Pink Floyd y la historia de The Great Gig In The Sky

Esta es parte de la historia de una canción espectacular, que forma parte de un disco histórico, casi único.


“The Great Gig in the Sky” es una canción de la banda inglesa Pink Floyd que fue publicada en Marzo del año 1973 dentro del famoso disco conceptual y octava placa en la carrera de esta agrupación, The Dark Side Of The Moon.

Hablar de Pink Floyd es hablar de calidad musical con letras mayúsculas, y es también hablar de una banda que no se dejó abrazar por las modas, ni quedar ciegos de manera repentina con el éxito y que siempre estuvieron dispuestos a ir más allá de lo que pedían los demás. Es que si hubiesen seguido pegados en los psicodélico, quizás se convertirían en los mas capos de ese género o simplemente aplastarian su fama a costa de melodías repetitivas y que pasarían a un olvido inmediato. Pero la historia hizo que siempre fueran arriesgados, y con The Dark Side Of The Moon decidieron emprender otra faceta, la del rock conceptual, para dejar de lado las letras metafóricas, de a ratos extrañas, y pasar a hablar claro y sin tapujos sobre el mundo. Además era el momento indicado para trabajar mano a mano con la mejor tecnología de estudio de grabación de esos años y empezar a experimentar con los nuevos sintetizadores.

The Dark Side Of The Moon es un disco memorable que habla sobre el mundo de hoy, sobre las competencias, sobre el consumismo, sobre el vivir día a día en una rutina eterna, y debe ser por eso que fue un éxito inmediato en todo el mundo. Llegó al primer puesto del Billboard y estuvo 803 semanas (casi 15 años) dentro de esas casillas, siendo así el álbum que más tiempo ha permanecido en listas de la historia.

Uno de los momentos épicos de este gran disco es cuando aparece en escena el piano de Richard Wright para dar inicio a su obra maestra: “The Great Gig in the Sky”. La historia de esta canción empieza en Junio del año 1972 en los famosos estudios Abbey Road, cuando el tecladista de la banda ensayaba una delicada pieza de piano que había escrito en sus ratos libres. La idea era enseñársela al resto de la banda con el fin de buscar alguna idea en conjunto para llevarla al disco que estaban preparando. La tarea no era fácil, pero poco a poco la banda fue tomando algunas ideas y decorando esa base de piano.

“La toqué y se acercaron a escuchar la canción. En ese momento a todo el mundo le gustó la secuencia de acordes. Tras eso, nos miramos las caras y nos preguntamos ¿Qué hacemos con esto?” recordaría Wright en Junio del 2003.

Una vez que tenían la canción hecha en su totalidad, Wright decidió poner una parte vocal, pero esta tenía que ser femenina, para darle un detalle especial a su creación. Para ello le pidió al productor Alan Parsons que hiciera algunos arreglos a la canción y que contactara a alguna voz femenina de su gusto personal. La elegida fue una cantante inglesa llamada Clare Torry, quien ya había trabajado con Alan Parsons años atrás, cuando este fue el productor de uno de sus discos con covers.


Una vez que la contactaron, Clare llegó al estudio y fue recibida por la banda y el productor. Charló con los músicos, escuchó la melodía, y entonces la cantante pidió la letra de la canción para ensayarla. Y ahí vino su sorpresa: tenía que improvisar!! … cosa que hizo. Y le salió extraordinario.

El guitarrista de Pink Floyd, David Gilmour, declaró en una entrevista:

“Habíamos estado pensando en invitar a Madeleine Bell o a Doris Troy, pero quede impactado cuando esta pequeña mujer blanca caminó al micrófono y empezó a cantar de manera maravillosa. Si bien le costó afinarse con el grupo, en todo ese proceso logró dar con ese sonido orgásmico que conocemos hoy y amamos por siempre”.