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¿Cuántas horas pasas al día en silencio?
¿Cuántas cosas realmente importante dices cuándo hablas?
¿Cuántas cosas te quedan por decir?

Me doy cuenta que en mi día a día voy guardando pequeños instantes, historias, chistes, molestias o simples observaciones que tengo para contarlas después. Rara vez tengo la oportunidad de expresarlas al momento, en ocasiones tengo suerte y las recuerdo cuando puedo hablar, y salen una tras otra, como una especie de verborrea mental, como cuando no comiste por horas y te sientan frente a un buffet.

Odio cuando se mueren, cuando las guardo demasiado para que aderecen el momento perfecto o que otras las reemplacen y no hayan existido en la voz (o al menos en letras). Recuerdo que de chiquita había muchas cosas que no podía decir o que simplemente los adultos no tenían tiempo de escucharlas, lo que hacía era escribir cartas, incluso antes de aprender a escribir hacía unos rayones y le decía a mi papá que tenía algo importante que leerle, como había una hoja de por medio él se sentía más obligado a prestarme atención y entonces le decía cosas tontas como que no quería que trabajara mucho o que lo quería.

Siempre he tenido la impresión de tener mucho que decir, cuando tenía 9 años le pedí insistentemente a mi maestra que me dejara contar un chiste en un día de clases (fue un fracaso total), tenía diarios que llenaba siempre de pensamientos, amaba ir a casa de mi bisabuela con mi abuela y sentarme con ellas a tomar café y hablar de muchas cosas.

Cuando mi hermano conoció a la que ahora es su esposa, antes de que nos la presentaran me enteré que existía y lo primero que hice fue comprarle un diario rosa con flores y dibujos, en esos combos feos que traen plumas, lápices y borradores, acompañé el regalo con una carta, con algo que según lo que recuerdo decía ¨No te conozco, sé que eres novia de mi hermano y me gustaría que fuéramos amigas, ¿quieres ser mi amiga?¨, ella aún recuerda el detalle y yo me pongo llorosa cada que lo recuerdo.

Cuál era o es mi necesidad de decir, no lo sé todavía, en algún punto creo que si no existieran los diarios (o los blogs) iríamos por la vida como las personas de edad avanzada ¿Han estado con una persona mayor en silencio? Los reto a encontrar a algún abuelo y no tener de qué hablar, a no sorprenderse de las mil historias que puede contar, hay incluso asilos que lanzan campañas para adoptar un abuelo, no en una cuestión económica, sólo para ir, sentarse con ellos y platicar.

Con tanto que decir y tanto que escuchar.