Problemas de sillas
Julia, sentada en su improvisado escritorio en aquel departamento monoambiente, entra a su Twitter desde su tablet como hace todas las mañanas, mientras disfruta de su taza de café batido. Viajó mentalmente un poco más de mil kilómetros al recordar que “es día de la convención liberal”, se dijo para sí con cierto desdén, porque le hubiera gustado estar ahí, cubriendo la noticia del momento, como todos los fines de semana hacía, en su época de pasantía en Última Hora. Y el desdén viene porque ahora vive en Buenos Aires, fue beneficiada con el tercer llamado del programa de becas Carlos Antonio López, ahí estaba ella haciendo patria desde tierras no tan lejanas, pero en ese momento de su ritual de lectura digital acompañada del desayuno yorador, al son de Hey Jude, una de sus canciones favoritas del cuarteto de Liverpool. Sus compañeras de cuarto no podían entender porqué era tan mecánica, tan cuadrada a esa hora de la mañana, ella todos y cada uno de sus días de residencia les responde lo mismo: “Es mi forma de conectarme con el mundo y despertar alegre ¡déjenme en paz!”. Siente ganas de seguir el tema, y hace una pausa para leer la columna de opinión de Boccia, con quien desde siempre tuvo diferencias ideológicas, pero dentro de todo es lo más acertado que leyó sobre el tema. No puede evitar citar por completo el penúltimo párrafo
Hoy todo es confuso. El país está roto entre los que están a favor o en contra de la enmienda. A los primeros los acusan de ser cartistas y a los otros de anticartistas, aunque las cosas están lejos de ser tan simples. La imposibilidad constitucional de la reelección unió repentinamente a interesados que están en las antípodas políticas, fumigó con amnesia antiguas traiciones y convirtió a las ideologías en fútiles adminículos. Cuando el Paraguay se divide entre dos grupos surrealistas, el análisis político se complica. Es imposible diferenciarlos por el color de sus banderas. Hay colorados y liberales en ambos sectores. La ideología no ayuda: hay zurdos y fachos de ambos lados. Ni siquiera el pasado reciente sirve: lo de golpistas o antigolpistas se volvió anacrónico: los hay en las dos partes.
“Es una de las pocas ocasiones en que le doy la razón a Boccia”, pensó para sí. Siguió en su ritual digital al son de sus queridos Beatles, marcado al compás de los sorbos del café caliente cuando de repente se encontró con algo que llamó su atención…
No le extrañó. Pero como no estuvo ahí, no hizo su añorada cobertura, no pudo dar su versión, no pudo informar, tampoco recordar lo que había pasado el año anterior…
Caso similar este año…
Le causó un poco de risa, y al son de uno de sus álbumes favoritos de su adolescencia, no pudo evitar cambiarle la letra por sillas van, sillas vienen…
Aparentemente, cada año una obra similar, con actores de reparto distinto, en ocasiones por falta de presupuesto, surge algún fugaz talento. “Bah, es demasiado temprano y muy sábado para tener mal humor”, se dijo, por lo que viajó nuevamente a sus dorados años de secundaria y conciertos, entonces se le ocurrió que

Una regla de oro que se repitió, tanto el año anterior, como en este, según su zombie forma de pensar a las 8 de la madrugada o casi 9, fue que

Y que, probablemente, solo probablemente, existe una mínima posibilidad que

“¡Basta Julia!, te estás yendo por las ramas otra vez”, se reprendió y dejó de indagar el tema. La tranquilidad retornó a su cuerpo, para saborear esos tres últimos sorbos de café que quedaban en su taza blanca con motas naranjas y verdes. Y sobre el tema, no pudo hablarlo con nadie más, porque sus compañeras de habitación habían salido bien temprano a Avellaneda a cazar algunas ofertas. Y continuó hablando sola, y se dijo

