Cosas raras de la vida, que ellos hacen en la otra vida.

Siempre he sido una persona sumamente escéptica, si me preguntan a qué le tengo miedo, sin duda voy a decir que le tengo miedo a la vida, no a las películas de terror, no a sufrir una abducción extraterrestre o a una ouija que me de mensajes de otro mundo. Sin embargo siempre hay situaciones que desentonan del día a día, que sacan de pedo pues. Acá van unas cuantas.

El globo

Tenía unos diez años y me encontraba en la casa de un primo localizada en Ixtapaluca, Estado de México. Para mí eso ya era estar en provincia, en fin; eran aproximadamente las diez de la mañana y nos encontrábamos jugando en la parte de atrás del fraccionamiento donde se encontraba un pequeño jardín para jugar fútbol, volar papalotes, etc. Mi primo estaba inflando un balón mientras yo miraba el cielo despejado y incliné mi cabeza a la izquierda logré ver a lo lejos un enorme globo color plateado, en verdad se veía muy muy lejos y sin titubear le dije a mi primo “Mira, checa ese globo, está enorme” todo sin quitar la vista de éste mientras mi primo batallaba por inflar el puto balón, perdón pero era muy inútil para inflar un mísero balón, mientras yo seguía tratando de llamar su atención hasta que mi paciencia terminó y le dije

“Güey, voltea, esa madre está muy rara”

Lo jalé para que viera lo que yo, ya no había nada, el globo se había esfumado. Mi primo le restó importancia a la situación y bueno, yo nunca supe qué fue.

La serenata

En una lejana y bella provincia tengo una prima que siempre se ha caracterizado por ser muy bella y tener muchos pretendientes, eso ya se acabó pues ahora tiene una hermosa familia, pero mientras no, siempre había algún patán intentando ganarse su corazón con algún truco barato, pero había uno en especial que llevaba la delantera, estaba cerca de completar esa hazaña de ligarse a mi prima.

Lo único que tenía que hacer es invertir en un buen mariachi y despertarla con alguna canción.

Nada del otro mundo, la misión era pan comido, mi prima caería a sus pies. Así que el gallardo caballero consiguió el mariachi, se plantó frente a su casa y empezó la romántica sinfonía.

Todo era cuestión de tiempo para que la chica saliera a darle besos

Pasaron dos canciones y no se veía ni un destello de luz dentro de la casa. Pero a la tercera canción un hombre rubio, sombrerudo y bigotón, con rasgos muy familiares, se asomó por la ventana para mirar fijamente al susodicho y sin hacer muchos aspavientos se retiró. El pretendiente no desistió, jugó todas sus cartas y esperó hasta la séptima canción para que saliera su amada y una vez más solo vio al hombre rubio, sombrerudo y bigotón frente a la ventana que lo desdeñó de la misma forma.

Al día siguiente mi prima salió de su casa para irse al trabajo y una vecina con toda la intención de saber la situación, preguntó ¿Y qué tal el gallo que le trajo el novio? Mi prima sin saber de qué hablaba contestó

¿Cuál serenata? estuve toda la noche aquí y nadie se apareció.

Días después el pretendiente fue a casa de mi prima exigiendo una explicación de la serenata frustrada si todo iba para bien; el tipo explicó la situación e hizo énfasis en el señor que se asomó y no hizo nada, mi prima sin mucha importancia sacó un álbum y señaló a su padre diciendo “fue a él a quien viste” El pretendiente afirmó con cierta indignación mientras mi prima preparaba una explicación coherente.

Él es mi papá y falleció cuando tenía cuatro años.

El tipo no quiso hacer más preguntas al respecto y se fue. Jamás lo volvió a ver. Seguramente se acordará de tan peculiar serenata y de la cara del que pudo haber sido su suegro.

Cierren la ventana

El señor que le rentaba el local a mi mamá falleció de un paro cardiaco provocado por una mezcla de pastillas azules y Red Bull.

Sí, literalmente le dio alas.

Y por ser endémicos de Atizapán de Zaragoza decidieron hacer el velorio en su casa, a lado del local que mi madre rentaba. Después de papeleos, flores, lágrimas, veladoras y demás, era hora de llevar el cuerpo al panteón para que fuera sepultado. La gente empezó a salir de la casa y pidieron a mi hermana que fuera a cerrar la ventana del cuarto en el que había fallecido.

Sin titubeos mi hermana entró al cuarto, ubicó la ventana hecha de herrería pintada de blanco, de esas antiguas, medio oxidadas y tomó la manija e intentó cerrarla sin mucho éxito, pues al parecer ésta se atoraba y necesitaba hacer presión para que se cerrara así que salió del cuarto y pidió la ayuda de un caballero para que sellara la ventana. Justo cuando entró al cuarto, observó que la ventana estaba cerrada y con el cerrojo totalmente colocado. Salió del lugar sin cuestionar nada al igual que el acompañante.

Día de muertos

Ya eran vísperas de pan de muerto, fiestas de disfraces, maquillaje y sangre falsa. Ese día llegué a mi casa por la noche con mi novia y una amiga, ellas se alistaban para pintarse de catrinas en la sala mientras yo ponía música desde mi cuarto, ésta se escuchaba por toda la casa, lo único que tenía que hacer era subir al segundo piso y cambiar de canción. Después de un par de canciones aburridas, subí a mi cuarto a cambiar de canción para poner algo más ad hoc para fiestar, y justo cuando llego a cambiar de canción logro ver por el rabillo del ojo una silueta blanca que pasa por la puerta de mi cuarto; pensando que había sido mi novia o su amiga, salgo del cuarto pero jamás vi nada.

Un par de minutos después subí nuevamente a cambiar la canción, pero esta vez, por el rabillo del ojo pude observar como la silueta blanca se detuvo frente a la entrada de mi puerta. Lo único que pude hacer fue seguir con la mirada fija en la pantalla y decir

No te estoy haciendo nada, vete de aquí.

Al día siguiente le comenté a mi mamá lo que me había pasado y ella muy despreocupada me comentó

Pasa seguido, la mayoría de las veces sale del baño y se va a la azotea. Yo puedo sentir como me recorre la espalda, pero ya me acostumbré.

Bueno, solo me quedó reír.

Saludos.

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