El consultorio del psiquiatra me recuerda al lugar donde perdí mi virginidad.

El consultorio del psiquiatra me recuerda al lugar donde perdí mi virginidad. Estoy aquí por mi mamá pero ella no sabe que no hay nada malo conmigo. La coca me pone idiota, eso es todo. Además son vacaciones y tengo miles de mejores cosas que hacer que venir a perder el tiempo, pero bueno todas las experiencias tienen su encanto si lo buscas no? Sofía? Si soy yo. Pase. Entro a su oficina y me horrorizo al ver que tiene uno de esos inciensos electrónicos. Puta madre.

Él me alcanza la mano y cuando la estrecho siento una especie de náusea que me ataca siempre que toco a un desconocido. Nos sentamos al mismo tiempo. La sincronía de los cuerpos también me molesta.

Bien. ¿Qué pasa? dice, después de una breve y genérica introducción.

Twitter me pregunta lo mismo todos lo días y 140 caracteres son más que suficientes. No necesito esta basura. Pienso: no mucho, pero me divierto. Santino le rompió el ano a una morra, literalmente, fue prolapso. Casi me ahogo de risa cuando escuché la historia porque estaba muy pacheca. Contesto: Nada, y todo, como siempre. Habría que ser más específico.

Estás aquí por algo.

Si, pero no por lo que usted piensa. No hay nada malo conmigo. La coca me pone idiota, eso es todo (Esto sí se lo dije) Él me mira como una piedra. Digo, es ridículo, no tengo ninguna razón para estar aquí, me gustaría que lo entendiera.

Tú mamá me dijo lo que pasó.

Fue un accidente, ya se lo dije.

Bueno, eso es difícil dado que…

El olor del incienso me rompe el olfato, ya no puedo escucharlo. Veo sus labios moverse y de pronto ya no estaba en su oficina sino en la imagen que veía dibujarse detrás de mis ojos: Era el cinturón de nutria que vimos en aquel mercado. Te dije compramelo, y después unas fotos pornográficas de los años 20 capturaron nuestra atención por completo.

Parece que no me estás escuchando, Sofía.¿Sueles distraerte regularmente?

Perdón pero en verdad no entiendo la gravedad del asunto, dije.

Y esa es, precisamente, la gravedad del asunto, no estoy seguro si eres consciente de que lo que hiciste es una…

En verdad no tengo que escuchar a este individuo. Uno no puede confiar en alguien que se peina, eso es un hecho. Detrás de sus pelos relamidos pude ver un diploma: No solo era psiquiatra, también era teólogo y psicólogo. Un verdadero humanista, pensé. Un escalofrío bajaba por mi espalda pero pude disimular mientras él continuaba con un discurso que me han dado ya demasiados hombres muertos. Sentí náuseas de nuevo. Tenía que salir de ahí. La vía más rápida eran tus pupilas en ácido, esos hoyos negros que me transportan a lo más profundo de mí misma. De pronto recordé lo que dijiste sobre las ballenas que van vacías y estallé en una carcajada loca. El Doctor dejó de hablar y se quedó viéndome, algo cansado. Yo me retorcìa en su sillón de gamuza y me limpiaba las lágrimas, en éxtasis. Pero ya era suficiente, me paré y salí de su oficina sin decir nada. Afuera pude respirar de nuevo, era un día hermoso y el sol era suave. Yo caminaba por la calle vacía pero no pude escapar cuando los ví corriendo hacia mí, tres enfermeros me tomaron por la fuerza y me llevaron de vuelta a la clínica, que ahora es mi hogar temporal. Y lo disfruto, en verdad. Y saboreo cada momento como una nube que se disuelve en mi boca porque cuando salga de aquí voy a matarlos a todos.