Te abrazo: 19S

Antes

A veces parece como si hubieran pasado años. Parecía que la vulnerabilidad habitaba en otros lugares, en otras regiones.

19S

¿En qué maldita hora dejé que mi papá no tuviera celular? Fue lo primero que pensé a las 13:20… cuando todo había pasado, o más bien, cuando todo empezaba a pasar.

Nunca entendí lo que era la angustia hasta ahora. La angustia es eso que se siente cuando no puedes hacer nada, cuando sólo puedes seguir las noticias y escuchar que acaba de caer otro edificio y que varias personas no pudieron desalojar, cuando no encuentras a tu amiga, cuando parte del equipo no responde con un “estoy bien”, cuando piensas en las familias de tus amigos, y en los amigos de tus amigos… cuando piensas en la gente.

La noche

Creí saber lo que era la solidaridad y la esperanza porque nunca he dejado de creer en la gente que habita esta ciudad. Pero no. La esperanza ha tomado formas jamás imaginadas.

La esperanza son los brigadistas y los topos, los ciclistas, los motociclistas, las doctoras y enfermeras, la Brigada Feminista. Esperanza son quienes han voluntareado, quienes corrieron hacia la tragedia y no huyeron de ella. La esperanza está en los albañiles que nos enseñaron cómo se salva a la gente, en quienes han levantado escombro, en quienes han sido parte de las cadenas humanas y quienes han administrado el tránsito, quienes han hecho tortas y repartido café. La esperanza son los perros rescatistas y sus entrenadores, quienes han albergado, quienes han abrazado. La esperanza son los taqueros en plena banqueta y las ferreterías que donaron el total de su inventario. La esperanza es también lo inverosímil de quienes han conseguido motosierras a las 3 de la mañana… La esperanza tiene forma de poema de Villoro y de poema de Esteban…La esperanza está en #Verificado19S y en los arquitectos y abogados que se han organizado… La esperanza habita en quienes pusieron diferencias a un lado e hicieron un nuevo “nosotros”.

Hice del “Te abrazo” la frase que con más amor puedo decir. Jamás creí que estaría tan lejos de mis seres queridos que me sería imposible abrazarlos en medio del temor. Jamás creí estar tan cerca para abrazar a desconocidos que se cruzarían una sola vez en mi vida pero con quienes compartiría un momento de reconciliación en esta ciudad.

Te abrazo, te abrazo, te abrazo… te abrazo hoy y te abrazo mañana y te abrazo todo el tiempo que sea necesario.

El día siguiente

Todo es diferente. Hoy un puño no es sólo un puño. Hoy un puño en alto no sólo significa “Estoy en pie de guerra”, sino “Te sigo buscando”. Hoy Cielito Lindo, El Himno e Imagine son otra cosa. Hoy, cuando se cantan, llevan un tono melancólico por quienes nos faltan. un dejo de felicidad por quienes renacieron de los escombros, la certeza de que nos sabemos juntas y la duda que representa la reconstrucción.

Menos de 24 horas habían pasado cuando dejé de pensar. Llené los siguientes tres días de tantas acciones y tanto movimiento con tal de no dejar entrar a la tristeza. Hice tantas cosas con tal de ignorar el miedo. Me sentí imparable cuando tranquilicé a quienes temían que el Plaza Condesa se viniera abajo… Ilusa.

Aprender a caminar sin miedo

No me acostumbro. No creo jamás acostumbrarme. Ya lo había sentido: aquella vez que amanecimos con la noticia de que EE.UU tenía a un nuevo presidente que amenazaba nuestro mundo. Amaneció y sólo pude llorar.

Esto lo supera. Todo ha cambiado. Ya no puedo dormir sin pijama, ya no puedo dormir lejos del celular, ahora sí tengo que saber dónde dejo las llaves. Ya no puedo escuchar música sin que mi respiración cambie… tantos años buscando que la música me hiciera sentir algo y ahora es la música la que me rompe. Toda mi vida odié lavar ropa. Hoy abrazo esos momentos frente a la lavadora y el tendedero porque es donde las sobras de cotidianidad habitan.

Ya no puedo despertar sin llorar un poco. Abro los ojos y pienso en mi familia y amigos, y en la gente, y en las familias de esa gente. Y pienso en el futuro… y aunque intento creer que todo va a estar bien porque ya no somos los mismos, me cuesta creerlo.

Ahora inicio mis días leyendo sobre la solidaridad de la gente, sobre cómo cambiamos, sobre cómo somos otros, sobre cómo aprendimos a hacer cadenas humanas y a tejernos en un solo manto… me aferro a eso porque si dejo de creer que este nuevo “nosotros” será la guía que nos permita transitar hacia la reconstrucción, todo se vuelve angustia y pánico y tristeza y fragilidad.

Me siento vulnerable y también acompañada. De pronto parecía que ya no teníamos nada… y justo porque creímos que no teníamos nada es que sentimos que lo único que teníamos era al otro.

El 19S y Wikipolítica

Nunca podré entender ese día y los subsecuentes y el futuro y la reconstrucción sin ellas y ellos. El solo hecho de saber que nadie estuvo tranquilo hasta garantizar que no faltaba uno solo de nosotros, me dejó en claro todo lo que somos y en lo que creemos. No, no somos un grupo de amigos. No, no somos una organización. Somos un espacio, somos un vínculo, somos el lugar donde habitan el amor y el cuidado y la empatía. Somos todos los que compartimos el dolor de nuestras compañeras. Somos donde se comparte la angustia y también la cabeza fría. Me siento afortunada de tenerlos… y me siento afortunada de saber que la reconstrucción habitará en esta generación. Me siento afortunada cada vez que decimos convencidos que este nuevo “nosotros” se quedará para siempre en esta ciudad.

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