Belo Horizonte, pura urbanidad

Viajamos a esta intensa ciudad de Minas Gerais que se presenta como alternativa a los tradicionales puntos turísticos brasileños favoritos de los argentinos. Fútbol, comidas típicas, espacios culturales, museos, arquitectura con el sello de Niemeyer y salidas de bar en bar forman el plan de los belorizontinos para tentar a los viajeros.

Por Mariano Pizarro para Buenos Viajes

A primera vista, Belo Horizonte se muestra apacible y de calles ordenadas. Son las siete de la tarde, y los bares de la zona céntrica están repletos. Los más jóvenes beben cerveza, conversan y escuchan música; otros simplemente se sientan a charlar o ver espectáculos en vivo. No son lugares cualquiera: los belorizontinos se precian de vivir en la Capital Nacional de los Bares –junto con restaurantes y cafés suman unos 12.000- y les dan un nombre especial: butecos.
Un vendedor ambulante prepara una tabla de embutidos y ofrece sus productos a quienes ocupan las mesas extendidas hacia la calle. Mientras tanto, un DJ improvisa desde su notebook un set de música electrónica y un mix de clásicos de rock. Se hace de noche y se percibe un recambio, pero los barcitos siguen a pleno hasta tarde.
Belo Horizonte tiene aires de ciudad moderna pero guarda en el trato cotidiano una calidez inusual que la opone a la vecina Ouro Preto, urbe de estirpe colonial cuyo apogeo perduró hasta finales del siglo XVIII. Sin embargo las dos –situadas a 96 kilómetros de distancia- están íntimamente relacionadas.
Antaño Ouro Preto acaparó la escena central del estado de Minas Gerais. Cuentan los historiadores que una vez concluido el ciclo del oro se abrió la producción de agricultura y ganadería, pero a fines del siglo XIX la enorme demanda mundial de hierro inauguró una nueva época económica. Debido a su ubicación, la entonces capital estadual empezó a tener dificultades para acomodar la expansión urbana y se decidió el traslado a otra localidad: así nació Belo Horizonte, proyectada por el ingeniero Aarão Reis entre 1894 y 1897. “Fue la primera ciudad brasileña moderna planeada”, cuenta Mayara, la guía que nos acompaña a lo largo de cuatro días de periplo urbano.
El trazado perpendicular de las calles, cortadas por avenidas en diagonal, produce cuadras de dimensiones regulares. Además tiene numerosas plazas y un gran parque municipal en el área ycentral. La Avenida do Contorno demarca su perímetro y, pese a la planificación, el crecimiento hizo que pasado ese límite las calles perdieran regularidad.
El conjunto lleva el sello del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, creador de Brasilia durante los años 60. Pero fue Belo Horizonte donde comenzó su universo curvilíneo.
En términos geográficos, los belorizontinos suelen decir que la ciudad fue privilegiada en el mapa del Brasil. Está cerca de los grandes centros urbanos -forma una tríada perfecta junto con San Pablo y Río de Janeiro- y posee fácil acceso a todas las regiones del país. De hecho, el aeropuerto Tancredo Neves es uno de los principales ejes de la red aérea brasileña y tiene numerosas conexiones con Buenos Aires.

Días de museos
La zona de Savassi, en el centro y donde se concentra la mayor cantidad de locales gastronómicos, comerciales y culturales, es un buen punto de partida para el paseo. Allí se encuentra el Circuito Cultural Praça da Liberdade, un espacio a cielo abierto que reúne los emblemáticos edificios que tiempo atrás fueron sede de la administración gubernamental del estado. En 2010, con la mudanza de las antiguas reparticiones a una sede ultramoderna en Pampulha, estas pintorescas estructuras fueron destinadas a conformar el circuito cultural más grande de Brasil.
En torno a la plaza de estilo francés se levantan el Palacio de la Libertad, el Museo de Minas y el Espacio TIM UFMG del Conocimiento. En la esquina que da a la calle Gonçalves Dias y Alameda da Educação se encuentra el Memorial Minas Gerais Vale, que lleva el nombre de la segunda empresa minera más grande del mundo, orgullo del estado. En este museo, instalado en el antiguo predio de la Secretaría de Hacienda estadual, es posible sumergirse de modo interactivo en la identidad local a partir de exposiciones que dan cuenta de la historia y la cultura popular. Se destaca una muestra permanente del fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, un banquete visual para los amantes de la fotografía. Otro lugar imperdible, siempre en torno a esta explanada, es el Centro Cultural Banco do Brasil.

