Sofía

Mi tercer amor era una artista. Ella era libre, su espíritu no estaba creado para estar clavado en tierra, sino para echar a volar y dejarse llevar por las situaciones sin pensar en lo que podría venir. Actuaba por impulsos, por amor, por alegría, por reflejo, por sentimiento.

A veces le decía que sus movimientos eran de una niña pequeña, pero no se lo decía en un tono serio, a mí me encantaba su alegría. Era un verdadero espectáculo y yo tenía el placer de verlo en todas sus facetas. La veía en el escenario cuando hablaba con gente que conocía por primera vez y aún no se desataba por completo y se enfrentaba al mundo. También en el camerino, cuando se vestía para salir y se maquillaba para resaltar sus ojos grandes y almendrados. Entre bambalinas cuando estábamos a solas aislándonos del mundo, con un poco de miedo de volver a la realidad, aunque disfrutando cada momento.

Los encuentros con ella eran preciosos, íbamos a ver teatro, cine, tomábamos cerveza la cual le encantaba. Apreciaba los escritos de las etiquetas que llevan los botellines y cuando probábamos una cerveza nueva, siempre me leía en voz alta la etiqueta algo dramatizado, “una lectura dramatizada de cerveza” decíamos. Nuestras favoritas eran las artesanales, las que prácticamente nadie conocía, aunque también estábamos muy dispuestos a probar una buena cerveza belga, sus rubias tienen un matiz que en cualquier sitio no se consigue.

Ella era calor, era la temperatura en persona. Lo supe la primera vez que me acerqué a su pecho para descansar en él. Sentí el verano recorriendo mi cuerpo. Mis cabellos se erizaban en una coreografía detallada a tiempo real. Mis manos no querían quedarse atrás; la izquierda, más atrevida, recorrió gran parte de su lumbar hasta establecerse en la parte inferior. La derecha buscaba sujeción, algo tan simple como entrelazar nuestras manos, comprobando que se habían creado especialmente para disfrutarlas de esa manera. Nuestras bocas se acercaron casi sin querer, rozándose al principio y en un abrir y cerrar de ojos despareció de la habitación. No obstante, a los escasos minutos volvió a presentarse. La vi, en la puerta, delante de mí, con los cabellos sueltos, completamente desnuda. Mi reacción fue levantarme y contemplarla como si fuera un cuadro inigualable. En varios segundos recorrí con la mirada su cuello y sus hombros, creando una curva perfecta. Sus pechos eran firmes y jóvenes. Continué bajando hacia el vientre y solo podía imaginarme perdiéndome para que no me encuentren nunca. Mi cuerpo se estremeció, se petrificó, no supo reaccionar. Se acercó, mi corazón bombeaba cada vez más fuerte, notaba su respiración y ella notaría mucho más la mía. Me miró a los ojos, apenas 10 centímetros de mí y sonrió al ver mi estado. Esa noche me balanceé, me dejé llevar por ella y recuerdo que conseguí volar con su espíritu.

Yo, invierno helado con destellos de otoño supe encontrar mi primavera.

Mª Assum GF.

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