Sé la voz

Actualmente me encuentro residiendo fuera de México. Sin embargo, no considero la distancia, ni ninguna otra cosa, motivo suficiente para deslindarme de la trágica realidad que se está viviendo en el país hoy por hoy.

El pasado 3 de septiembre, un grupo de estudiantes del CCH Azcapotzalco realizaron una manifestación pacífica frente a la rectoría de la UNAM donde exigían, entre muchas cosas, mejores condiciones educativas. Durante el evento, los estudiantes se vieron fuertemente agredidos por parte de grupos porriles, dejando gravemente heridos a varios participantes. Acto seguido, la comunidad estudiantil de instituciones públicas y privadas, padres de familia y catedráticos condenaron los hechos. Más de 30 planteles de la máxima casa de estudios entraron en paro de labores y comenzaron las protestas. A la par de dichos eventos, el Tecnológico de Monterrey lanzó, con motivo de su 75 aniversario, un frappe azul (en honor al color que representa a la institución). El conocimiento de dicho lanzamiento se volvió viral, causando un enfrentamiento entre los que criticaban la acción del Tec, los que la defendían y los que no encontraban un nexo lógico-causal entre el lanzamiento y la movilización estudiantil. Leí comentarios que iban de lo clasista hasta lo racista. “Los del Tec somos los de arriba y los de la UNAM los de abajo”, “los del Tec viven en una burbuja de privilegios y no le toman importancia a la realidad”, “las escuelas de paga son para los que no tienen neuronas”, “la UNAM es una escuela tercermundista”, “prefiero estudiar en una escuela pública a pagar por mi título”, “la UNAM ha aportado premios Nobel y el Tec nunca”; esos son solo algunos ejemplos de lo que se exhibía en las redes sociales. Inclusive, mi hermana y yo nos vimos envueltas en una publicación polémica en la cual una alumna de mi misma institución nos insultaba llamándonos “mestizas e inferiores” solo por no coincidir con su idea de superioridad al ser miembro de una institución privada.

Lo anterior desencadenó millones de preguntas en mi cabeza: ¿existe un rencor hacía la comunidad Tec por parte de los externos a la institución?, ¿el alumnado del Tec, como de cualquier institución privada, vive en una burbuja privilegiada alejada de la realidad?, ¿las distancias y diferencias entre escuela pública y privada son irreconciliables?, ¿Cuál es nuestra responsabilidad como sociedad? ¿Cuál es nuestra responsabilidad como estudiantes?, ¿Cuál es nuestra responsabilidad como seres humanos?

Seamos sinceros, pertenecer a una institución privada te vuelve miembro de la minoría privilegiada del país que tiene la facilidad de costear su educación o bien, recibir un apoyo económico por parte de la misma. No me refiero únicamente al Tec de Monterrey, existen muchas otras universidades que dan ese tipo de apoyos, pero como alumna de la institución puedo escribir con base en mi experiencia dentro de la misma. Sin embargo, dichos apoyos son los mínimos comparados con la cantidad de jóvenes que aspiran a la educación superior en México, por lo que la educación pública es la única opción. Ahora bien, el formar parte de esta “burbuja de privilegios” (como mencionaron muchos comentaristas en los últimos días), no tendría por qué exentarnos de nuestra responsabilidad como ciudadanos y estudiantes. Una profesora de ciencias políticas del Tec y ex alumna de la UNAM explicaba en un post que el frappe solo fue el pretexto que dio pie a la crítica de la mentalidad del estudiante de institución privada, la cual considera que es muy limitada en la mayoría de los casos. Es cierto que no todos los alumnos dentro de la misma tienen una visión sesgada de la realidad, pero la poca participación social, el apoyo estudiantil a otras instituciones, la falta de involucramiento en lo público, el poco análisis crítico de las opiniones vertidas por el alumnado en torno a la situación actual en el país, deja mucho de qué hablar. Como dije y repito, no es una generalización pero yo misma me he visto envuelta en discusiones con estudiantes que creen que todos los jóvenes en México tienen las mismas oportunidades o parten del mismo punto, lo cual no fomenta un buen debate y análisis crítico.

Ahora bien, el estudiar en una universidad privada tampoco es motivo para ser blanco de insultos y humillaciones por parte de la comunidad de instituciones públicas. En las universidades privadas no pagas por pasar, el obtener un título es obra de sacrificio, esfuerzo y dedicación, así como en cualquier escuela. He presenciado como muchos alumnos de instituciones públicas menosprecian a la comunidad de instituciones privadas, se piensa que elegimos pagar o una beca, por no pasar los exámenes de la escuela pública, o que no pudimos con el nivel académico, entre otros comentarios. Inclusive, cuando sucedió el terremoto del 19 de septiembre el año pasado, se leían comentarios de: “Al menos la UNAM no se cayó en el temblor”, “En el IPN/UNAM formamos verdaderos ingenieros y no creamos puentes que se caigan”, eso solo demostraba la falta de sensibilidad ante un evento catastrófico del cual, si bien el Tec no actuó de manera acertada, no era culpa del alumnado y no tenía relación con ser una escuela privada.

Los reciente acontecimientos, la fuerte ola de violencia que se está viviendo, contrario a separarnos como jóvenes y estudiantes, debería ser un llamado a la unión. No es UNAM contra el Tec. No es escuela pública contra escuela privada. No es el “si a mí no me afecta puedo burlarme”. No es el frappe contra la manifestación. No hay necesidad de menospreciar a otra comunidad estudiantil. Los homicidios dentro de los campus de la UNAM son una realidad, la violencia por parte de grupos porriles también lo es. Se debe exigir educación de calidad y dejar de vivir con miedo. El que no nos esté pasando a nosotros no significa que no esté pasando. Dejemos de intensificar la brecha que nos separa, salgamos de nuestra burbuja de privilegios y prejuicios, tanto se puede cambiar el país marchando como estudiando. Hay que crear conciencia, difundir la información, ser partícipes de nuestra sociedad. Basta de ser ajenos a la realidad, basta de las rivalidades entre estudiantes, basta de la indiferencia. No se trata de ser Ibero, UNAM, La Salle, Tec, Poli, Anáhuac, es ser crítico, ser estudiante, ser humano, ser el cambio, ser la voz.

    Mariel Velazquez Mejía

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    Mi vida es un signo de interrogación.