Cuando él llegó

Ilustración de Manuele Fior

Cuando él llegó a mi vida fue de un modo poco particular. Quizá es cierto que estamos destinados a encontrarnos en los nodos de la vida menos esperados.

Cuando él llegó a mi vida yo tenía un corazón medio roto, medio completo, confundido.

Cuando él llegó a mi vida mi personalidad era un dibujo de la nueva etapa que estaba por venir.

Cuando él llegó a mi vida yo creía en el amor eterno y en las promesas irrompibles, era ferviente creyente de los planes amorosos a largo plazo.

Cuando él llegó a mi vida las charlas de metas y objetivos puntuales sobre mi vida pertenecían a meras hipótesis del aula de clases.

Cuando él llegó a mi vida los planes eran espontáneos y rebuscados, todo funcionaba a la perfección.

Cuando él llegó a mi vida todo parecía intermitente. Mis sentidos a veces no me pertenecían y podía cambiar de rumbo de un momento a otro.

Cuando él llegó a mi vida no había definición de un amor verdadero, simplemente utopías y realidades rosas a medias.

Cuando él llegó a mi vida la pasión era no más que besos y vueltas piel con piel. Los sentidos le pertenecían únicamente al momento y se iban conforme se cambiaban las sábanas de la cama.

Pero cuando él entró en mi vida…

Ilustración de Henn Kim

Agradecí haber sido elocuente para iniciar una conversación antes de tener que verle sonreír. Fui tan consciente de tener un hueco en mi corazón medio vacío para recibirlo en mi vida y medio lleno para hacer que se quedara conmigo. Conocí una parte de mi más fuerte e independiente para no tener que sufrir cada vez que no lo podía ver. Dejé de ser la niña que espera que se le entregue todo el amor, me di a un vaivén de emociones que desplegaron nuevas visiones sobre el mundo. Amarlo fue romper el encanto del felices por siempre, de las frases románticas, de los poemas cursis y las melodías empalagosas; dejé las utopías y me enfoqué en un presente perfecto lleno de sentimientos tangibles. Él impulsó mis deseos en planes constantes y acciones precisas, y aunque siempre he de ser un personaje disperso, su fe en mi crecía en una seguridad mutua que me hacía feliz. Me enseñó a ser egoísta y a ponerme antes de cualquiera, ganar y nunca perderme. Verlo dormir se convirtió en un vicio que secretamente retrato en mi memoria, cada suspiro, cada parte que besé de su cuerpo y cada carcajada al terminar entre las muchas veces que entre la crueldad y el amor que lleva la pasión nos entregamos, me llevó a sentir que nosotros de verdad existimos en un mundo donde quizá no podamos volver a estar juntos.

Ahora que ya no está…

Me atrevo a notar su ausencia aunque duela. Dibujo entre mis almohadas su sonrisa entre comillas para replicar cada frase que esbozaba antes de dormir. Lo extraño a pesar de que la decisión más acertada fuera irme de su lado; porque no sólo me desapegué de sus brazos, mucha vida se quedó entre sus dedos porque a él le perteneció esta efímera felicidad que descubrí al amarlo.