Cicatrices en la frente

Mami sabe de discriminación, llegó a Costa Rica como hija de una ideología enemiga y la expulsaron del país, desde niña le dijeron que no pertenecía.

Papi sabe de discriminación, lo adoptó una familia obrera comunista cuando apenas tenía horas de vida, creció como el chico adoptado y de apellido distinto de los comunistas del barrio.

Pero mami y papi también saben de orgullo.

Familia orgullosa | Marcha de la Diversidad San José 2017 (Costa Rica)

Los dos supieron levantar su frente marcada por las etiquetas que otros les impusieron, marcas tan fuertes que tardaron en cicatrizar.

Estudiaron, trabajaron, sufrieron derrotas y victorias. Se enfrentaron a los dedos y recriminaciones de extraños cuando decidieron formar una familia siendo jóvenes y luego volvieron a enfrentarlos cuando decidieron separarse. Todas las heridas encima de las viejas.

Pero no bajan la mirada, el orgullo se las mantiene arriba.

Su primer gran orgullo nació en 1987 — cuando aún eran unos chiquillos asustadizos — y así se hicieron adultos de golpe, con más heridas en la frente. El segundo llegó en 1989, la tercera en 1993 y el Peque en el año 2000.

Y por cada uno los han señalado: que Mario es disperso e hiperactivo, Marco Adrián es demasiado afeminado, Adriana tiene demasiados tatuajes y Andrey es de aprendizaje alternativo, ¿en qué fallaron los papás?, ¿dónde estaban?, ¿qué no hicieron?, ¿cómo lo permitieron?, ¿qué clase de padres son?

Bueno, no es que les deba explicaciones pero mami y papi son amor. Ambos han tenido que aprender mil cosas de mundos desconocidos para acompañarnos en nuestras carreras, vidas, entender y acompañarnos en lo que hacemos.

Escuchan la música que componemos, leen los reportajes que publicamos, ven nuestros trabajos en televisión, aprenden de nuestros reportes científicos, se tatúan lo mismo que nosotros, sufren con nuestros exámenes, adoptan nuestros problemas y celebran nuestras alegrías.

Orgulloso de mi familia diversa

Mami y papi tienen que vivir cinco vidas al mismo tiempo y lo hacen con amor a pesar de todos los dedos, los susurros, las miradas, las recriminaciones, las etiquetas, las cicatrices, las preguntas y las risas de la ignorancia ajena.

Para mami y papi es valioso que Marito camine a su ritmo, que yo me vista como quiera, que Tita se pinte lo que sea y que el Peque aprenda a su manera, pero lo más importante es que los cuatro amemos con libertad, seamos felices y caminemos con orgullo siempre al lado del otro.

Los seis somos hijos de la diversidad, una diversidad que va mucho más allá de sexualidad, raza, género, creencias, nacionalidad y personalidad.

La vida hizo que mami y papi aprendieran de la discriminación, y mami y papi se encargaron de que nosotros vivamos con orgullo.