El Lugar Donde Crecí

Existe un lugar que tiene una parte de mi corazón, un lugar que se convirtió en mi segunda casa, porque los lugares donde más sufrimos son los lugares a los que pertenecemos. En el Hospital Nacional de Niños me siento en casa, igual que muchos otros que crecimos entre citas, exámenes e internamientos en esos edificios.

Enero del 2007; tres semanas. Setiembre del 2007; semana y media. Julio del 2008; una semana. Mi historia clínica fue y sigue siendo demasiado larga y complicada como para detenerme a explicarla; no es de esto de lo que quiero hablar hoy. Fueron 39 días los que viví en el hospital, sin contar los seis años que pasé en citas y controles.

No les miento, it feels like home to me, sobre todo por la cantidad de recuerdos que tengo de esos años, la cantidad de gente que conocí y se ganó un lugar en mi corazón, muchos de ellos ya no están. Y para todos ellos es que escribo esto, para no dejar que esas memorias se me lleguen a olvidar nunca, por lo menos los que más me marcaron.


Pilar; Enero 2007. Ortopedia.

Pilar, igual que yo, estaba internada por una cirugía de Escoliosis; la diferencia entre ella y yo era que cuando yo estaba apenas conociendo las rutinas del hospital, ella estaba internada por vez número 25, 18 de esas veces había estado en cirugía. No estoy totalmente segura, pero creo que Pilar no podía tener más de 16 años en ese momento.

Yo estaba en la cama 1, ella en la cama 2. Mi mamá y la suya (Doña Pilar) compartieron noches interminables tratando de dormir en sillas incómodas, compartieron el dolor de vernos sufrir, el terror de esperar 17 horas a que saliera el médico del quirófano para avisar que todo salió bien. Compartieron historias de vida, de lucha y de esperanza. Eventualmente se volvieron un equipo; Mami cuidaba a Pilar cuando su mamá salía a desayunar o bañarse. Doña Pilar aprovechaba los ratitos cortos en los que mami no estaba para obligarme a moverme, levantarme, caminar y hacer cosas que Mami no se atrevía a ponerme a ponerme a hacer, porque le daba terror que me doliera, casi 12 años después quisiera encontrarla y darle las gracias.

Pilar era de Cartago, de Orosí específicamente, en una zona donde no tenían acceso a muchas cosas y además con una situación económica que no les permitía tener todas las comodidades que Pilar necesitaba para sentirse bien. Eran solo ella y su mamá, que trabajaba y se hacía cargo de todas las citas, cirugías y cuidados post operatorios; con amor y ganas se las agenciaban.


Anthony; Enero 2007. Ortopedia.

Cuando yo lo conocí, Anthony ya tenía casi 2 meses de vivir ahí. A inicios de diciembre del 2006, un chofer borracho lo atropello frente al parque de Naranjo y le dejó la pierna en pedacitos. Había tenido varias cirugías y además tenía instrumentación visible en la piernita, algo que llamaban “monitor”, recuerdo que se veía muy doloroso.

La mamá de Anthony trabajaba, entonces no podía venir mucho a visitarlo; era el único de mi cuarto que no estaba acompañado permanentemente. Estaba en la cama del frente y recuerdo ponerme celosa a menudo porque Mami le daba mucha atención, hice un par de berrinches por eso y porque a él también le traían McDonalds a escondidas cuando me traían a mi. Gracias Papi y Mami porque siempre les ha alcanzado el amor para todos los que lo necesitan.

Porfa nunca sean tan egoístas como para decir que manejan mejor borrachos.


Anita; Enero 2007. Unidad de Cuidados Intensivos.

Estar en UCI es de las experiencias más fuertes que se puede vivir, sobre todo siendo niño. La mayoría de mis recuerdos son confusos, despertarme de cirugía, tener un tubo en la garganta, enojarme porque no me escuchan cuando trato de hablar, morfina. Despertarme otra vez, escuchar máquinas sonar, enfermeras pidiéndole a Papi que salga, hay un código rojo, Papi vuelve a entrar, me explica que un bebé de meses acaba de morir, morfina. Despertarme, pedir agua porque tengo la boca seca y la garganta rota, llorar porque no puedo moverme, morfina.

