Ingeniería genética 1. El árbol de la vida.

Todo inició ante la creciente demanda de alitas en los bares. Al parecer, una secta comenzó un ritual en el que debía comer alitas una vez a la semana, por lo menos. Sin embargo, los establecimientos no estaban completamente preparados para satisfacer la demanda.
Así nació Pulpollo un híbrido entre pulpo y pollo que proveía de ocho alitas en lugar de dos. Sin embargo, la insaciable comunidad fue creciendo y al público no terminaba de convencerle la idea de “alitas en su tinta”. De ahí nació El Árbol de la Vida cuando los científicos descubrieron que Pulpollo no era una obra terminada, pensaron en llevarlo a otro nivel: le inyectaron hormonas de lagartija, modificaron su estructura genética para asemejarla a la del ciempiés y se dedicaron a alimentarlo con salsa Búfalo para que la carne se marinara desde su más tierno inicio.
El árbol de la vida, cuya apariencia es similar a una cactácea rojiza extiende sus 95 pares de alas a manera de tótem, rematado por una cabeza de ave de la que, de vez en vez, una lengua retráctil sale para cazar algún insecto poco precavido. Cada mañana, un jardinero le corta las alas que vuelven a crecer durante la noche. Para asegurar que no se trata de ninguna crueldad, la dieta del árbol de la vida es rica en anestésicos.
Confiamos que en los próximos años, el desarrollo de los árboles de la vida salve las vidas de más plumíferos a pesar de lo que digan los ecologistas.