación que lleva a cabo una cultura hegemónica frente a aquello que la contradice. Por eso cuando estos elementos, como por ejemplo el slogan do it yourself, se convierten en mercancía y son puestos al alcance de todos quedan inmovilizados. Arrancados de su contexto se hacen masivos y comprensibles por todos, y en consecuencia, lo ideológico se hizo comercial.
No creo que esto responda el misterio de los dibujos de mi amigo, pero aquel episodio que aun tengo en mis recuerdos me sirvieron para entender un procesos cultural que ocurre a menudo en el que lo significativo deviene en cool.
Hebdige, Dick. Subcultura
Greif, Mark. ¿Qué fue lo hipster?
Boltanski Luc y Chiapello Eve. El nuevo espíritu del capitalismo.
Originally published at subculturaxx.blogspot.com on September 1, 2018.
