Máximo exponente del Fi-Funk

Por Mario R. Baragioli

Desalineado, con muchos rulos, vestido “de elegante alcohol”; su música hace juego con todos los tapizados. Así, alardea en entrevistas de programas de radio Eduardo Guillermo Pantano, más conocido como Willy Crook. Embajador de su música entre el humo de un tabaco nacional (cada vez fuma menos) y un aperitivo en mano que toma para no arrastrar su discurso.

foto: gentileza Vuenoz.

El nivel de sutileza que maneja para responder a preguntas engorrosas sigue siendo impresionante. En cada reportaje que aparece, no hay que tomarse al pie de la letra todas sus ocurrencias e ironías. Facilidad para la tontería, con frases tomadas de títulos de films o de nobleza, invenciones como “Rulemánia -república privada”, nombre del disco y dvd grabado en vivo junto a su amigo el trompetista Gillespi.

Los Pantano vivían en Villa Gesell y al cumplir los doce, un tío le regaló una guitarra criolla en donde sacó Satisfaction de los Rolling Stones, con una sola cuerda. Después se fue Ibiza, luego a deambular por Barcelona, donde aprendió a soplar un saxo de caña de bambú. Cuando fue el momento regresó, y los años ochenta post dictadura lo atraparon en el under de Buenos Aires; reptando en circuitos subterráneos (Café Einstein, el Parakultural, Cemento) hasta dar con la grabación del primer álbum de Patricio Rey y sus redonditos de Ricota “Gulp!”, “Oktubre”; años 1985 y 1986, respectivamente.

“Sus canchereadas lo llevaron al neuropsiquiátrico Borda”, dijo Daniel Melingo, su amigo y productor discográfico en Página12. Crook podría haber sido un personaje increíble de cualquier novela de Kerouac. Simpático y expresivo, sonríe todo el tiempo y habla cuando no sabe qué decir. Las mujeres que pasaron por su vida, lo prefieren cantando, que no hable. Saber manejar los silencios es indispensable.

Colaboró con artistas nacionales como Charly García, Los Fabulosos Cadillacs, Sumo, Los Gardelitos, Riff, Andrés Calamaro, e internacionales como Rita Marley, Echo & The Bunnymen. En una entrevista con Norman Ramírez en Vomitados por Radio Zonica cuenta que, en 1999 fue telonero de James Brown en su visita a Buenos Aires; y se le infla el pecho cuando “la Mona Giménez de Georgia”, pidió conocerlo y le llevó sus discos. El moreno en su inglés nativo demandaba “gimme one track, one track”; casi desesperado y un poco loco.”

A partir de ese año, Crook forma su propia banda: Los Funky Torinos. Allí da rienda suelta al soul de Al Green; reversiona a Burt Bacharach con su guitarra, y “funkea” cantando únicamente en inglés. Considerado como referente de la música funk de Argentina se lo ve muy bien, como si el tiempo no pasara para él, ya tiene 51 años. Un artista que puede jactarse de haber construido un camino en la música sin ataduras.

En un reportaje de Dulces&Amargos, Nacional AM870, Willy cuenta que una morocha se acerca a la barra del Mamita Bar; espera su trago y le dice “no te hagas ilusiones, el mejor sexo lo tengo con tu música; con mi hombre”. Así como vino se va; Willy bebe un Martini y reflexiona sobre su música, que será como aquella crema fabricada; que cuando se apaga la luz pasan cosas, con efectos afrodisíacos... De hecho su estilo único lo ha bautizado “Fi-Funk”,
 un género musical que lo cautivó para siempre.

Nota para Taller de Producción Gráfica II Cátedra II — ISER-UNLP 2017–12/10/2017.

In memorian a Marcelo Marcolín; con quien compartí tardes de imprenta y de diseño gráfico.