El día en que lo perdieron todo

Por: María Paulina López Parra

Código:3220171047

Estudiante de Psicología

desplazados por la violencia

Todo sucedió una mañana como cualquier otra. Sandra Gutiérrez y su madre, Blanca, desayunaban en la finca familiar, ubicada en San Luis (Tolima). De repente, dos hombres de aspecto amenazante irrumpieron en su hogar y les pidieron un plato de comida. Blanca estaba muy asustada, sirvió los desayunos y esperó nerviosa hasta que terminaran. Mientras tanto, Sandra escondía a sus hermanos pequeños debajo de las camas anticipando una mala situación. Efectivamente, los milicianos les sentenciaron que debían desalojar el terreno en menos de un mes o habría terribles consecuencias.

A pesar de la advertencia del grupo armado, la familia continuó con el ciclo de sus días como de costumbre. Pasó el tiempo y, en una oscura y fría noche, un disparo se escuchó. Eran unos miembros de las Farc que estaban desalojando a sus vecinos; entonces, Sandra tomó a sus hermanos y, en medio de lágrimas y gritos, supo que debía actuar. Sin alguna pertenencia, en medio de la confusión y la oscuridad, Sandra y su familia huyeron, sin saber qué les depararía la vida.

Hoy, Sandra, una mujer de piel morena, cabello azabache y con una sonrisa grande, trabaja en la ciudad de Ibagué (Tolima) cuidando a una señora de edad avanzada. El proceso de adaptación a la vida citadina, conseguir trabajo y dejar sus viejas costumbres del campo atrás fue difícil, pero tuvo que hacerlo. Vive tranquila con su hija de siete años de edad, a quien le gustaría llevar a conocer y visitar el pueblo donde vivió su infancia y juventud.

Sandra no guarda resentimientos pese a todo lo sucedido, perdona a aquellas personas que le causaron daño a ella y a su familia al desalojarlos de su finca. Cree que todos los humanos se equivocan y el mandato de Dios es disculpar. Si ella tuviera de frente a aquellos milicianos, les daría un mensaje de perdón y una reflexión sobre no lastimar personas para lograr sus objetivos, por más desesperada que sea la situación, pues cree que ellos que los desaposentaron porque estaban siguiendo órdenes de cargos superiores.

Finalmente, respecto al proceso de paz, considera que la idea es realmente buena, pero que la sociedad todavía no se encuentra lista para asimilar esos cambios. Insiste acerca de la necesidad de que pase el tiempo y se realice un proceso fuerte de conciencia para que se logre alcanzar este fin. Ella espera que su hija pueda vivir en un país donde queda transitar libremente, sin miedo a que le vaya suceder algo malo, y quizá algún día poder volver a la finca que tuvo que abandonar hace años.

  • Me parece importante narrar esta historia, pues como Sandra muchas personas han sufrido el desplazamiento forzoso. También, porque vale la pena recalcar que ella no se quedó con resentimiento hacia las personas que le causaron daño y logró salir adelante a pesar de todo lo ocurrido. Es un buen ejemplo de superación y perdón, que llama a la reflexión y a contribuir para la paz en el país.
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