Solo para fanáticos
Los amantes del fútobl tienen en el “Gigante de Pampulha” un punto de visita obligado: se trata del estadio Mineirão, donde se organizan festivales artísticos y culturales, además de espectáculos de rock con figuras como Madonna o Paul McCartney.
En este recinto con capacidad para 65.000 espectadores, que oficialmente se llama Gobernador Magalhães Pinto, la pasión por el deporte se vive intensamente. Sobre todo si juegan el Cruzeiro contra el Atlético Mineiro, uno de los grandes clásicos de Minas Gerais. Para los argentinos es casi familiar: durante la última Copa del Mundo aquí jugó nuestro país (y también Brasil) contra Alemania. La recordada goleada que dejó afuera del Mundial al equipo local es rememorada con tristeza por los fanáticos: aunque paradójicamente, en sus instalaciones se exhibe una camiseta de la selección germana que el consulado alemán donó al museo firmada por los jugadores del equipo campeón.
El estadio también contiene el Museo Brasileño del Fútbol, pero no se limita a los equipos locales: “Dos clubes que se crearon en Brasil en honor a grandes equipos argentinos, Jacutinga Atlético Clube y Yuracan Futebol Clube -dice Vinicius, guía del establecimiento-, nacieron inspirados en Boca Juniors y en Huracán”. El recinto es amplio, con varios espacios interactivos que pretenden reflejar la historia de gloriosas goleadas, empates o tristes derrotas. La visita incluye un recorrido por el campo de juego, los palcos vip y las tribunas.

El corazón de Pampulha
El área de Pampulha incluye un conjunto arquitectónico definido a partir de la década de 1940 que constituye la mayor expresión de la arquitectura modernista brasileña. Aquí se encuentran el Museo de Arte y la Casa do Baile.
Sobre todo la imagen del exterior del estadio, tomada en plano picado en el marco de la laguna, es una de las clásicas postales de Belo Horizonte. La otra es la iglesia San Francisco de Asís, la joya edilicia de Niemeyer: “Es la cuna de su arquitectura, una referencia modernista y muestra también los estilos art-déco, art-nouveau, ecléctico, neoclásico y neobarroco”, cuenta Fernanda, encargada de recibir a las visitas.
El edificio fue polémico desde su creación. De hecho, el proyecto fue vetado por las autoridades eclesiásticas por llevar la emblemática hoz comunista en la estructura. Sin embargo, varios años después de su creación obtuvo el visto bueno para funcionar como iglesia. Además de sus formas no ortodoxas, los murales de Portinari, el proyecto paisajístico de Roberto Burle Marx y las esculturas de Alfredo Ceschiatti forman parte del entorno.
Otro de los estandartes arquitectónicos de cara a la laguna artificial de Pampulha es la casa de Juscelino Kubitschek, “JK”, presidente de Brasil entre 1956 y 1961. JK, frecuentemente comparado con su par argentino Arturo Frondizi por su gestión desarrollista, es uno de los dirigentes más admirados del panorama político local. En 2001 el mandatario -que fue asimismo intendente de Belo Horizonte y gobernador de Minas Gerais- fue nombrado “Brasileño del Siglo XX”.
Su hogar de fin de semana, también proyectado por Niemeyer, se transformó en un museo abierto al público, que revela el modo de habitar y ocupar los espacios de los modernistas. Otro de los sitios de interés es el Mirador de Mangabeiras diseñado por el paisajista Burle Marx, con una espectacular panorámica de la ciudad. La mejor opción es visitarlo al atardecer: en ese caso, no hay que olvidar un abrigo, porque Belo Horizonte tiene un clima agradable y templado, pero por la noche refresca. Luego vale la pena transitar las subidas y bajadas de la la misteriosa Rua do Amendoim y parar en la Plaza del Papa, así llamada en honor a la visita de Juan Pablo II. Desde allí también se puede apreciar una magnífica puesta de sol.

La respuesta es feijão tropeiro
Aunque Belo Horizonte ofrece cocina internacional, lo ideal es probar las comidas típicas: las opciones son variadas, pero algunas alternativas en particular no fallan. Una de ellas es Xapuri Resturante, tal vez el mejor espacio de cocina mineira de la zona, que ofrece un ambiente rústico de mesas y sillas de madera, con adornos florales. El predio, que luce como una finca de antaño, se completa con una pequeña pista de equitación. Hay mesas con quinchos aislados que dan un aire de privacidad y espacios comunes en torno a la galería principal. El detalle de la cocina a leña, con ollas y sartenes en plena faena culinaria, abre el apetito. Aquí la comida mineira se puede probar a la carta, mientras los platos de postre (“de sobremesa”, como dicen en Brasil) son en modo buffet.
De entrada se puede elegir lingüiça na chapa (una especie de salchicha parrillera) y bolinho de mandioca. Luego las costelinhas da sinhá (costillitas de cerdo) son uno de los platos más pedidos junto con frango jéca (pollo guisado con crema de maíz dulce), el carret ao melaço (un estofado acompañado de arroz, porotos y puré de yuca) y la moranga, una calabaza rellena de pollo y queso. El último paso viene acompañado con café y unas 30 variedades de dulces de producción propia. A la salida, una sorpresa: en el umbral, entre los árboles y colgados de las ramas, un grupo de monos tití bajan en busca de comida. La imagen queda retratada en varias fotos.
Otro recinto ideal para conocer la mejor cozinha mineira es Dona Lucinha. El restaurante que lleva el nombre de su creadora, Maria Lúcia Clementino Nunes, es toda una leyenda y hoy cuenta con tres locales en Belo Horizonte y dos en San Pablo. Tal es la fama de la cocinera, a sus ochenta y tantos años, que hasta una Escola do Samba representó sus manjares durante una de las fiestas del último carnaval.
Las variantes de su cocina se sirven como buffet. Los guisos y ensopados son los platos fuertes, mientras el más típico es el feijão tropeiro. Aquí también se puede probar frango com quiabo, angu (polenta), vaca atolada (costillas de carne vacuna acompañada con mandioca) y el recomendable pão de queijo de Dona Lucinha.

