El amor y las estadísticas.

La concreción del amor se ve amenazada por una tremenda minoría estadística. Analicemos. Pero primero, abráceme.

Las probabilidades acechan constantemente en contra del amor ideal y de las almas gemelas, en cada rincón.

Debe saberse:

El amor demuestra, a leguas de distancia, dos grandes mandamientos: 
Uno sera el que siempre amaremos a quien no nos ama. 
El otro demuestra que siempre nos amara aquella persona que no amamos.
Cuando el equilibrio entre esos dos opuestos negativos se balancea. Entonces ahí y solo ahí, se comerán perdices, se desearan futuros y se creara esperanza.

¿Magia? dirá usted.
No, mi estimada.
Es un reto constante, mantener ese equilibrio en los tiempos que corren, 
-déjeme suspirar un poco-:
Es un desafío de características titanicas.

Igual no pierdo las esperanzas, quiero convencerme también, que el amor no se trata de meras estadísticas.

Después de todo, Mark Twain decía:

“Hay tres clases de mentiras: Las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas.”

Tal vez la destreza real, entonces, se encuentre en conjugar correctamente el no-verbo: La palabra Amor
Donde quiera que fuere, sea el entorno que nos rodee, sin importar el pasado y valorando el futuro.

Priorizar el amor. Priorizarnos los dos, en conjunción.
Y que afuera se caiga el mundo.

En el medio de unos disturbios en Vancouver (Canadá) una pareja se besa. El protagonista, mas tarde declaró: “-Lo único que hice, fue intentar calmarla…”
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