Y esa es la historia
Caigo, al vacío. Al menos siento que es ahí donde voy a terminar. Con el roce de tus labios, con esta locura sin frenos. Damos todo sin saber que la vida nos terminará dando nada. Y es ahí donde está la partida, en medio de un juego en el que el fuego nos querrá quemar.
El fuego quema y la vida arde, ambos nos están consumiendo.
Como el cigarro en mis labios, como un deseo en la hoguera. Pero nos da igual, preferimos los versos desenfrenados y las noches sin reloj de despedida. A lo mejor no nos da igual porque no sabemos de qué altura será la caída o ese vacío que causará la marcha de tu cintura, en otro camino que no sea el mío. ¿Puedo volverme loca al pensar cuando imagino que otra persona te pueda tocar como yo?
Los acordes que hay entre tus dedos no creo que sepa conjugarlos nadie, y eso quizás es lo que eches de menos.
Los gemidos a media noche y los detalles sin resolver. Quizás esto sea un sueño porque creo que no te das cuenta de lo que vives, quizás vives pero sin soñar. Quien sabe, si quieres te ayudo a resolverlo. Pero creo que no hace falta, te he dado demasiadas pistas de asesinato, contra el fuego de mis piernas. Mátame ya, bueno ya me has matado. Ya me he dado cuenta que te prefiero así que tener al vacío recordándome lo triste que es la vida sin ti.
Y esa es la historia, que he caído, pero en el frío de no saber qué respuestas hay después de ti. De, contigo.