La economía colaborativa avanza sobre la industria del turismo

Los nuevos modelos de negocios, basados en compartir e intercambiar bienes o servicios con mutuos beneficios, están modificando las conductas de la demanda y siguen ganando terreno al comercio tradicional. Desde la hotelería dicen que el efecto es irreversible; las agencias también se encuentran en el dilema de incluir la oferta alquileres temporarios. Por lo pronto, los empresarios concuerdan en que el vacío legal -a nivel mundial- da riendas sueltas al avance de plataformas como Airbnb, Uber o BonAppetour y condiciona la subsistencia las compañías tradicionales. En esta edición analizamos causas y consecuencias de este paradigma que llegó para quedarse. 
Por [marianopizarro]*

Hace unos años atrás, en una conversación informal, Marcos Favila, actual director ejecutivo de Competitividad de la OMT, daba cuenta del boom turístico a partir de su experiencia personal. “Hemos sido privilegiados al poder viajar alrededor del mundo. Incluso nuestros hijos viajarán mucho más, el recambio generacional hará el mundo más pequeño”, comentaba el brasileño.
En efecto, cada vez son más los viajeros dispuestos a conocer cada rincón del planeta. Según los datos de la OMT, el año pasado el turismo mundial cerró con un crecimiento del 4,4% con respecto al anterior año anterior. Esto significa que hubo 50 millones de viajes más, de un total de 1,164 millones de llegadas internacionales. Incluso para 2016 las predicciones se mantienen entre 3,5% y el 4,5%.
Pero lo que años atrás hubiese sido una excelente noticia para las agencias de viajes, hoy no significa más que un dato relevante de la actualidad. Es que esta explosión de viajeros alrededor del mundo llegó con la máxima expresión de las nuevas tecnologías: la revolución de internet que además de implicar un giro trascendental en la economía internacional, significó una transformación en la cultura y en la forma en que las personas acceden a los bienes y servicio.
En ese torbellino de marchas y contramarchas, hoy asistimos -en mayor o menor medida, según el lugar que ocupe cada empresa- a los efectos que la economía colaborativa tiene en la industria turística.
De hecho ese fue el tema central del debate organizado, en Montevideo la semana pasada, por la OMT, el Ministerio de Turismo de Uruguay y las asociaciones hoteleras más importantes de la Argentina y Uruguay, la Ahru y la Fehgra: la Primera Reunión Iberoamericana sobre Economía Colaborativa en el Alojamiento Turístico
“En esos mismos años, en los cuales las tecnologías ingresaron en todas las actividades económicas, la industria de la hospitalidad no podía ser la excepción; vimos primero las centrales de reservas, luego los mega sistemas de las líneas aéreas, para mencionar solo una parte de este proceso, que estimuló a que los colegas en el mundo cedieran gradualmente el manejo de sus respectivas ofertas, y que con la aparición de internet llegara la disrupción de la cadena de valor de la actividad”, explicó en el encuentro Jordi Busquet, actual presidente de la IHRA, la asociación que agrupa a la hotelería y la gastronomía a nivel mundial.
Asimismo agregó que ceder la capacidad de oferta se potenció con la expansión de Google y la llegada de las agencias de viajes on line y sitios como Kayak, Price line, Booking, Despegar, Expedia, Hotels.com y Trip Advisor, entre otros. Pero, reconoció que todo “fue evolucionando en sentido opuesto a los intereses de la hotelería. Esto se agravó por la incorporación de situaciones abusivas y de distorsión de las reglas comerciales más elementales”.

