Hospitales violentos: crecen los ataques y la inseguridad

El fenómeno se da tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en el Conurbano. Los profesionales de la salud se sienten desprotegidos.

Miedo. Impotencia. Angustia. Ansiedad. Vulnerabilidad. Esos sentimientos son los que primero vienen a la mente de los médicos, enfermeros y auxiliares cuando son cuestionados acerca de que les producen las situaciones de peligro que les toca vivir todos los días en su lugar de trabajo.

Según un estudio realizado por la ONG Defendamos Buenos Aires, en Capital Federal y el Gran Buenos Aires la violencia ha crecido un 25% durante el año pasado, cuando se dieron, en promedio, 14 episodios de este tipo por semana, es decir, 2 por día. Las alarmantes cifras, que siguieron in crescendo durante el 2017 según la misma organización, contemplan agresiones que van desde malos tratos, insultos y amenazas hasta ataques con objetos contundentes y armas blancas, pasando por golpes de puño, patadas o palizas, de parte del propio paciente o bien de los familiares y amigos que lo acompañan.

Una gran porción de los incidentes surgen cuando concurren a atenderse a los diferentes centros médicos delincuentes, ya sea heridos de balas o con lesiones graves. Esto se debe a que en la mayoría de los nosocomios no hay personal policial, y la escasa seguridad privada no controla el ingreso. Es así que esta realidad provoca que se sientan tan poco contenidos los trabajadores de la salud. De hecho, el informe también reveló que la intranquilidad permanente es el segundo motivo de baja de personal médico.

Omar Taboada hace más de 20 años que es enfermero. Actualmente trabaja en el Centro de Atención primaria de la Salud (comúnmente llamado salita) de Barrio Parque de Florencio Varela. “De repente vinieron dos pibes y tiraron un cascote sobre la ventana que explotó. Cuando abrí la boca para gritar `pará!´ me tragué un pedazo de vidrio” comentó el licenciado. “Terminé pidiéndole a Dios que el vidrio no me dañe el estómago” agregó.

Franco Gam, estudiante de medicina, estaba haciendo una residencia en el Hospital Isidoro G. Iriarte de Quilmes, donde además de formarse en la práctica clínica, vivió en primera persona algunos momentos de alto riesgo de las guardias nocturnas: “Un chico se despertó de un coma alcohólico y empezó a revolear piñas para todos lados y a amenazarnos. Tuvimos que sostenerlo mientras mis compañeros llamaban a la policía”. Pero la peor parte se la llevó una de las enfermeras, a quien el paciente llegó a golpear. “No se quiso acercar más, se quedó con miedo” declaró Gam.

Intentando resolver este problema que por momentos parece ir tornándose crónico, la gobernadora de Buenos Aires María Eugenia Vidal lanzo el pasado 3 de mayo el Plan Integral de Guardias hospitalarias, que contempla 43 hospitales bonaerenses con una inversión de $1100 millones de pesos y pretende un crecimiento de 20% en las consultas con el cual llegar a 10 millones de personas. La propia gobernadora destacó la importancia de “cuidar a los médicos que muchas veces son agredidos” en el acto de presentación de las obras. Sin embargo, en los centros no contemplados por el plan la situación continúa igual de dramática. “La falta de recursos produce en la gente violencia, que descarga en el que está atendiendo, que en este caso sería yo” alegó Taboada. “Le das la receta y no le das el ibuprofeno, y eso ya genera violencia, más en las zonas pobres”. La entrega de medicamentos en este tipo de salas trae aún más problemas, ya que hay gente que los pide para luego revenderlos: “Ya vieron como es el yeite, entonces vienen y te exigen, y si no les das ejercen violencia” acusó.

Además, la falta de personal policial e ineficiencia de la seguridad privada en los hospitales de zona sur agrava el flagelo de la inseguridad. “En Florencio Varela hay 35 centros y solo 4 tienen presencia de policías” detalló el enfermero. “Nosotros ahora contamos con dos policías locales, pero llegan a las 11 o 12 de la noche y yo arranco a las 7 de la tarde. Estoy cortando clavos 4 horas solo”.

Lo mismo ocurre en la Ciudad de Buenos Aires, incluso en el Hospital de Niños Ricardo Gutierrez. La Jefa de Guardia, la doctora Patricia Stach arguye que los 10 agentes de seguridad privada que custodian el establecimiento no alcanzan: “Cada vez hay más casos de robos”. De igual manera piensa la doctora Brenda Castiñeira, quien trabaja en el Hospital General de Agudos Dr. Juan A. Fernández, quien relató: “Familiares enojados porque el paciente estaba muy grave quisieron pegarle a médicos residentes de guardia que les habían explicado el cuadro, teniendo estos últimos que encerrarse en un cuarto para protegerse. El agente de seguridad del hospital, que no está armado, decía que no podía hacer nada”

Por tratarse de un centro de salud pediátrico, en el mencionado Ricardo Gutiérrez los niveles de violencia de parte de pacientes y familiares hacia el personal son algo más bajos, pero aun así suponen un trauma para estos últimos. “Hay episodios de malestar por la espera que pueden terminar en insultos al personal de forma individual o a la institución en su conjunto” señaló Patricia.

Así, en lo que se refiere a las sensaciones que traen este fenómeno hay unanimidad entre todo aquel que trabaje en un establecimiento de este tipo. “Durante esas experiencias sentís mucha impotencia, de no poder resolver cosas que tendrían que ser resueltas desde otro lugar-dijo Omar- y bronca porque uno es un laburante, y ellos no lo entienden”.

“La sensación es de desprotección e impotencia. Genera angustia por más de que uno trate de ponerse en el lugar del paciente y sus problemas, te provoca temor, molestia y ansiedad” manifestó la doctora Stach. Coincide también la doctora Castiñeira, quien aseveró: “Me siento impotente, vulnerable y desprotegida. Lo veo injusto, además”.

Al ser cuestionada sobre el tema, la licenciada en Psicología Paula Herrera explicó que cada uno reaccionará diferente ante este tipo de situaciones, de acuerdo a los recursos simbólicos que posea para enfrentarlas. También advirtió que “si una persona va a trabajar con miedo todos los días, probablemente se sienta en un estado de alerta permanente”.

A la hora de pensar en una solución o una salida para este preocupante conflicto, ninguno de los trabajadores hospitalarios duda de que es ineludible el aumento del número de personal de seguridad, como así también una mayor presencia policial en los nosocomios, más que nada en las guardias. Mientras tanto, las doctoras del Hospital de Niños demandan, además, la disminución de los tiempos de espera y la optimización del servicio burocrático, ya que muchas veces los pacientes deben hacer las filas de admisión, SIGEHOS (Sistema de Gestión Hospitalaria) y Orientación antes de hacer la de la guardia. Por último, la doctora Castiñeira va un poco más allá y cree que el cambio ha de ser profundo, y debe provenir tanto del Estado como de las personas. En la misma línea piensa el licenciado Taboada, quien sostuvo que “Esto se está pudriendo porque ya son dos generaciones las que vienen naturalizando la violencia”, para luego pedir educación y concientización de lo que es el trabajo para aquellos que son violentos por haberse criado en un medio de esas características.