Seré breve

Me gusta la lluvia, fumar, ver una película o comer pizza mientras llovizna.

Gracias a la lluvia existe, según mi juicio, más de la mitad de la inspiración que poseen las personas. Ahí tienen ejemplos de escritores geniales, mi encuentro favorito con la narrativa líquida es Juan Villoro con “Conferencia sobre la lluvia”, un monólogo sobre cómo es hablar con un perfecto escucha.

La lluvia son los cinco sentidos más los que quieras agregar. Su presencia la adivinan los bichos que revolotean y desaparecen. Nos avisa el calor, el frío, el olfato y las ansias.

Cuando cae un chubasco el ambiente se empaña para los que usamos lentes y los que gustan y degustan el amor en espacios pequeños. Qué maravilla es entonces pintar sobre el vidrio.

Los espejos de agua que quedan entre las calles mal pavimentadas de la cuidad son la firma del contrato a renovar con la tierra, una oportunidad para ver el cielo en busca de un rayo, un arcoiris o un avión, lo que se deje ver primero.

Hoy llovió y no me di cuenta hasta que tuve miedo de resbalar en las escaleras para bajar al metro. Abstraerse a veces es tan sencillo y peligroso. Mi miedo más grande es morir de una manera estúpida, como por golpe en la nuca por resbalar en camino a casa.

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