La resignificación de un espacio: el
ex Pozo de Quilmes es Sitio de Memoria.

El pasado 24 de marzo se anunció la ley para que el centro clandestino de detención sea declarado Sitio de Memoria, donde más de 250 civiles estuvieron privados de libertad durante la dictadura cívico-militar. En junio, la Secretaría de DDHH Provincia de Bs. As. transfirió el inmueble a la Comisión Provincial por la Memoria. Todavía se convive con la Policía Bonaerense en la parte delantera del predio.
Entre los años 1975 a 1979 las paredes de los calabozos y del chalet de Quilmes fueron testigos de numerosas atrocidades hechas por quien comandaba la Policía de la Provincia de Buenos Aires, el general Ramón Camps. En la Brigada de Investigaciones XIV de Quilmes, el acceso de detenidos era por un portón corredizo. Eran ingresados encapuchados en auto; sólo podían escuchar. Parados de espaldas contra la pared el grupo de tareas destraba el seguro de sus armas y hacía el simulacro de fusilamiento como una previa. Eso era un “ablande”.
El sobreviviente Rubén “El alemán” Schell realizó un esquema con miembros de la CONADEP, con los ojos cerrados, para volver a la memoria el recuerdo de donde provenían ciertos sonidos. En una recorrida ingresa a una habitación y nos muestra lo que fue un baño. “Yo había pedido ir al baño para orinar, entonces el que me celaba me dice que me quite toda la ropa”. Rubén pasa a otra habitación, mira hacia abajo y dice: “al piso de este lugar lo cambiaron pero ellos le decían “el quirófano”. Había una camilla donde me colocaron y me dieron máquina”. Su mano derecha acompaña el movimiento de vaivén en referencia a una picana eléctrica.
El Pozo en los años de tortura
También conocido como “Chupadero Malvinas”, fue un centro clandestino de detención dependiente de la Brigada de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Funcionó entre julio de 1975 y marzo de 1979. En las actas constan que hubo 250 detenidos aproximadamente; 100 desaparecidos, 150 liberados, 16 con destino incierto. 7 Mujeres embarazadas y 4 de ellas pasaron por al “Pozo de Banfield” en el sur del gran Buenos Aires.

Con la ayuda de testimonios de sobrevivientes del CCD y de policías que prestaron servicios en el lugar, se había confeccionado una serie de planos y fotografías de la dependencia. Eran dos edificios separados donde estaban los calabozos y el otro el área administrativa de investigación. En las calles colocaban vallas para impedir la circulación. “Entraban y salían coches constantemente. A la noche teníamos que hacer guiños de luces para decir que éramos vecinos y poder estacionar en nuestras casas”, comenta una vecina. También afirma que de allí se podía escuchar música a alto volumen.


Los Sobrevivientes
El camión detiene su marcha en un semáforo. Su conductor aprovecha para sacar un cigarrillo y encenderlo. Jubilado de 64 años, después de su liberación armó cooperativas con algunos ex compañeros que padecieron la cárcel en la dictadura. Néstor Alberto Rojas, sobreviviente, trabaja en una distribuidora de carnes. “Organizo la salida de los camiones para el consumo popular en los barrios. En una época era Carne Para Todos. Ahora suena más a “carne para pocos”, pero bueno, trabajo en un frigorífico de la localidad de Avellaneda”.
Rojas fue secuestrado a los 22 años en el Cruce de Florencio Varela en una movilización posterior al Rodrigazo. “Estuve alrededor de un mes como desaparecido. Pasé por varios lugares, (el Vesubio, por la brigada de Echecolatz. Me interrogó personalmente el general Camps para hacer una muestra de cómo se torturaba a sus “iguales”, allí en la Brigada de La Plata. Entre otros lugares, pasé por la IMPA, la comisaría 1era. de Berazategui como desaparecido. También estuve en el Pozo de Quilmes, parte del circuito de Camps”.
Otro de los detenidos sobrevivientes es Osvaldo “El gringo” Abollo, también de 64 años de edad comenta: “Me detienen el 7 de diciembre del ´76 y me llevan a Puente 12. Entraron y saquearon la casa, se afanaron todo. Mi padre estaba convaleciente con pancreatitis. Allí fui torturado con picana eléctrica y golpes, lo de costumbre para ellos. En ese lugar permanecí cómo una semana y pico, calculo dos”. Los recuerdos le llegan y continúa: “seguramente era Echecolatz quien me torturó en el Pozo de Quilmes. Se hacía llamar “el coronel” Con mis compañeros detenidos ya lo teníamos bastante estudiado, quién tenía la voz cantante y quienes le hacían “la segunda” haciéndose pasar por el tipo bueno, o el tipo violento”.
Los procedimientos en el pozo eran bastantes duros, llegando a torturas extremas para sacarles información hasta la muerte. Néstor uno de ellos, siente que fue alguien que tuvo bastante suerte. “el 6 de agosto se van a cumplir 42 años. Un verdugo mientras me toma las huellas me dice que me salvé, que me pusieron el PEN”. Néstor lo recuerda con alegría; “porque sentirse preso era estar en algún lugar, desaparecido en ninguno”.
Un lugar para la Memoria
El 23 de enero se promulgó la Ley 14.895 para que se disponga del inmueble de la calle Garibaldi 650 declarado bien de Interés Histórico Cultural de la Provincia de Buenos Aires.
El proyecto de ley fue presentado por la diputada Evangelina Ramírez; hizo la entrega del inmueble la Comisión Provincial por la Memoria para la creación del Sitio para la Memoria, Defensa y Promoción de los Derechos Humanos por 99 años. El predio será gestionado por un consejo conformado por tres integrantes de la Comisión Provincial por la Memoria, ocho del Colectivo Quilmes Memoria, Verdad y Justicia, un integrante de la Secretaría de DDHH. de la Provincia y uno por el P.E. del Municipio.
Viviana Buscaglia, secretaria del Colectivo nos cuenta: “Los organismos de DD.HH. siempre bregamos para que el Pozo fuera un Sitio de Memoria, nunca se pudo lograr hasta ahora”.
Nota para Taller de Producción Gráfica II Cátedra II — ISER-UNLP 2017–12/7/2017.
