Amar el caos.

Con tantos proyectos inconclusos, planes rotos, arrepentimientos, errores, logros no esperados, improvisaciones y cambios súbitos con los que me he visto enfrentada, mi vida ahora parece un edredón con parches por aquí y por allá que solamente sirven para cubrir y tratar de embellecer todo el desastre y caos al que llamo mi historia. Nada de elegancia ni gracia le queda a lo que en su momento fue un canvas en blanco, limpio y ordenado.

“This is what a city is, bits and pieces that supplement each other and support each other (…) Intricate minglings of different uses in cities are not a form of chaos. On the contrary, they represent a complex and highly developed form of order.” J.J.

Encontré esta frase en un libro que, aunque nada tiene que ver con autosuperación o amorpropio, resume lo que soy y lo que a veces me cuesta aceptar y amar de mi misma: Soy un desastre. Soy la unión de todos esos errores, victorias, alegrías y errores vueltos a cometer que he tenido en mi vida. Mi historia ha estado lejos de seguir un plan establecido y aún más de ser un conjunto ordenado de sucesos que culminan en el cumplimiento de metas predefinidas. Aunque me gusta hacer listas y planes, nada en mi vida termina funcionando de manera metódica y ordenada.

Contrario a mi vida, mi carrera se basa en la jerarquización de necesidades para una resolución justa, ordenada y exitosa de un problema de diseño… Si tan solo mi vida fuera tan fácil de planificar y diseñar como un hospital o un complejo residencial. Pero supongo que así como es de idílico pensar que se puede diseñar y predeterminar un plan cuadriculado de como queremos que se desarrolle una ciudad y esperar que este funcione a la perfección sin ninguna falla; es igual de idílico pensar que mi vida pueda o deba seguir un patrón definido, sin esperar que este varíe eventualemente o se transforme por completo.

Me parece interesante como la ciudad es un reflejo exacto de como funciona la vida misma. Cada decisión tomada, sin importar su resultado, es una pieza más de historia que en conjunto terminan formando un enorme desorden funcional.

La ciudad es donde hacemos vida, es un claro reflejo del tipo de vidas que la impactan a diario. Una ciudad desordenada y caótica es sin duda el reflejo de una sociedad perdida, estresada y asustada, probablemente de si misma. Aún así, es una ciudad que funciona y que a diario se mueve y se transforma. Y que sí está en constante cambio es por que estas mismas vidas se lo exigen. No será glamoroso ni bien estructurado pero así es como sucede en la vida real, fuera del papel y para el pesar de los planificadores urbanos, hasta cierto punto está fuera de su control.

Puedo decir que no me gusta como se ve esa calle llena de pequeñas tiendas de conveniencia que solo ayudan a empeorar el tráfico, pero sé que desde que aparecieron, esa calle se siente más segura porque existe una mayor afluencia de personas que antes no existía. Y que de igual forma puedo odiar el hecho de haber terminado con ese trabajo de la manera más amarga y resentida pero admito que fue eso lo que me hizo ser más determinada y lo que me ayudó a forjar el tipo de profesional en el que me quería convertir. Estos hechos por separado son menores a lo que la suma de sus partes representa. La existencia de uno es consecuencia de otro y no solo se autovalidan sino que uno aumenta la importancia del hecho consecuente.

Los hitos que hacen más interesante una ciudad y una vida, suelen ser todos aquellos que no se planearon. Las decisiones improvisadas o tomadas por pura necesidad terminan dándole mayor caracter y belleza a una historia. Tanto la vida como la ciudad en desarrollo, son entes complejos y cambiantes. No son tan atractivos a la vista desde todos sus ángulos y son muy dificiles de predecir. En encontrar la belleza que existe en estos procesos está la clave para disfrutar y apreciar quienes somos, como persona y como sociedad.

Así como Jane Jacobs encontró la belleza de vivir en este complejo tipo de orden… en este caos ordenado, yo puedo encontrar la belleza de ser un completo desastre.

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