En Enero de ese año estuve un total de cinco días en cuidados intensivos, y hubo una persona que tuvo la capacidad de hacer que yo todavía conserve recuerdos lindos de esos días. Anita era enfermera, tenía el turno de la mañana y le tocó hacerme el baño de cama el primer día, desde ahí fuimos inseparables por los siguientes meses que entré y salí de UCI.

Anita era joven, tenía muchos piercings y se maquillaba mucho. Desbordaba amor, sonrisas y se le notaba que disfrutaba su trabajo. Se sentaba a hablar conmigo, me contaba historias, me daba de comer. Si alguna mañana llegaba otra enfermera a atenderme, yo hacía berrinches monumentales hasta que ella viniera, y lo hacía, hasta cuando no le tocaba.

Por años subí a visitarla cada vez que tenía citas, hace muchos ya que no la veo. Espero que siga llenando de amor los días de muchos chiquitos que la necesitan.

Aracelli; Julio 2008. Infectología.

Aracelli llegó tres días después que yo a infectología, pero tenía casi seis meses en el hospital, había estado rotando entre hematología y oncología. Llego con una bolsita de suero negra, y nunca se me va a olvidar la cara de dolor de Mami cuando la vio; yo lo entendí muchos años después.

Aracelli tenía la capacidad de escupir las palabras, muchas, muchísimas, en muy poco tiempo; pero casi nunca tenía nadie con quién habar.

Yo me llamo Aracelli y tengo 8 años. ¿Cómo se llaman ustedes? Yo soy de Puntarenas y mi mamá vive allá con el novio y mi hermanito, yo me voy a ir a vivir con ellos cuando salga de aquí, porque antes vivía con mi abuela. Pero mi mamá me prometió que si salgo, me lleva a vivir con ella. Mi papá vive en Limón, pero mi mamá no deja que venga a verme. ¿Usted porqué está aquí? Yo estoy aquí porque tengo anemia, bueno no es anemia. Es como una anemia muy fuerte, se llama leucemia; ¿ustedes saben qué es eso?

Hablar de Aracelli todavía me hace un puño el corazoncito. En infecto todos estamos en cuartitos diferentes, separados por un vidrio, nadie puede entrar al cuarto de otro paciente. La mamá de Aracelli nunca estaba, en cinco días vino a verla una noche, a las 7pm, justo al límite y en la madrugada le dijo a Mami que se iba a escapar antes de que la necia esa se despertara.

En el cuarto de Aracelli no había nadie más que ella; Ara comía sola, se acomodaba la vía sola, se cambiaba los pañales sola, cuando la quimio la golpeaba, buscaba el tarro para vomitar y si algo se le salía de control, le pedía a mami que buscara una enfermera.

Si tengo que hablar de alguien valiente, hablo de ella. Que veía películas conmigo desde el otro lado del vidrio, que se inventaba juegos que pudiéramos jugar desde cuartitos separados, que no paraba de hablar y de reírse ni por cinco minutos seguidos. Me llenó de energía al punto de desesperarme, de pedirle que jugáramos mimo para que se quedara en silencio un ratito; pero sobre todo me enseñó muchísimo. Quiero creer que Ara se recuperó y sigue llenando el mundo de esa energía y esas ganas de vivir.


La última vez que entré al Hospital de Niños fue el primero de Agosto del 2015, a oncología. Entré a despedirme de alguien a quién amé y sigo amando muchísimo, no importa donde esté. Fue la primera vez que subí a cuartos sin ser paciente y sin ser una niña; como cambian las perspectivas. Ese día lloré y sentí cosas que no había sentido nunca, todo era familiar, los olores, los sonidos, las miradas; como si no hubiera pasado el tiempo.

Ese día estaba haciendo un duelo propio y además me estaban atacando los recuerdos de momentos y personas que hace mucho no recordaba. Pero me alegra muchísimo poder recordar, poder sentir todo eso y mantenerlo como una parte de mi.

Esto lo escribo para que nunca se me olviden Pilar, Anthony, Anita, Aracelli, Nay, Paula, Marianita, Lorna, el Doctor Alberto Manzanares, Melissa, la técnica de microbiología, el Doctor Patricio Álvarez Cosmeli, el señor de mantenimiento que me llevaba a pasear en camilla cuando me aburría, las señoras que repartían la comida, las enfermeras, los estudiantes, el amor tan incondicional de mis papás.