Miedo a nuestras propias convicciones

No quiero caer en clichés pero es inevitable. Hace un par de siglos Burke escribió “Lo único que necesita el mal para triunfar es que los buenos no hagan nada”. Supongo que su aportación habrá sido usada como arma emocional (y atento contra el ego individual) para que algunos se movilicen antes hechos concebidos fuera de “lo bueno”.

Afortunadamente (o no), el mundo maniqueista ha caducado y en parte por eso es tan difícil asumirse de un bando u otro. Sin embargo, así como hemos abandonado la idea de “los buenos” contra “los malos”, nos hemos adentrado en la zona de confort de la tibieza, la delicadeza, la objetividad y la pureza. Creo que hoy podemos decir que si el mal triunfa no sólo se debe a que “los buenos” (pongan ustedes el significado que consideren pertinente) no hagan nada, sino a aquellos que en el discurso proclaman un mundo diferente pero que cuando llega el momento de tomar decisiones optan por dar un paso atrás.

No temo de los malos porque en la medida en que haya personas convencidas de resolver lo mínimo que la dignidad humana no puede permitir podrá haber un balance. Temo de aquellos que se atemorizan de sus propias convicciones, que abandonan los hitos de su propia historia, que velan por el buen nombre de algo que ni siquiera conocen totalmente, de quienes una vez que tienen la oportunidad que pocos tendrán, se colocan en el nicho de lo que al final es “mejor” para “todos”.

PS: Acá otro texto sobre “La seducción del agua tibia” https://medium.com/soñando-en-colectivo/la-seducción-del-agua-tibia-306efab78cb3#.omg612x45