El ritual.

Cada noche, cuando ya todos están dormidos, ella se acuesta sobre su cama, con todas las luces apagadas y la puerta bien cerrada, pone un poco de música instrumental y comienza, lo que se ha convertido en, su pequeño ritual.

El ritual consiste en acomodar dos almohadas a su lado que pretenden formar el cuerpo de un hombre, de “él”, pone la cobija sobre ambos, apoya su rostro sobre la almohada que se encuentra a su lado y cierra los ojos, es ahí donde comienza la magia.

Al levantar su rostro, sin despegarlo mucho de la almohada, puede ver aquellos ojos que brillaban cada vez que la veían, escuchar esa risa contagiosa que la hacía volar cada vez que sonada, sentir su piel cálida abrazarla, oler ese perfume que la hacía sentir que estaba en su hogar, sentir y escuchar la mejor melodía que existía en el mundo, el latido de su corazón mientras se recostaba sobre su pecho, poder probar el dulce sabor de sus labios, y sentir como sus manos la recorrían como si conectaran los puntos de un mapa o de uno de esos juegos de dibujar para niños.

En estos encuentros ella toma el tiempo que tiene para platicarle todas las cosas nuevas que hay en su vida, de sus planes, de sus victorias y derrotas, y se imagina que él, de la misma forma, le platica sobre la suya, y ¿cómo culparla? ¿de que sirve que tu vida vaya en el mejor camino si no puedes compartirla con la única persona que hace a tu corazón latir?

Quizás todo esto les suene un poco enfermo, ella sabe que tal vez lo es, pero esta es la única forma en la cual ella puede sonreír de la forma en que solía hacerlo, de la forma real.

El único secreto de este ritual es no abrir los ojos, si se abren los ojos a la mitad del “juego” y se encuentra que está en verdad sola en una cama con dos almohadas a su lado, se puede escuchar como su corazón se rompe un poco más, y bueno, esto pasa cada noche, ya que es imposible no abrir los ojos en algún punto con la esperanza de que él esté ahí regresándole la mirada, que sea su pecho lo que hay debajo de su rostro y que sea su corazón el sonido que suavemente inunda su cuerpo, pero no lo es, nunca lo es.

Al momento de abrir sus ojos todo cae en silencio, han pasado minutos, a veces horas desde que los cerró, la música que se encuentra en el fondo suele ya haber terminado de tocar, y se encuentra congelada, y llena de lágrimas, quizás mientras sueña en vida hay parte de su ser que nunca cree la mentira que su imaginación ha creado y llora al ver como ella sigue destrozándose aún años después de que el se fue.

Ha de ser muy difícil estar a kilómetros de distancia de aquella persona que amas, principalmente si esa distancia no solo se refiera a la física sino a la emocional, sabiendo que aunque se encontrara un camino de regreso a él, esa persona no querría tomarla en sus brazos y abrazarla fuertemente ni hacerla reír por horas como solía hacerlo. Y es que lo que en verdad rompe el corazón es que la realidad nunca será como el juego.

Y ¿por qué reabrir la herida una y otra vez? esto parece una tortura, revivir perder al amor de su vida cada noche con un solo abrir de ojos, quizás poder volver a sentir el calor de esa persona o escuchar un “te amo” salir de sus labios vale todo el dolor de recordar que no está ahí, que no puede llamarlo a media noche para decirle como se siente, ni tomar su mano cuando se siente asustada, que no importa cuantos encuentros haya, nunca más existirá uno real, que la única verdad es que el se fue y que ni siquiera le pasa por la mente regresar.

El ritual seguirá, ella ha encontrado una forma de sentirse viva aunque sea solo por un rato, tristemente esto le está succionando la vida, poco a poco volviendo su corazón una pila de vidrios rotos que, en algún punto, ya no podrá unir. Quizás esto la mantenga sana por un rato, visualmente curada de la melancolía que parecía acecharla siempre pero, al final, y estoy segura de que ahora comprenden las razones de mis últimas palabras al respecto, esto terminará por quitarle la vida, quizás así para ya no tener que abrir los ojos y nunca dejar de verlo, nunca tener que vivir en ese silencio congelante de las noches sin él.