Un problema sin fronteras
Busquet también dejó en claro que las entidades hoteleras “no pretenden impedir la comercialización u alquiler de viviendas para uso turístico”, sino la idea fuerza es que, “están bienvenidos a ingresar a competir en el mercado, pero sujetos a las mismas reglas de juego con las que compiten y están obligados los alojamientos turísticos legalmente registrados, habilitados y categorizados”. 
Durante las dos jornadas del encuentro en Uruguay los representantes de los distintos países dieron cuenta de la realidad en la región. Entre ellos, Gustavo Toro, presidente ejecutivo de Cotelco, en Colombia habló de la necesidad que los Gobiernos pongan un marco tributario a las plataformas de comercialización para equiparar la competitividad.
En ese sentido, el secretario ejecutivo de Fedetur de Chile, Eugenio Yunis, recordó que en la actualidad la hotelería es el sector que genera más y mejor empleo en la actividad turística. Entre los ejemplos del avance de los alojamientos informales puso sobre la mesa el caso de Nueva York, “donde representan el 30% y generan un ingreso de 400 millones de dólares anuales que obviamente no paga impuestos”.
Justamente una de las conclusiones a las que arribaron destaca “peticionar a los Estados que exijan a todas aquellas nuevas modalidades del negocio del alojamiento turístico, tanto en la oferta como en la intermediación, que cumplan las obligaciones a las que están sujetas las empresas registradas, habilitadas y categorizadas”.
Además, propusieron que los Estados analicen junto a las entidades empresarias la alternativa de promover y establecer un marco de actuación y colaboración responsable” con las plataformas, agencias de viajes online y buscadores para garantizar la transparencia de las relaciones y prestaciones de servicio entre los distintos actores de la actividad.
“Cabe señalar que, ya no hace falta ser experto para apreciar la forma en que la gente comparte e intercambia conocimiento, cultura, ocio y entretenimiento propio y ajeno”, recordó Busquet y añadió que hoy la colaboración económica como herramienta para crear, comunicar, distribuir y consumir nuevos productos, bienes, servicios, experiencias, “es un hecho”, algo que “las generaciones mayores lo llaman fraude y los jóvenes compartir”.
Además, el asesor de la Fehgra llamó a diferenciar la economía solidaria de la colaborativa, a la cual sintetizó: “es aquella que, a través del compartir e intercambiar bienes o servicios permite a dos o más partes, beneficiarse sin costo económico para los mismos.
En Uruguay como en la Argentina, el desembarco de Uber -la plataforma que a nivel internacional pateó el tablero del negocio de los taxis- causó el mismo revuelo. Esa lógica disruptiva la sintetizó el director comercial de Euro Vip´s, Horacio Méndez Broz: “Está Internet, está la herramienta y está la necesidad. Desde ya las economías colaborativas son un tema complejo”. Para el referente de la operadora, este tipo de negocios son aceptables si existe una legislación que los regule. En ese sentido, graficó: “Hoy el alojamiento en La Habana es una situación complicada, la demanda sobrepasa a la oferta. Hay operadores que tienen la posibilidad de ofrecer casas de familia, que tercerizan esta situación, ¿qué responsabilidad tiene en la cadena de intermediación el operador, el que presta esa casa y quien la contrata? Es muy complejo todo porque existe un vacío legal, aunque creo que tarde o temprano se va a encaminar”.

Con el aval del consumidor
Entre los ejemplos que citó Méndez Broz también se destaca el caso de BonAppetour, que gira entorno al turismo y la gastronomía. “Se construye una comunidad que tiene comensales por un lado y anfitriones por el otro. Hay gente que ofrece su comedor a personas que quieren experimentar lo que vive una familia en el sur de Italia, por ejemplo. Pero enfrente de esa casa hay un restaurante que tiene controles, que alquila, que tiene empleados en blanco, que tiene inspecciones de bromatología. Es una desventaja total, pero entiendo que se va a terminar regulando tarde o temprano”.
Por su parte, el titular de la Faevyt, Fabricio Di Giambattista reconoció que esta problemática para el sector tiene una contrapartida fuerte: “Se da la particularidad de que es muy aceptado por el consumidor. Y por eso toman relativa importancia y empiezan a ser consideradas. En Europa, donde más proliferan estas contrataciones, siguen mutando a pasos agigantados. Además de los conocidos, han proliferado otros sistemas, y empiezan a tomar difusión a través de las redes sociales. O sea, la demanda va originando que estos servicios crezcan. Y esto genera un disparidad no solo de precio sino de cuestiones normativas, y en eso no repara el consumidor. En algunos casos pierde contacto de reclamo ante organismo de defensa. Eso va proliferando y lo que produce una competencia que impacta contra un sistema de trabajo que está preparado para dar respuesta al consumidor.

*Para el semanario Rèport