Rebelión del cine paraguayo de pala en mano: Kurusú Rebelde de Miguel Aguero.

La multipremiada película, estrenada en 2015 durate el Festival Paraguay Corto en Derechos Humanos, fué exhibida el Sábado 14 de Octubre en el marco del Festival Internacional de Cine de Asunción.

Posterior a la gran conmoción que me provocó el verla, me atrevo a describir algunos ecos desde el rol de espectadora , desde una persistente militancia -búsqueda de la visibilización de otros-nuevos-resignificados — imaginarios en torno al Paraguay.

La sinópsis presenta a Blásida, una anciana de 80 años, quien viaja acompañada de su nieto Felipe de 11 años buscando los restos de su esposo desaparecido durante la dictadura militar de Alfredo Stroessner, contrata a Pablino, un campesino que necesita dinero para salvar la vida de su pequeña hija, quien le asegura conocer el lugar donde enterraron a su esposo, los guía hasta una cruz conocido como “Kurusu Rebelde” (la cruz del rebelde), cae la noche y él debe marcharse al recibir una triste noticia, Blásida y Felipe tendrán que seguir con la búsqueda solos.

La sobriedad de lo mínimo. Tres[¿o cuatro?] personajes. Un solo plano secuencia. El fondo del río uno e interminable. El tema y la vivencia de la muerte, su implacable potencia.La memoria, la enormísima memoria.

En 《Kurusú Rebelde》de Miguel Aguero se respira un clima antropológico. Hay seres que enuncian sus verdades , lo opaco y lo translúcido de sus propias contradicciones.

Por momentos los discursos ideológicos de la dictadura y la resistencia se corporizan en Blásida y Pablino. Quizá solo la muerte y la tristeza sean esos lenguajes humanos universales y comunes que los [nos]acerquen.


《Huíamos al monte.Nos robaron nuestra tierra y se las dieron a un coronel.》[Blásida]

Blásida -bisagra, habla en dos, tres tiempos. El despojo. Ir a la tierra a buscar lo desaparecido, la evidencia de la vida.

En su discurso se funden y amplían el orígen del latifundio paraguayo en la repartija de la Guerra Grande, las comunidades indígenas expulsadas, Curuguaty, Sauce, Guahory, nuestras desapariciones cotidianas.

Un interesante diálogo intergeneracional se teje en la pareja nieto-abuela. Por que Felipe lleva el nombre del abuelo, el peso del pasado y la muerte. Hay una puja violenta entre la resignación de las antiguas generaciones y la re-significación de las nuevas que no temen revolver la muerte, que no quieren dejar descansar en paz a los muertos, que no quieren la paz que hiede a olvido , que no desean conformarse con ella.

La mirada del autor se hace progresivamente más evidente y decanta en la escena final poniendo en evidencia su sensibilidad, la de un cine jóven,político, poético y rebelde. Un cine de pala en mano que no teme revolver la tierra y la memoria, resistiendo bajo la lluvia.

María Esther Zaracho R.
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