Ocurrencias

Tú y tus

soberbios

rizos de prócer

áureo castaños

pendiendo

de tu frente,

cayendo

en mis manos.

Los descorro

de tus orejas,

al instante

se ensortijan

en ellas.

Rizos traviesos

como su dueña.

Es deleite

acariciar

su suavidad

mientras

tu mirada mansa

acaricia

mi espíritu.

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