Un polo de cervecería artesanal
Una opción interesante a la hora de almorzar es la Cervejaria Backer, emprendimiento nacido en 1999 que se suma a las 24 fábricas artesanales de Belo Horizonte. La ciudad se convirtió en un polo que alcanza una producción cercana al millón de litros de cervezas especiales.
En esta ciudad la microcervecería más antigua se llama Krug Bier y está en el barrio de San Pedro. Otro establecimiento famoso es el Wäls, elegido como “cervecería del año” en un concurso sudamericano. El avance de esta producción artesanal hizo que algunas revistas especializadas llamen a Minas Gerais “la pequeña Bélgica brasileña”.
En Backer se inauguró recientemente un espléndido restaurante, el Templo Cervejeiro Backer, naturalmente con cervezas y platos tradicionales e internacionales. Enfrente, en la fábrica, se ofrece un recorrido guiado para aprender sobre la elaboración de la bebida y probarla. Ricardo Canabrava, el sommelier cervecero, explica paso a paso los momentos del proceso, que concluye con el embotellamiento. El paseo entre los toneles de metal con lúpulo y cebada y las máquinas de etiquetado termina con la degustación de cinco variedades: Bravo, IPA, Mediaveal, Capitão y Wheat. “Es un sueño hecho realidad, todo esto se relaciona con lo que pude aprender en distintos viajes”, cuenta el dueño de la fábrica, un excéntrico personaje que dice haber recorrido la Patagonia en Harley Davidson.
En el centro, el itinerario culinario puede continuar por el Mercado Central de Belo Horizonte, frente a Minascentro, el Centro de Exhibición y Convention Center. El espacio es enorme. En total ocupa toda una manzana y tiene varios puntos de acceso. En el interior alberga numerosos negocios y locales de comida. Colorido como todo mercado, se lo puede recorrer contratando un guía bilingüe allí mismo (o anticipadamente vía web).
Es recomendable visitarlo por la mañana y parar en algún café, porque al mediodía está en su esplendor. Pero requiere paciencia: el lugar, que concentra los aromas y sabores más típicos, reúne más de 400 locales, incluyendo los de artesanías y productos autóctonos. Castañas de Cajú, almendras, todo tipo de conservas, ajíes picantes, frutas y verduras, carnes y fiambres, quesos y dulces, y hasta tabaco para mascar. Nada parece ser ajeno a este recinto. Es el sitio indicado para comprar souvenirs y obsequios para familiares o amigos. Por momentos se vuelve también un espacio para espectáculos musicales y obras de artistas plásticos callejeros.
Entre los objetos más buscados se encuentra la cachaça, producto reconocido de Minas Gerais y elixir base de la famosa caipirinha. Destilada de la caña de azúcar, es la bebida alcohólica más popular de Brasil. “En este local tenemos más de 1500 marcas”, comenta la vendedora mientras convida a los visitantes. La cantidad de botellas es apabullante. Varios se transforman en clientes, mientras otros sólo degustan y siguen su paso, porque Belo Horizonte aún tiene mucho para mostrar.

Agenda belorizontina
-Xapuri Resturante: Rua Mandacaru 260 (Pampulha). Abre de miércoles a domingo y feriados, entre las 12 y las 23.
-Dona Lucinha: Rua Padre Odorico 38. San Pedro, Belo Horizonte. Abre de lunes a viernes de 12 a 15 y de 19 a 23. Sábados de 12 a 16, domingos de 12 a 17.
-Cervejaria Backer: Rua Santa Rita 221, barrio Bairro Olhos D’Agua. Horarios variables durante la semana; cierra los lunes. — Mercado Central: Avenida Augusto de Lima, 744, Centro. Abre de 7 a 18, domingos de 7 a 13. — Estadio Mineirão: Avenida Antônio Abrahão Caram 1001, San José (Pampulha). — Para programar el viaje con anticipación es interesante la información del portal circuitoculturalliberdade.com.br, donde se encuentra la agenda completa y todas las actividades de los distintos museos.