Ocaso

Al tocarte tu desnudez se pronuncia,

en toda su extensión

vida y recuerdos,

como sierpes rodeando la muñeca

que te escribe y sueña.

Muñeca perdida

tu blanca vulnerabilidad.

En cobijar la quietud,

simulacro de indiferencia

que tu voz ahoga en tenues sonidos.

Y, finalmente

en seguir los repliegues de tu alma,

huidiza y reacia a los versos.

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