La tendencia de vivir apasionado

Si tuviera que describirme en una palabra, definitivamente dijera que soy «un enamorado».

No me mal interpreten, si escogí esa palabra no me voy al ámbito de relaciones, o como el típico estereotipo de la jerga salvadoreña de los grupos de amigos, el que siempre «se encula.» Si escogí esta palabra, es por qué suelo ser una persona sumamente pasional, claro… con las cosas que me gustan. Y es que recuerdo que desde pequeño me gustaba cosas algo fuera de lo normal, como dibujar (Y es que me encantaba dibujar cosas como ojos, cabellos, atardeceres.) y tanto entusiasmo le metía, que ya sea en horas de clase o horas de recreo, dibuja como una manera de expresarme a los demás.

Y por supuesto… como toda pasión, con lleva a cierta parte negativa.. Recuerdo que era el «rarito» de la clase, era demasiado tímido como para iniciar una conversación, y de lengua demasiada corta, si es que se animaba alguien a hablarme, de mantener una conversación, y pues en ese entonces, no era un «enamoradizo» del arte de socializar (haha y raramente lo fui los siguientes 10 años.), pero es que como etapa de mi niñez, recuerdo con mucho amor y pasión los dibujos que hice en ese entonces.

Desde eso mi madre observó, lo «especialito» que era su hijo, me moldee según mis necesidades de dibujar y hice pocos amigos, en su mayoría mucho mayores que yo, el cual nos entendíamos por este apasionante arte… pinceles, lápices B1,B2,B3, papeles especiales, pinturas acrílicas… pero como toda pasión cual un amor de verano, fue fulminante y efímero, y no dura más allá de mi adolescencia.. Encontré otro «amor» al cual me enamore y apasione de igual manera.

Sinceramente no me apena decirlo, y no me las quiero llevar de especial.. Pero no tuve una adolescencia cualquiera. Una etapa tan turbulenta y confusa como la adolescencia, en la cual tu mente ya es capaz de percibir ciertos detalles que antes ignorabas, te pueden definir mucho en esos años.

Y es que tuve 2 «enamoramientos» que definieron esas hilarante etapa… una chica que conocí, bueno, de hecho nunca tuve más de 5 palabras con ella, y pues mi enamoramiento al mundo o cultura oriental (y todo lo que conlleva.)

Recuerdo con especial cariño a aquella chica, no por qué en realidad haya tenido algo con ella, si no por qué me hace pensar lo inocentes y puros que somos algunos con el concepto de «enamorarte.» ¿Quién no se identifica con sentir cierto nervio-emoción al saber que estás en la mismo salón que esa persona? ¿o qué una canción ligeramente te recuerda a esa persona.. Y vuelas?.

Vueltas da la vida, y que vueltas, suelo ver a esa chica muy a menudo en una de mis cafeterías preferidas, y hasta me ha atendido y reconocido, nada queda de aquella percepción que tenía de ella, y es que como dije anteriormente, fueron unos 4 años fulminantes en mi adolescencia.

E igual me pasó con mi fanatismo exhortado a la cultura japonesa (y me apena decirlo.. Lo siento mama, por ser algo loco.), pero solía vestirme de «Cosplay» (disfrazarse de ciertos personajes de anime.) o jugar a cierto juego de moda en su momento.. Vaya que mi mama te al por qué preucoparse, aún que eso sí, no le daba problemas con él alcohol o cigarrillos… hasta su momento.

¿Se pueden imaginarse a alguien tan falto de la realidad, y nada consciente de su entorno entrando a la univesidad?, pues ese fui yo, con mis inseguridades (falte a todo el curso de verano, por pena a socializar) y mis demonios (era extremadamente raro.. Y vaya que lo era), y es que en esa etapa tan reciente y a la vez tan distante, tuve una serie de «enamoramientos», y esta vez sí sentimentales, que me terminaron de forjar para bien… pero vaya que aprendí con «zopapos».

Y si es que han dado con la tendencia de mi vida, es que si suelo enamorarme fulminantemente de mis pasiones, pero suelo aburrirme y quedarme a veces con lo efímero que parecía al principio.

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