En vez de vino.

Y las ganas del vino,

quedaron en un té frío.

Y las ganas de cambiar el mundo,

se volvieron resignación,

de silenciosas noches sin sentido.

Y las luchas contra el viento,

se volvieron gritos de tregua,

y clemencia ante la realidad,

de una existencia vacía,

tan vacía de a ratos,

como llena estaba de ganas,

de cambiar las reglas del juego.

Continuó entonces el camino,

bajo esa luna ardiente,

con el disfraz de la ignorancia

y la desfachatez absoluta.

Es tan transparente su alma…

¡ Eran su único disfraz!
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