Ticos Salazares en Roma

Mi abuela paterna a la que yo llamaba Cecy, porque si le decía abuela la hacía sentir vieja, tuvo sólo un hijo, mi papá, ella fue madre soltera y en aquellos años eso fue un escándolo, tuvo dos hermanas y dos hermanos.

Una de sus hermanas a la que yo llamaba tata, estaba casada con toto jej. Mi abuela siempre me decía que estaba eternamente agradecida con ellos por haberlos invitado a vivir a su casa y así ella poder trabajar como maestra y que mi papá estuviera bien cuidado, tiempo después la otra hermana de ellas a la que no llegué a conocer, Hilda, murió y su pequeñín, Jose, se fue a vivir a esa casa también.

Así fue como papi pasó de ser hijo único, a tener 6 hermanos, dos mamás y un papá.

Ellos fueron creciendo juntos, estudiaron, se casaron y tuvieron hijos.

Al estar yo muy pequeña, a eso de los 5 años, mi papá tomó la decisión de que nos fuéramos a vivir a Liberia en busca de una mejor opción laboral, razón por la que nos distanciamos y los veíamos sólo aveces en las vacaciones.

Viviendo en Liberia comenzamos a compartir más, con los otros dos hermamos de mi abuela y sus hijos.

Una de ellas, Fabiola, conoció a un italiano, se casaron y se fue a vivir con él a Roma. Yo no tenía mas de 10 años, pero recuerdo que fue un tema en la familia, irse a vivir a Roma, siendo de Guanacaste, eso si es cruzar el charco. Fabiola se fue y no supe mas de ella, hasta que llegaron a mi vida las redes sociales.

Yo iba creciedo, y entre la adolescencia y mi búsqueda de identidad, me fui alejando de la familia. Con la llegada del Alzheimer de Cecy y Tata, una parte de mi infancia e inocencia se murieron y preferí seguir adelante sin mirar hacia atrás, para no tener que recordar que aquella relación que fue tan bella, no iba a volver nunca mas.

En algún punto cuando algo no calza bien o no hace sentido, las respuestas se encuentran en tus orígenes, por lo que poco a poco me he vuelto a acercar al nido.

Planeando mi eurotrip me entero que uno de mis tíos, hijo de toto y tata, va a estar viviendo por temas laborales en Roma, justo en las fechas que yo tenía planeado ir.

Cuando le consulto que fechas les queda mejor para que llegue, me dice:

- “Venite para el 24, Jose ( el pequeñín que comenté al principio) viene con Melisa y Juli.” (Esposa e hija respectivamente).

Yo que ya sabía mas de la vida de Fabiola por las redes sociales, pensé que sería una buena oportunidad para visitarla y saludarla.

No obstante, lo que no me esperaba era que mi tío René, había acordado con ella que íbamos a tener un almuerzo el 25 de diciembre.

Nos dijo, tenemos que llevar 5 o 6 botellas de vino y ya. Fabiola estaba emocionada porque era la primera vez que tenía a familia en Roma, luego de años, 15 como mínimo. Preparó un almuerzo italiano para once personas.

Llegamos mi tío René y Jose, sus esposas, Juli, Mariana la nieta de mi tío René, mi amiga y yo a un encuentro de cierta manera desconocido.

Fabi era igual a como la recordaba, con ese tono de piel que revela que se nació y creció en la pampa, pero con un acento y ademanes italianos que constrastaban con el tono y me resultaba un tanto exótico.

En Italia, los almuerzos se componen de varios platos, que vienen uno luego de otro.

En un almuerzo que duró casi 5 horas, que tenía mozzarella, prosciutto, almejas, arroz con camarones, olivas verdes, aceitunas, pulpo y por sino fuera suficiente de postre struffoli que es un dulce napolitano típico de la navidades y tiene forma de pequeñas perlitas, castañas y panna cotta un postre similar a un flan, entre distintos tipos de vinos para degustar cada comida y por último el café para la digestión.

Las horas transcurrieron entre risas, anécototas de la juventud, momentos que compartieron con mi papá y por instantes se me venían recuerdos de la infancia.

De mi tío René que siempre fue súper chineador y buen anfitrión y de lo chiva que me parecía que viajara tanto, de las visitas que le hacíamos a Jose, cuando aún vivía con tata, de una discusión sobre si Persiana America era o no una buena canción que por supuesto lo es, el cuarto lleno de maquetas de lo que hoy es un arquitecto y de los almuerzos de domingo de arroz con pollo que preparaba Cecy como para 10 personas todos los domingos tal y como ese día nos cocinó Fabiola.

Todas las familias enfrentan situaciones duras, algunas durísimas. Pero la actitud ante estas situaciones es lo que nos permite seguir luchando y teniendo ilusiones en la vida, la que nos permite reir y analizar que si ponemos las cosas en una balanza, hemos tenido una buena vida, que nos permiten tener momentos como ese almuerzo y llenarnos de recuerdos bonitos para el corazón.

Sin importar si me distancie de nuevo, me quede o me vaya. Mi familia será siempre mi lugar seguro y agradezco porque hayan adopatado a mi papá y a mi abuela en su casa y por extender ese amor hacia mi, del mismo modo que hoy lo siento por ellos y sus peques. Eso es para mi una familia y somos afortunados los que tenemos la dicha de tener una.

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